Filicidio: por qué matan a sus hijos los hombres y las mujeres

Redacción Tribuna
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Una investigación española encuentra diferencias entre los autores de homicidios infantiles, pero la ausencia de cruces por sexo impide precisar cuánto pesa la venganza contra la madre en los filicidios paternos. Cuando un progenitor mata a su hijo, la palabra filicidio identifica al autor y a la víctima, pero no explica por qué ocurrió el crimen. Las investigaciones disponibles en España encuentran diferencias según el sexo del agresor: los delitos cometidos por madres afectan con mayor frecuencia a niños muy pequeños y aparecen relacionados con determinadas crisis psiquiátricas o situaciones reproductivas; entre los cometidos por padres se describen más a menudo antecedentes de violencia familiar, separaciones, control coercitivo y venganza contra la pareja. En este segundo contexto se sitúan algunos de los asesinatos que constituyen violencia vicaria contra las mujeres.

Un estudio de Noemí Pereda, Alba Marsol, Laura Arantegui-Arráez y Josep M. Tamarit ha examinado 168 resoluciones judiciales españolas dictadas entre 2016 y 2025. A partir de sus hechos probados identificó 197 casos referidos a víctimas menores de 18 años: 116 de filicidio y 81 de otros homicidios infantiles. Se incluyeron tanto delitos consumados como tentativas. La unidad de análisis es la víctima, de modo que varios casos pueden proceder de un mismo episodio. El concepto de filicidio abarca madres, padres, padrastros, madrastras y parejas de los progenitores que ejercen como figuras parentales. Entre los 128 agresores identificados como progenitores o figuras parentales había 81 mujeres (63,3 %) y 47 hombres (36,7 %). De ellas, el 95 % eran madres; de ellos, el 81,9 % eran padres. El 56 % de los casos de filicidio contó exclusivamente con agresoras, el 30,2 % exclusivamente con agresores y el 13,8 % con autores de ambos sexos. Fuera del ámbito parental, en cambio, los hombres representaron el 86,7 % de los agresores. Son proporciones de la muestra judicial, no una estimación de todos los crímenes ocurridos en España. La edad de las víctimas también cambia: en los filicidios la media fue de 4,69 años, frente a 12,66 en los restantes homicidios infantiles; el 50,9 % tenía entre cero y cinco años.

Las investigaciones españolas anteriores citadas por los autores permiten profundizar en las diferencias entre madres y padres. Company y colaboradores (2015) identificaron diez neonaticidios, todos Artículo para prensacometidos por mujeres. Barón Picazo y colaboradores (2021) encontraron que la edad media de las víctimas era de cuatro años en los filicidios maternos y de nueve en los paternos.

Más de la mitad de los cometidos por mujeres afectaban a menores de un año, frente a aproximadamente una quinta parte de los cometidos por hombres. Ramos Vázquez (2018) también observó más mujeres agresoras en el entorno familiar y más hombres fuera de él. Las motivaciones ayudan a explicar por qué conviene distinguir estos delitos. La literatura clínica y forense relaciona con mayor frecuencia el filicidio materno con trastornos psiquiátricos, episodios psicóticos, crisis durante el embarazo o el posparto, embarazos ocultos o no deseados, rechazo del hijo y aislamiento.

También describe el llamado filicidio altruista, expresión criminológica para los casos en los que el autor cree que la muerte evitará al menor un sufrimiento real o imaginado. Ninguna de estas circunstancias explica todos los crímenes cometidos por mujeres ni implica que la enfermedad mental determine por sí sola una conducta homicida.

En los filicidios paternos, los estudios revisados mencionan con mayor frecuencia maltrato previo, violencia contra la pareja, separaciones, disputas por la custodia, control coercitivo y represalias. Algunos aparecen dentro de un familicidio, cuando el agresor mata a su pareja y a sus hijos, o de un homicidio seguido del suicidio del propio autor. Company y colaboradores registraron suicidio del agresor en el 17,2 % de su muestra conjunta, aunque esa cifra no permite atribuirlo a uno u otro sexo. Los estudios describen distintas circunstancias, pero no establecen que la venganza sea la motivación mayoritaria de los padres.Enre esas circunstancias está el asesinato de los hijos para causar daño a la madre. En él, los menores son las víctimas directas y el crimen puede formar parte de una trayectoria de amenazas, dominación y violencia ejercida contra la mujer. Esa es una forma de violencia vicaria dentro de la violencia de pareja o expareja.

El trabajo de Pereda y sus colaboradores respalda la necesidad de reconocer este contexto específico: incorpora la venganza contra el otro progenitor como categoría de análisis y revisa investigaciones que relacionan el filicidio paterno con el control coercitivo y las rupturas. Sin embargo, su diseño no permite medir directamente la frecuencia de la violencia vicaria entre los filicidios cometidos por hombres. En los 116 casos de filicidio estudiados, el 30,2 % se clasificó en contextos de violencia o negligencia; el 26,7 %, en contextos relacionados con patologías mentales; el 12,1 %, en motivos considerados altruistas; otro 12,1 %, en Artículo para prensarechazo del menor; y el 10,3 %, en venganza contra el otro progenitor. Son porcentajes para el conjunto de filicidios, sin separación por sexo. Por eso, el 10,3 % no equivale a una tasa de violencia vicaria: desconocemos quién cometió esos hechos, contra qué progenitor se dirigía la represalia y qué antecedentes de violencia de pareja existían. El 86,2 % de los filicidios se calificó como asesinato, frente al 43,2 % de los demás homicidios infantiles; el 50 % se consumó, frente al 29,6 %.

En los filicidios predominaron la estrangulación, asfixia o fuerza física (31,9 %), las armas blancas (27,6 %) y el envenenamiento o intoxicación (14,7 %). El estudio no desagrega métodos ni consumación por sexo. Ahí está la principal limitación para conocer las diferencias entre madres y padres: el estudio identifica sexo del agresor, edad de las víctimas, motivación, método y grado de consumación, pero no cruza esas variables. Faltan especialmente los datos que relacionen filicidios paternos con antecedentes de maltrato contra la madre, amenazas, separación, custodia y control coercitivo. Sin ellos se desconoce qué proporción responde a represalias contra la mujer.

Los autores reconocen que su objetivo era comparar filicidios con otros homicidios infantiles y que las sentencias tienen limitaciones para reconstruir los antecedentes. España tampoco dispone de estadísticas completas que identifiquen sistemáticamente los filicidios. Según las cifras del Ministerio del Interior recogidas en el artículo, entre 2016 y 2024 se registraron 448 homicidios infantiles, consumados o intentados, de los que 138 se consumaron.

Los registros del Ministerio de Igualdad cubren un subconjunto de estos delitos. La falta de datos judiciales, policiales y forenses comparables impide reconstruir adecuadamente sus circunstancias. Distinguir las causas tiene consecuencias para la prevención. Las crisis graves durante el embarazo y el posparto, el maltrato infantil reiterado y la violencia contra la pareja requieren mecanismos distintos de detección y protección.

Cuando un hombre mata a sus hijos para castigar a la madre, la historia de violencia contra ella forma parte de la explicación del delito y de la evaluación del riesgo. Para documentarlo con rigor hacen falta precisamente los cruces que hoy faltan: quién mata, a qué edad, en qué contexto familiar y con qué finalidad. Referencia: Pereda, N.; Marsol, A.; Arantegui-Arráez, L.; Tamarit, J. M. Filicidio y otros homicidios infantiles en España: comparación de las características de la víctima, el agresor y el delito. Child Abuse & Neglect. DOI: https://doi.org/10.1016/j.chiabu.2026.108338


 

Filicidio: diferencias observadas
entre hombres y mujeres

Síntesis visual del artículo analizado

Filicidios cometidos por hombres Filicidios cometidos por mujeres
Con mayor frecuencia aparecen
vinculados a conflictos de pareja.
Las motivaciones se concentran
en un espectro distinto.
Destaca la violencia vicaria:
dañar a los hijos para castigar
o controlar a la madre.
Se describen con mayor frecuencia
crisis psicológicas o
psiquiátricas graves.
Son más frecuentes los contextos
de separación, disputa por la
custodia o dominación.
Pueden influir el aislamiento,
la sobrecarga o situaciones
de gran vulnerabilidad.
La literatura recoge casos
de filicidio seguidos del
suicidio del agresor.
Se describe una menor vinculación
con la lógica de castigo
a la pareja.
Fuente: Noemí Pereda, Alba Marsol, Laura Arantegui-Arráez y Josep M. Tamarit. Filicidio y otros homicidios infantiles en España: comparación de las características de la víctima, el agresor y el delito. Síntesis de los resultados y de la literatura científica revisada.
Violencia vicaria:
El asesinato de hijos e hijas para causar daño a la madre puede constituir
una manifestación extrema de la violencia ejercida contra las mujeres por sus
parejas o exparejas. Estas características proceden de investigaciones revisadas y describen tendencias, no reglas absolutas.El estudio analizado no ofrece todos los cruces estadísticos por sexo necesarios para cuantificarlas.

 

 

 

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