El generismo ni vencerá ni convencerá

Ana Pollán
Ana Pollán
Graduada en Filosofía por la UVA. Máster en Filosofía Teórica y Práctica por la UNED. Feminista abolicionista, republicana y defensora de la educación pública. Anticapitalista.

Cuentas de Twitter suspendidas; conferencias en universidades canceladas; feministas denunciadas por difundir teoría feminista; personas, en su inmensísima mayoría mujeres, insultadas y amenazadas e incluso denunciadas por decir que el sexo existe, que es binario e inmutable; escritoras de reconocido prestigio y trayectoria amordazadas; profesoras despedidas e invitadas a marcharse de la Universidad o que ven dificultado el ejercicio de su actividad docente. Si la palabra “Twitter” y el asunto en disputa no ofreciese una pista, cualquiera pensaría que estamos describiendo las universidades de nuestro país en la década de los sesenta del siglo XX, en plena dictadura. Sin embargo, este es nuestro presente.

La lista de personas señaladas por sostener posiciones feministas contrarias a la autodeterminación de género es infinita. Si diera nombres, olvidaría otros tantos, pero sabemos quiénes son sistemáticamente censuradas en Twitter, qué actos se cancelan en España y fuera de nuestras fronteras y qué libros y autoras se insta a no comprar e incluso se exige a las librerías que los saquen de sus catálogos. Todos esos libros, tweets, autoras/es y ponencias sostienen lo mismo: que la especie humana está compuesta por dos sexos, que nuestra condición sexuada es necesaria, real, objetiva e inmutable. También exponen (exponemos) que el género no es una identidad digna de reconocimiento jurídico, sino una normativa patriarcal que debe erradicarse.

En consecuencia, no celebramos la autodeterminación de género porque el género no es una identidad subjetiva que cada individuo pueda determinar para sí en función de sus propias percepciones; sino una normativa y una estructura de poder que privilegia a los hombres y perpetúa la dominación de las mujeres. Desde esta óptica, la de la ciencia y la de la teoría feminista, se niega la existencia del género en tanto que identidad personal y se señala que el género no es sino una colección de estereotipos, prescripciones y sanciones que el patriarcado dicta para cada sexo, como normativa reaccionaria que vela por la perpetuación de la dominación de las mujeres. Se ha explicado un millón de veces. Y lo seguiremos haciendo. Que el género es resultado del patriarcado no es una ocurrencia nueva. Lo afirmó Kate Millett en los sesenta, lo repitió Marina Subirats en los noventa y no hay feminista, ni siquiera las anteriores a la conceptualización misma de género que no haya pretendido abolirlo, se exprese o no con dicha conceptualización.

Explicar esto, es decir, cuál es el objetivo del feminismo –abolir lo que produce la desigualdad entre los sexos y la dominación de las mujeres– y cómo pretende conseguirlo –educando en igualdad y erradicando cualquier práctica que refuerce la normativa y la estereotipia sexista– se ha convertido en una actividad de riesgo. Quienes la practican sufren señalamiento público; acoso en sus trabajos; la censura de sus coloquios, debates y ponencias; dificultades para progresar en la academia; exposición, insultos, y mordazas en las redes; escarnio, burlas, amenazas y calumnias que cuestionan su calidad como expertas y profesionales. Esto ocurre no sólo con la indiferencia de las instituciones sino con el beneplácito de las mismas. Partidos como Podemos celebran que dos profesores universitarios no hayan podido presentar su libro, cuyo contenido es crítico con el neoliberalismo, el sexismo y la homofobia en la universidad porque, en coherencia con dichas críticas, se opone a la autodeterminación de género y a la manipulación del cuerpo de los menores.

Cuando la censura ocurre en la Universidad resulta especialmente dolorosa y preocupante. La Universidad ha de ser un espacio abierto, democrático, plural, tolerante donde quepan todas las visiones, especialmente aquellas basadas en sólidos principios humanistas, ilustrados, progresistas con el objetivo de hacer del nuestro un mundo mejor, más justo e igualitario. Es inadmisible que profesoras que se dejan la piel en la defensa de la igualdad entre los sexos, la protección de la infancia y el respeto de las personas con independencia de su orientación sexual sean perseguidas, acosadas y censuradas, precisamente por la defensa de principios igualitarios, racionales y democráticos como los citados. En la Universidad, la persecución de ideas no debe tener cabida. Es más, creo que las voces conservadoras, con quienes no puedo sentir una distancia más radical, deben tener su espacio en la academia, siempre que no partan de presupuestos antidemocráticos y evidentemente violentos. En la Universidad, de hecho, el único confrontamiento que debe existir y que, además, es bueno que exista es el intelectual, desde la calma, la mesura, la exquisita argumentación sosegada y elegantemente expuesta, sin exabruptos ni cancelaciones salvo que el contenido viole de forma directa y flagrante la dignidad de un colectivo y suponga una arenga directa contra él. Las feministas no arengamos contra nadie. Decir que nadie nace en un cuerpo equivocado; que los dos sexos son iguales en dignidad y merecen idénticos derechos o que la homosexualidad y la bisexualidad son orientaciones sexuales perfectamente respetables no atenta contra nadie. Mucho menos reivindicar una infancia y adolescencia libre de estereotipos sexistas y, por ello, oponerse a las leyes que vindican la autodeterminación de género y que abren la puerta a reconocer como identidad la normativa y estereotipia sexista responsable de la desigualdad entre los sexos.

Permitir la censura y celebrarla nos acerca a tiempos muy oscuros donde un poder reaccionario decidía lo que podía ser dicho, incluso pensado, y lo que no. Parece atender a un miedo a no poder desmontar desde la palabra amable y tranquila esos discursos que se catalogan de “transodiantes” pero que nunca se rebaten con finura retórica y profundidad intelectual. ¿Se quiere convencer de que el sexo no es binario y de que el género no es una normativa patriarcal sino una identidad preexistente al sujeto mismo?  Manténgase con rigor y demuéstrese científica y racionalmente. Ahora bien, aguántese la refutación sin pataletas ni ínfulas inquisitoriales y valórense tres siglos de teoría feminista que lo desmiente. La historia demuestra que, a menudo, lo que se manda a la hoguera, a la censura y a la represalia suele ser la verdad, que por tozuda molesta y no hay otro modo de contrarrestarla. Sin embargo, como decían dos de los censurados entre una mayoría de censuradas, “para que Butler pueda existir y decir que los bebés nacen sin sexo, han estado que estar naciendo crías con sexo durante seiscientos millones de años de reproducción sexual binaria.” Los mismos años de reproducción sexual binaria han sido necesarios para que ciertos grupos reaccionarios, en su mayor parte formados por muchachitos iletrados, jaleados por reductos políticos en declive, existan y se crean en la potestad de amordazar docentes y expertas en universidades públicas.

Ana Pollán
Ana Pollán
Graduada en Filosofía por la UVA. Máster en Filosofía Teórica y Práctica por la UNED. Feminista abolicionista, republicana y defensora de la educación pública. Anticapitalista.
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Comentarios

  1. Mis consideraciones se ajustan a reales situaciones, a riesgo de padecer reiteradas restricciones a las mismas.
    a) {Cuentas de Twitter suspendidas; conferencias en universidades canceladas; feministas denunciadas por difundir teoría feminista; personas, en su inmensísima mayoría mujeres, insultadas y amenazadas e incluso denunciadas por decir que el sexo existe, que es binario e inmutable; escritoras de reconocido prestigio y trayectoria amordazadas; profesoras despedidas e invitadas a marcharse de la Universidad o que ven dificultado el ejercicio de su actividad docente. Si la palabra “Twitter” y el asunto en disputa no ofreciese una pista, cualquiera pensaría que estamos describiendo las universidades de nuestro país en la década de los sesenta del siglo XX, en plena dictadura. Sin embargo, este es nuestro presente.}
    Pues de toda una serie de procesos sociales a los que debe atribuirse la “formación” de la ley del varón y de su imposición económica, educativa y elaboración del del transexual ecuménico perverso patriarcado en su concepción de lo femenino como objeto de uso, es lo primero a cuyo conocimiento nos ha sido dado llegar, donde la “sutileza” de lo moral y ético son caracteres que nunca faltan en estos procesos “ecuménicos”.
    b) {Permitir la censura y celebrarla nos acerca a tiempos muy oscuros donde un poder reaccionario decidía lo que podía ser dicho, incluso pensado, y lo que no. Parece atender a un miedo a no poder desmontar desde la palabra amable y tranquila esos discursos que se catalogan de “transodiantes” pero que nunca se rebaten con finura retórica y profundidad intelectual. ¿Se quiere convencer de que el sexo no es binario y de que el género no es una normativa patriarcal sino una identidad preexistente al sujeto mismo? Manténgase con rigor y demuéstrese científica y racionalmente. Ahora bien, aguántese la refutación sin pataletas ni ínfulas inquisitoriales y valórense tres siglos de teoría feminista que lo desmiente. La historia demuestra que, a menudo, lo que se manda a la hoguera, a la censura y a la represalia suele ser la verdad, que por tozuda molesta y no hay otro modo de contrarrestarla. Sin embargo, como decían dos de los censurados entre una mayoría de censuradas, “para que Butler pueda existir y decir que los bebés nacen sin sexo, han estado que estar naciendo crías con sexo durante seiscientos millones de años de reproducción sexual binaria.” Los mismos años de reproducción sexual binaria han sido necesarios para que ciertos grupos reaccionarios, en su mayor parte formados por muchachitos iletrados, jaleados por reductos políticos en declive, existan y se crean en la potestad de amordazar docentes y expertas en universidades públicas.}
    Pues, si de nuestras investigaciones resultase la posibilidad de incluir los fenómenos sociales entre aquellos que deben su origen a la ambigüedad sexual del varón, tanto más importante sería considerar las condiciones esenciales del proceso edípico donde; *“Lo femenino, la mujer, la madre sería el centro y diversidad de lo excelso y lo repudiable en tanto generadora del varón fálico y de la niña, determinativo de su ambigüedad sexual. Es justamente, éste proceso por el que el varón queda atrapado en su irresoluble perversión y ambigüedad sexual. La situación de la niña – mujer la imposibilita de padecer este proceso y no lo es posible tampoco “convertirse” en una perversa irresoluble y una ambigua sexual en el sentido que presenta el varón fálico. Lo anatómico, es director irreversible”. *Femeninología Nota (3)
    El sentido y la verdad del feminismo (la mujer) es la derrota del varón; perverso irresoluble y ambiguo sexual
    “El feminismo es única y absolutamente la mujer”
    Un travesti no es una mujer
    Buenos Aires
    Argentina
    11 de abril de 2022
    Osvaldo V. Buscaya (OBya)
    Psicoanalítico (Freud)
    *Femeninologia
    *Ciencia de lo femenino

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