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Escribe una en Twitter: “El terfismo es también el cementerio de la imaginación: la incapacidad absoluta de contemplar una realidad diferente a la aprendida, la inhabilidad de aceptar lo divergente, la negación de los mundos posibles, la estrechez del pensamiento y la ausencia del corazón”.

Mon dieu! Menudo nivelón tiene la tuitera…

Pues aclaro:

  • Yo no me contento con “la divergencia” de unas pocas “elegidas”: Elsa Ruíz, Samantha Hudson, Elisabeth Duval, Carla Antonelli, Paul B. Preciado, etc. Yo creo que cada uno de los casi 8.000 millones de humanos que habitamos el planeta somos diferentes y, por lo tanto, divergentes. Es más, creo que hay que promover la rebeldía, la disconformidad, o sea, la verdadera divergencia, no “la multiplicación paródica de los géneros”.
  • Mis ideas de mundos posibles son mucho más radicales y liberadoras y me parece muy cutre lo de reducir “los mundos posibles” a que exista un ser con barba y tacones u otro ser que dice ser hombre “embarazado”….
  • Aunque, por supuesto, acepto que cada cual se vista, se peine, se maquille, se piense, se sienta, se autoperciba, se presente como le dé la gana.

Siempre, claro está, que no perjudiquen a otras personas. Ese es el quid por el que rechazo el proyecto de ley trans y los protocolos trans implantados en los centros escolares:

  • Convierten el género –nuestra opresión- en una elección, una identidad y/o un sentimiento de carácter individual, no estructural.
  • Y si es electivo ¿qué sentido tiene luchar contra él? ¿no te gusta el que “te asignaron”? Cámbiate a otro. La lucha feminista carece, pues, de sentido.
  • Al confundir (sustituir, equiparar) sexo y género impiden que se conozcan los datos reales de marginación, pobreza, paro, déficits sanitarios etc. que sufren las mujeres.
  • Las privan de espacios seguros y ocupan sus lugares.
  • Las obligan a competir en condiciones de inferioridad.

Y respecto a la infancia y adolescencia:

  • Les impiden desarrollarse, explorar y vivir todas sus posibilidades y sus deseos en libertad. Los/las encasillan como siempre ha hecho el patriarcado. El patriarcado clásico, lo hacía en función de los genitales, el moderno-guay en función de los gustos que manifiesten (y eso, según los más fans, a partir de los dos o tres años).
  • Impiden, concretamente a las chicas, la posibilidad de liberarse de estereotipos e imposiciones y de reivindicar otra manera de ser mujer.
  • Los/las engañan diciéndoles que pasar de hombre a mujer o viceversa es tan leve y tan intranscendente -o casi- como teñirse el pelo.
  • Los/las privan de atención médica y psicológica adecuada, es decir, la que les haría reflexionar sobre sus angustias, sus miedos, el origen de sus problemas.
  • Los/las hacen farmacodependientes de por vida que deterioran su salud.
  • Los/las amputan de partes sanas de sus cuerpos.

Resumen: abogo y reivindico

  • La libertad personal para vivir como se quiera (siempre que no se perjudique a otros y, sobre todo, a otras) pero la oposición radical a que los deseos de “unes” se conviertan en leyes de obligado cumplimiento para todas.
  • La prohibición de adoctrinar a menores en el sexismo más retrógrado y, por supuesto, prohibición absoluta de medicarlos y amputarlos.

Bueno, eso es lo que yo alego, pero el tuit recibió muchas respuestas interesantes e ingeniosas. Por ejemplo:

-La razón no se opone al corazón ni a la imaginación. Se opone a las tinieblas de la superstición. Tus discursos sentimentaloides atacan a la inteligencia.

-Ayer vi un burro volando, lo perseguía un elefante con alas. Si me dices que miento, que los burros no vuelan ni los elefantes tampoco, diré que no asumes realidades distintas a las aprendidas y que eres el cementerio de la imaginación. Te llamaré asnófoba.

-Hale, mujeres, a vivir en el país de la imaginación, pero eso sí, cediendo nuestros derechos para tener contentos a los hombres.

-O sea, estás diciendo que el terfismo es racionalidad, que es el cementerio del pensamiento mágico. Alguien tenía que decirlo.

-Sea todo lo cursi que quiera, pero no vamos a creer como usted en las almas sexuadas errando en un cuerpo equivocado.

El transactivismo es postrarse ante cualquier misógino y decirle: «sí señor, tú sabes mucho mejor que yo lo que es ser mujer»

-El terfismo es ateísmo, la incapacidad de creer en hadas que sexan bebés y se equivocan.

-Un tío enseñado el nabo en un vestuario delante de niñas dice: «Soy trans» y zas, pasa de exhibicionista a ser de luz.

El cuirismo es el cementerio de la dignidad: la incapacidad absoluta de entender una realidad donde las mujeres son violentadas, asesinadas y borradas, la inhabilidad de aceptar la verdad, la negación de un mundo justo, sin misoginia ni violencia. La ausencia de cordura y la razón.

 

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