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Un seguro de salud: la amistad entre mujeres

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Aleah Chapin, «The Last Droplets Of The Day», 2014

El feminismo implicaba, y aún hoy con sus diferentes expresiones, una carrera de fondo. Una singular lucha que busca provocar una acción colectiva; como en aquellos grupos de conciencia que acumulaban tantas horas como ilusiones. Provistos de la misma habilidad para llegar a acuerdos, como para crear insólitas discusiones, pero siempre ávidos de más tiempo. Las mujeres de los años 80 que salían y entraban desde sus facultades, o desde sus oficios, para formar parte de estas reuniones, estaban seguras de pertenecer a un movimiento social emancipatorio, a la vez que padecieron los enormes costes de romper con la presión de conformidad, al negarse a aceptar aquellas falsas identidades del mandato de género, prefiriendo asumir nuevos retos en  sus respectivas vidas.
Esas jóvenes, hoy ya no lo son. Lograron afrontar grandes dilemas en sus biografías, especialmente cuando su trabajo consumía horas que no dedicaban a su familia. El ejercicio del cuidado ni se reconoce, ni se distribuye, pero agota a quien lo asume. Y aquellas que se rebelaron soportaron la paradoja de toda transgresión: convivir con la afilada culpa que amenaza con desfigurar el resto de las actividades diarias.
El tiempo es un cronómetro sin concesiones: 24 horas diarias. Destinar tiempo para nuestras relaciones con otras mujeres, con amigas, novias, compañeras de oficio, de pensamiento o de militancia feminista debería ser considerado la mejor inversión para nuestra salud. Según un informe sobre envejecimiento si bien la enfermedad se mide a través de indicadores objetivos, la percepción subjetiva de la salud es decisiva para mantener una sensación de bienestar.

Las mujeres de más de 75 años se perciben más cansadas, en un 39,7%. Con una diferencia de 9 puntos con respecto a los hombres, que suponen un 30,6%

Pues bien, las mujeres de más de 75 años se perciben más cansadas, en un 39,7%. Con una diferencia de 9 puntos con respecto a los hombres, que suponen un 30,6%; En el mismo estudio, vivir solas es una situación común para las mujeres. Por citar un único año, en 2011, 1.279.488 eran hogares unifamiliares femeninos. Ellas tienen la tarea de levantarse diariamente, organizando sus mañanas o sus tardes, dependiendo de su habilidad para crear nuevas relaciones, o de su capacidad para mantener viejas amistades. En cambio, a los hombres mayores no les ocurre lo mismo, sólo 429.700 vivían solos; disparidad de cifras que no se explica a causa de la mayor esperanza de vida. Como insiste María Ángeles Durán: las mujeres envejecen con menos recursos humanos y materiales. Es cierto, siguiendo la misma fuente, hombres de más de 65 años viven en pareja, y sobrepasados esos años, es su cónyuge o compañera quien les cuida; en cambio, las mujeres en su mismo tramo de edad son atendidas por sus hijas, u otros familiares. Lo que remite a la condición de divorciadas, o separadas que, en demasiadas ocasiones, deriva en un celibato afectivo y sexual. En cuanto a las pensiones, y sin entrar en el discriminatorio complemento por maternidad en el caso de jubilación, aprobado en 2016 con el Plan de Apoyo a la Familia, conviene no olvidar que del total de los 2,3 millones de pensiones de viudedad, el 92% corresponden a mujeres viudas, cuya mísera cuantía es de sobra conocida.

Del total de los 2,3 millones de pensiones de viudedad, el 92% corresponden a mujeres viudas, cuya mísera cuantía es de sobra conocida

Todas las relaciones personales son beneficiosas, pero sobre todo, como apuntan recientes estudios de envejecimiento saludable, especialmente aquellas con las que se compartían gustos, o aficiones. En suma, quienes te conocen bien, quienes forman parte de tu memoria, logrando el goce del mutuo reconocimiento. Evitar volcarse en lo ajeno, ejerciendo de abuelas incondicionales, olvidando lo propio hasta descuidar el patrimonio que representa las amistades femeninas, es hoy más urgente que nunca. Nuestro bienestar futuro depende de colocarnos en un primer plano, pero esta vez libres de culpa, porque de algo ha de servir el aprendizaje de cumplir años.
 

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