Carolina Marín conquista en Huelva su cuarto título europeo

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Carolina Marín conquista en Huelva su cuarto título europeo
La española Carolina Marín recibe la medalla de oro tras vencer a la rusa Evgeniya Kosetskaya en el partido de individual femenino en la final del campeonato Europeo de Bádminton celebrado en Huelva. EFE

La jugadora española Carolina Marín ha conquistado en Huelva y en el Palacio de Deportes que lleva su nombre su cuarto título europeo al derrotar a la rusa Evgeniya Kosetskaya por 21-15 y 21-7 en 35 minutos.
La volantista onubense hace historia al superar los tres títulos consecutivos que logró la danesa Camilla Martin (1996, 1998 y 2000) y cumple su sueño de jugar y ganar un gran campeonato en su tierra y ante su gente, que llenó por completo las más de cuatro mil localidades del recinto.

El Palacio de Deportes, el aliento extra en cada punto

En cada triunfo y en cada derrota hay protagonistas y culpables y en cada entorchado de Carolina Marín ella ha sido la ejecutora indispensable de un trabajo colectivo. Siempre ha destacado el papel de su técnico Fernando Rivas y de todo su equipo, que en el Europeo de Huelva ha contado con un refuerzo de excepción, el fichaje estrella del público que ha llenado el Palacio de Deportes para aportarle un aliento extra en cada punto.

Si animaba muchísimo y celebraba cada punto a favor de la onubense, más animoso se volvía cuando erraba su campeona, que esta situación era imposible que cundiera el derrotismo en ella por más delicado que fuera el punto del duelo. «Vamos, vamos Caro» resonaba en cada ronda y con más fuerza en la final, batían las palmas al compás por Huelva, se concatenaban los gritos aislados en los pocos instantes de silencio de niños que con su inocencia lanzaban como un deseo de víspera de Reyes ánimos a Carolina.

La ya cuatro veces campeona europea Carolina Marín ha estado toda la competición tratando de equilibrar una balanza mental que tenía como base Huelva y lo que producía en ella jugar en su tierra. Por un lado tenía la presión de ser la favorita, la rival a batir, con el extra de tener que actuar en su casa, en el pabellón que lleva su nombre, con el añadido del albergar el deseo más profundo de no querer defraudar a nadie. Por otro lado estaba la emoción y la motivación de jugar donde quería y ante quienes tanto la quieren.

En ese juego de equilibrismo está quizás la razón por la que no se vio la versión más brillante ni más letal de Carolina, pero quizás sí la actuación más meritoria en todo su extenso currículo por el peso de las circunstancias.
Al final Carolina y la gente de Huelva lo tuvo claro, pesaron más las ingentes ganas de triunfo en el escenario soñado y el público que la adora, el hambre de ganar en la tierra que la vio nacer se vio saciado y se declaró un estado de felicidad difícil de olvidar alguna vez.

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