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BEATRIZ

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Hace unas semanas una mujer sufrió una brutal violación en Igualada. Varias jóvenes han sido agredidas sexualmente en Zaragoza con sumisión química. El pasado viernes, fue asesinada otra mujer en Valencia. En Aragón, en torno a 12.000 mujeres mayores de 65 años sufren violencia de género, según un informe elaborado por el Instituto Aragonés de la Mujer en 2018. Más de un 20% de hombres de 18 a 30 años no cree que exista la violencia de género, pese a que 6 de cada 10 jóvenes dice conocer algún caso, según el II Macroestudio de Violencia de Género “Tolerancia Cero”. Cifras, datos, estadísticas…

He llegado a un punto de mi vida en el que necesito parar, reflexionar, pasar el duelo y sosegar la información. Me he dado cuenta de que estamos, de que estoy, anestesiadas ante la violencia de género. Las asesinadas se han convertido en un cuentakilómetros que se activa cada primero de enero y 365 días después, vuelta a empezar. En el mejor de los casos, tienen nombre y apellidos el día que dejan de existir a manos del machismo criminal, y en el peor, ni eso. Sus asesinatos pasan por delante de nosotras como una estadística más que engrosa décadas de mujeres que han perdido su vida como consecuencia de esta peste mundial llamada misoginia.

Hace días que no soy capaz de hablar de violencias, de nosotras, de los estigmas que el patriarcado marca a través de su diversidad de violencias sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas desde que nacemos. No he podido hablar de la chica que sigue ingresada después de una brutal violación en Igualada. Ni de las jóvenes, que ya se cuentan a decenas, de zaragozanas que han sido violentadas a través de la sumisión química. Ni de mis amigas que han sufrido sexting, violencia psicológica y el estigma social de haber sufrido las violencias citadas anteriormente. No puedo hacerlo porque siento que el patriarcado ha atravesado sus vidas con la mayor voracidad posible pero la sociedad no estamos siendo capaces de dimensionar realmente el fenómeno. Hablamos de las más de mil mujeres asesinadas en las dos últimas décadas en nuestro país, pero no tengo la certeza de que sepamos dimensionar lo que implica que tengamos mil asesinos de mujeres en el mismo tiempo.

Pero, sobre todas las cosas, no soy capaz de hablar de ellas porque no hay ellas. La pérdida de identidad que sufren las mujeres violentadas y asesinadas es ensordecedora. Y no quiero hacer un canto a la frivolidad. Soy la máxima defensora de los principios de protección, seguridad y cuidado de las víctimas, pero la violencia que sufren las mujeres no se limita a la mano de los agresores, sino también a la acción, e inacción, de un orden social que establece el valor que las vidas tienen en su seno, y la de las mujeres es sustancialmente inferior. La sociedad ha decidido que nuestras vidas no tienen valor, y la pérdida de identidad que sufren las mujeres agredidas y asesinadas es su máxima expresión.

Necesito que seáis alguien, que tengáis identidad propia, que no seáis un dato, una estadística más, sin nombre, sin memoria, porque lo que no se nombra, no existe, o termina dejando de existir. Tengo la necesidad de humanizar a las víctimas, que dejemos de ser las idénticas de las que hablaba Celia Amorós, para convertirnos en las iguales, para vivir en el seno de un sistema que nos sitúe en el centro.

No basta con enunciar la violencia, con repetir soflamas arquetipo. Hay que conceptualizar bien para politizar correctamente, citando nuevamente a la maestra Amorós.

Si mañana soy yo, si mañana no vuelvo, destrúyelo todo. Si mañana me toca a mí, quiero ser la última”. Así rezaba una pancarta que compartía mi prima pequeña en su Instagram. Que no sea ella, que no sea ninguna más. Que los esfuerzos se centren en la prevención, que no tenga que actuar el Código Penal, porque se llega a él cuando todo lo demás ha fallado, y que la memoria de las mujeres que a lo largo de la historia han sido agredidas, violentadas y asesinadas sirva de herramienta pedagógica, no desde la condescendía o desde la frivolidad, sino desde el firme convencimiento de que exigimos para ellas una memoria, una justicia y una reparación reales.

Hace unos días fue una chica en Igualada. El viernes, una mujer en Valencia. El pasado fin de semana, cinco jóvenes en Zaragoza. Pudieron ser nuestras hermanas, primas o amigas. Quizás Beatriz. Cualquiera de nosotras.

Para decir “Ni una menos”, y que éste no quede como un eslogan vacío, hay que erradicar todas las violencias sexuales que sufren las mujeres, y la cultura que origina y sostiene la violencia sobre todas nosotras.

 

1 COMENTARIO

  1. “Advierto que, Facebook me imputa que mis comentarios infringen sus Normas comunitarias, restringiendo mis publicaciones, no obstante publicar, el suscripto, consideraciones sobre reales situaciones”.
    a) {Hace unas semanas una mujer sufrió una brutal violación en Igualada. Varias jóvenes han sido agredidas sexualmente en Zaragoza con sumisión química. El pasado viernes, fue asesinada otra mujer en Valencia. En Aragón, en torno a 12.000 mujeres mayores de 65 años sufren violencia de género, según un informe elaborado por el Instituto Aragonés de la Mujer en 2018. Más de un 20% de hombres de 18 a 30 años no cree que exista la violencia de género, pese a que 6 de cada 10 jóvenes dice conocer algún caso, según el II Macroestudio de Violencia de Género “Tolerancia Cero”. Cifras, datos, estadísticas…}
    Pues el poder del perverso paranoico poder mundial globalizado patriarcal actúa sobre las masas, invadiéndole la psique con el temor de angustia, incapacitándola de suprimirla, por medio de una reacción adecuada, tal un peligro procedente del exterior, precipitándola en la irreversible neurosis de angustia endógenamente nacida. Las masas se conducen así, como si proyectasen dicha excitación al exterior. El temor y la neurosis correspondientes se hallan en íntima relación, siendo el primero la reacción a una excitación exógena, y la segunda, la reacción a la excitación endógena análoga.
    b) {Necesito que seáis alguien, que tengáis identidad propia, que no seáis un dato, una estadística más, sin nombre, sin memoria, porque lo que no se nombra, no existe, o termina dejando de existir. Tengo la necesidad de humanizar a las víctimas, que dejemos de ser las idénticas de las que hablaba Celia Amorós, para convertirnos en las iguales, para vivir en el seno de un sistema que nos sitúe en el centro.}
    Pues, al perverso poder mundial del narcisista paranoico transexual patriarcado le falta el criterio de la verdad y en el fondo no hallamos en el perverso paranoico poder mundial globalizado del patriarcado, sino lo que necesita, ni verá más de lo que quiera ver en su irresoluble perversión no sublimada. Y como al perverso paranoico narcisista poder mundial patriarcal le falta el criterio de la verdad, le es indiferente la coincidencia con el mundo exterior donde ejecuta su impune y genocida accionar, hoy, en la globalización.
    Mi Femeninologia *Ciencia de lo femenino es la serie de configuraciones que con mi conciencia voy recorriendo constituyendo, más bien, la historia que desarrollo en la formación de mi conceptualización. Es decir, una suerte de escepticismo consumado, que en realidad sería, el propósito de no rendirme, a la autoridad de los pensamientos de otro, sino de examinarlo todo por mí mismo ajustándome a mi propia convicción; o mejor aún, producirlo todo por mí mismo y considerar como verdadero tan solo lo que yo hago.
    Hoy, como ese infante entre los 4 a 5 años adaptando mi pensar en la realidad, interpretando mi actividad onírica.
    El sentido y la verdad del feminismo (la mujer) es absolutamente la derrota del varón; perverso irresoluble y ambiguo sexual.
    Correspondería que, quienes se adjudican representar el psicoanálisis en el orden mundial y
    local, evaluar el proceso iniciado al comienzo del año 2020 en el programa del poder global del patriarcado sobre la masa planetaria en el Siglo XXI.
    Buenos Aires
    Argentina
    9 de diciembre de 2021
    Osvaldo V. Buscaya (OBya)
    Psicoanalítico (Freud)
    Femeninologia *Ciencia de lo femenino

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