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La indecencia de las guerras

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Hace unos días me llamó la atención un post de un grupo de Facebook donde se citaba una frase de Bukowski que decía: “Me gustan las putas porque son más decentes. No mienten, siempre exhiben lo que son. No engañan. De ninguna de ellas he recibido traición. Al contrario, hablan, actúan con verdad. A las que temo es a las mujeres “buenas”, “decentes”. Pues, para salvaguardar su decencia, son capaces de las peores indecencias

La “verdad” que Bukowski prefería creer era que a las mujeres prostituidas les resultaba grata su compañía, cuando en realidad no tenían más remedio que aceptarla; porque si no, muchas de ellas no le tocarían ni con un palo.

La “verdad” que Bukowski prefería creer era que esas mujeres no fingían con él sus orgasmos y sentían placer con su “potencia sexual” cuando lo que normalmente debían sentir por él era asco, como por cualquier hombre no deseado que las estuviera violando por un precio.

La “verdad” que Bukowski prefería creer era que había lealtad en la sumisión de pago a la que se veían obligadas las mujeres prostituidas.

Lo que además nos revela la cita de Bukowski es que este empleado de correos y escritor era uno de tantos misóginos que vinculan la decencia y la indecencia exclusivamente con las mujeres.

En fin. Respondí con una entrada en la TL de dicho grupo que decía:

“Claro que son más decentes…que cualquier hombre que pague para prostituirlas. No hay mujeres indecentes. Lo que puede haber es mujeres pobres. Además, la decencia es tener en cuenta los sentimientos de las demás personas y respetarlas. Para hablar de indecencia hay que mirar dentro del grupo de los hombres”.

Como comprenderán, muchos hombres se hicieron “casi” el harakiri ante esta afirmación. Lo que me supuso una larga cadena de post para contestar a gente airada. Hasta que, sabiendo como sé que no es posible convencer a los hombres de que sus privilegios suelen comportar conductas indecentes -al menos hacia las mujeres- lo dejé estar.

Pero ayer, leyendo en El País un artículo sobre las violaciones como arma de guerra en Ucrania (aunque obviamente vale igual para cualquier otro país y conflicto bélico), me sobrevino una gran indignación pensando, justamente, que esa noticia revelaba una indecencia casi en exclusiva atribuible a los hombres: Las guerras y las violaciones de guerra. Y, como una cosa lleva siempre a otra, he recordado a aquellos hombres que entre sus argumentos para intentar justificar los injustos privilegios de que gozan, nos dicen “es que vosotras no vais a la guerra”. Como si la guerra no entrara en la vida de las mujeres, en sus casas y en sus cuerpos con la mayor brutalidad.

¿O no es acaso una lucha titánica la supervivencia de toda la familia y la de ella misma en tiempos de guerra? Encontrar qué comer, dónde guarecerse, recorrer cientos -a veces miles- de kilómetros cargando con sus padres y madres, con sus hijas e hijos, y con todos los enseres que intenta conservar ¿no son acaso batallas brutales libradas cada día? ¿No sufren hambre, miedo y desesperación por sus seres queridos y por ellas mismas? ¿No se las hiere en cuerpo y alma cuando las violan, las bombardean o las matan sin siquiera disponer de nada para defenderse? Pero, claro está: Esa es “la guerra de las mujeres” y, como en tantas otras cuestiones, no cuenta para los hombres. Mientras los hombres mueren en los “gloriosos” campos de batalla, las mujeres mueren en ignoradas cunetas o en sórdidos sótanos.

De la misma manera, mientras los soldados que vuelven heridos del frente son tratados como héroes, las mujeres violadas en las guerras son consideradas unas marginadas. Como si se les echara en cara no haber resistido lo suficiente a hombres que, además, iban fuertemente armados. Como si se les echara en cara no haber muerto. Y esa es la razón por la que nunca conoceremos la auténtica dimensión de las violaciones de guerra, ya que muchas mujeres prefieren no decirlo para no soportar el estigma social. Es la ley del silencio que impone el Patriarcado a las mujeres, haciéndoles creer que -tanto en tiempos de paz como en tiempos de guerra- las agresiones sexuales que realizan los hombres son responsabilidad y culpa de las mujeres.

Seguro que a estas alturas se preguntarán qué tienen que ver las víctimas de la guerra con la decencia a la que se refiere Bukowski al principio de este artículo. Pues mucho. Porque de lo que estoy hablando es de la indecencia en general y de la indecencia de las guerras en particular.

Y las mujeres que se encuentran en prostitución (recordemos que se estima entre un 80-90% las que de ellas, son víctimas de trata), viven cada día una guerra violenta, cruel e ignorada en la que se las viola, se las tortura, se las humilla y se las somete. Pero, como ocurre en el caso de las mujeres en las guerras “oficiales”, se las estigmatiza a ellas en lugar de a sus violadores.

las mujeres que se encuentran en prostitución, viven cada día una guerra violenta, cruel e ignorada en la que se las viola, se las tortura, se las humilla y se las somete.

Y por eso le diría a Bukowski una verdad que sí es auténtica: que las mujeres prostituidas son mujeres decentes víctimas de la indecencia de los puteros. Esos que, armados con unos pocos euros o dólares, se creen con derecho a violar a las mujeres que necesitan desesperadamente el poco dinero que les dan. Dinero muy caro, demasiado caro de obtener, por cierto.

#NoALaGuerra

#AboliciónProstitución

#SeñalaAlPutero

 

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