Inicio autora_Destacada La madre abnegada, la cuidadora gratuita, la puta, y ahora la heroína

La madre abnegada, la cuidadora gratuita, la puta, y ahora la heroína

2
464

Recuerdo aquel episodio del maravilloso libro de Louisa May Alcott: Mujercitas, donde las cuatro niñas protagonistas le regalan un copioso desayuno de Navìdad a una familia que no tenía nada que comer. Entendí que ser generosa con quien está en una situación difícil o desesperada, te hace sentir bien contigo misma; aseguraría que incluso te sientes especial  y llena de felicidad. En el inicio del siglo XXI, esta situación sucede a la inversa. Son las personas bien posicionada económicamente las que acuden a las casas de gente pobre a demandar solidaridad y empatía ¿Qué puede querer alguien que tiene  una vida digna y sin carencias materiales  de quién carece de casi todo?  Capacidades como la reproductiva, porque para completar la felicidad no es suficiente con tenerlo casi todo.

Se afirma que una mujer en estado de vulnerabilidad actúa generosamente cuando decide convertirse en madre gestante de una familia que disfruta de un estatus social y económico superior. Pervierten los conceptos de “solidaridad y generosidad” para explicar lo inexplicable. ¿Cómo definiríamos esta situación? Sí, pueden decirlo, es una clara explotación pedirle a quién no tiene nada, que te entregue lo único que le puedes comprar, en este caso, su capacidad reproductiva.

El patriarcado nos adiestra  para obtener todo lo que ha querido de nosotras. Su gran triunfo es conseguir que lo hagamos con alegría y convencidas de que es lo que realmente deseamos hacer y nos llena de felicidad. No podría ser de otro modo, porque si fuéramos conscientes del abuso, íbamos, como mínimo, a cuestionar esos dictámenes o directamente a rebelarnos contra ellos.

.El estado de “generosa felicidad” es aprovechado  para  crear un nuevo modelo de mujer: la heroína. La “heroína” es presentada ante el mundo como esa persona especial, única y maravillosa  que “ayuda” a conseguir el deseo de ser padres o madres a otras que, por una u otra razón, no pueden tener sus propias criaturas.

Estas no dudan en mostrar públicamente su agradecimiento a esas mujeres que hicieron posible su sueño. Una felicidad mutua que tiene los días contados…. Exactamente, nueve meses.

¿Son realmente conscientes estas mujeres tan entregadas, de que realmente están siendo utilizadas?

El uso que hacen estos señores y señoras de ellas traspasan todo los límites de la dignidad humana. Ahora además de incubar a sus bebés, les sirven como reclamo, bajo lemas tan perversos como: “hablan los vientres de alquiler” o “las gestante no se sienten madres de la criatura que están gestando” -observen los conceptos que se utilizan para dirigirse a ellas:“vientres de alquiler/ gestantes”, da mucho que pensar-. No obstante, obvian que estas mujeres,  precisan de ayuda psicológica para desvincularse afectivamente del  ser que portan en su vientre. Resulta como menos curioso, el protagonismo mediático que se nos otorga cuando en todos los ámbitos somos la excepción y no salimos en primer plano informativo para que se conozcan nuestros logros.

Los pro vientres de alquiler se reinventan, no solo quieren hacernos creer que son las madres gestantes las que se ofrecen como tales, sino que además esta decisión, las llena de felicidad.

Las circunstancias que pueden llevar a una mujer a querer voluntariamente ser madre de alquiler no son solo económicas. Ni siquiera somos capaces de asegurar que cualquier mujer no ceda ante la constante presión que se ejerce, incluso desde la propia familia, sobre nosotras, para que decidimos ser madres. Si ya has pasado los 35 años, tienes una relación estable y no tienes hijos o no piensas tenerlos a corto plazo, te sorprendes a tí misma excusando tu decisión o explicando que no está entre tu proyecto de vida. En muchas ocasiones aparece la culpa, sentimiento que se nos inculca para manejar nuestra voluntad al antojo de quien necesita algo de nosotras. Todo esto, nos lleva muchas veces, a dudar que estas decisiones se tomen en libertad y no empujadas por conseguir una aceptación o aprobación social y familiar. No es descabellado que ese ansia de reconocimiento social sea un motivo para ceder nuestras capacidades reproductivas, sin ser conscientes de que somos manejadas para beneficio de otros.

Por desgracia para ellos, las mujeres tenemos una herramientas que nos ayuda a diferenciar entre generosidad y explotación, entre libertad y sometimiento: el feminismo. Con él aprendimos a querernos tal y como somos. Nos enseñó que no le debíamos nada a nadie, que nuestras ilusiones, nuestro trabajo, nuestro placer son importantes. Nos recordó que somos personas completas y nuestra misión ni es servir ni estar a disposición de los anhelos de otras persona. Nos ayudó a analizar las circunstancias que nos colocan en esas situaciones de precariedad económica y de vulnerabilidad social que nos empujan a colocar en el mercado nuestro cuerpo y nuestras capacidades reproductivas y sexuales para sobrevivir.

Solo aceptaría un contexto para creer en la verdadera voluntariedad de tomar la decisión de alquilar el vientre y entregar a la criatura nacida como un acto de generosidad: un mundo donde ninguna mujer tuviera necesidades afectivas, económicas o de cualquier tipo de reconocimiento. Un mundo donde la igualdad fuera real y efectiva.

El patriarcado, creó la madre abnegada, la cuidadora gratuita, la puta, y ahora la heroína, pero se le olvidó que entre tanta figuras inventadas para sostener el sistema, nacimos las feministas, esas exageradas feminazis que con voluntad y constancia , estamos golpeando sin cesar los pilares que lo mantienen en pie.

Y lo tumbaremos.

2 COMENTARIOS

  1. Me parece que sobreestimas la felicidad de las «madres subrogadas». La inmensa mayoría lo hace por dinero y lo que dicen puede ser facilmente distorsionado, o incluso inventado.

  2. Pero incluso el papel de «heroína» inventado por el patriarcado, pero sobre todo por el capitalismo, lo es también por el discurso hegemónico. Nadie que pase carencias económicas y emocionales puede ir de heroína y alquilar su vientre. Se va por necesidad, por desesperación, porque hallan una vía de salida.
    El término de «heroína» es para que lo utilicen quienes tienen los medios económicos y viven en una burbuja de comodidades y requieren justificar la prioridad de sus deseos y necesidades por encima de los de las demás personas . Quien se alquila, quien alquila su cuerpo, piensa en lo que este dinero le supondrá dentro de su carencia.
    Heroínas nada. Explotadas.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos y para mostrarte publicidad relacionada con sus preferencias en base a un perfil elaborado a partir de tus hábitos de navegación. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Configurar y más información
Privacidad