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No somos personas solo cuerpos

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El último grito en pensamiento posmoderno no es cómo resolver el problema de la vivienda, la gestión de los flujos migratorios, el abandono forestal, la precariedad laboral, el desencanto de la juventud, la expansión de la prostitución, la dependencia de las redes sociales, el desprecio hacia los derechos de las mujeres, la explotación reproductiva de las mismas, la violencia etc. sino cómo hay que vivir “con alegría, cómo ser felices”, cómo enfrentarse a todos esos enormes problemas cantando y bailando. Los pensadores y pensadoras, en su atalaya privilegiada desde donde otean los retos fundamentales del momento y sugieren soluciones, han encontrado que ahora lo más importante del mundo mundial es pensar sobre el placer y “el cuerpo como territorio político, social, laboral y afectivo”.

Y ahí tenemos, por ejemplo, la tercera edición del Festival de las Ideas de Madrid, en septiembre, donde se darán cita los pensadores y pensadoras más vanguardistas de la historia (con permiso de Foucault y Butler), en un encuentro que busca convertir la ciudad en un “mapa de conversación colectiva” sobre los Cuerpos. Pensar el presente desde aquello que somos. No sobre las personas, hombres y mujeres, no, que eso está ya muy visto, sino sobre ese nuevo ente misterioso, sin sexo ni diferencias anatómicas, que sin embargo se tiene que levantar cada día para procurarse las habichuelas. Si es con alegría y buen humor, mejor. Pero no es solo este Festival de las Ideas, también hay podcasts y reels en las redes que se llenan de voces melifluas ponderando los gozos de los cuerpos, menos de las sombras. Cuerpos en abstracto.

Ya veo yo los próximos meses los cuerpos en el metro hablando sobre el tema que más preocupa a la ciudadanía: “la experiencia corporal cotidiana”.

En esta nueva vuelta de tuerca hacia el declive sin remedio de nuestra civilización, las personas ya ni siquiera somos individuos, ahora somos “cuerpos” indiferenciados. Esos cuerpos no responden a una especie humana dividida por sexos –con funciones fisiológicas diferentes– y jerarquizada, sino que las características biológicas se reparten de forma aleatoria formando una combinatoria azarosa: unos cromosomas XX por aquí que producen genitales antaño XY; una testosterona que fabrica líquido seminal en los ovarios; unos estrógenos que generan mamas voluminosas en torsos peludos, en fin, una diversidad de combinaciones sin orden ni concierto, al buen tuntún, como aquel que siembra trigo a puñados, ya se sabe, algunos granos caen junto al camino, otros en terreno pedregoso, otros en tierra baldía y otros, en fin, en tierra fértil, no sé si recordarán la parábola del sembrador. No existen las leyes de la biología.

Como los grandes problemas hay que difundirlos en los medios de comunicación, dentro de poco veremos noticias como esta: “Un cuerpo de 1,70 cms. (la altura todavía no es ofensiva, me parece) ha asesinado a otro de 1,60 cms. Los cuerpos estaban en proceso de divorcio, que había solicitado el cuerpo de menor envergadura tras años de violencia ejercida por el de mayor tamaño. Deja tres cuerpos huérfanos. No había denuncias previas”.

O también este titular: “Una embarcación (patera o cayuco son despectivos, no utilizarlos) con más de 50 cuerpos ha llegado a las costas de Gran Canaria; algunos presentaban vientres prominentes y han sido trasladados al hospital, donde han sido atendidos por los cuerpos sanitarios. Se sabe que han nacido algunos “cuerpecitos” que se encuentran en perfecto estado”.

O esta otra: “Cientos de cuerpos se han manifestado hoy por todo el territorio de la península ibérica (español está prohibido para no herir los sentimientos nacionalistas) contra las leyes que permiten cambiar de idem con la mera voluntad. Los organismos corporales –casi todos cuerpos gestantes– han tenido que ser protegidos en muchas ciudades por los cuerpos de seguridad para evitar que otros entes corporales –la mayoría cuerpos inseminantes– pudieran agredirles”.

Referir bien estos acontecimientos es primordial, por eso los Colegios de Periodistas, la Asociaciones de la Prensa o los Órganos de Auto Regulación Profesional incluirán en sus Códigos Deontológicos la manera correcta de narrar estos hechos; eminentes especialistas de los diversos Consejos de la Información del país tendrán que velar de que los medios no vulneran el articulado correspondiente. No vaya a ser que algún diario digital o pseudomedio haga el menor atisbo de identificación del rasgo innombrable de esos cuerpos indeterminados. Y también existe la posibilidad de la denuncia penal esgrimiendo “odio corporal” o “cuerpofobia”.

En fin, que estamos en presencia del problema número uno mundial: difuminar la diferencia corporal para acallar de una vez por todas la vieja cantinela de que la especie humana está dividida en dos sexos jerarquizados, que ya cansa. Y de paso dar la puntilla al feminismo, que basa su lucha precisamente en la desigualdad entre los sexos. Ahora todos, todas y todes somos “cuerpos” gozosos, cuerpos indiferenciados que transitan por este mundo desquiciado con alegría y placer. Y aquí paz y después gloria. O aquí gloria y después paz. Como todo está al revés este cuerpo no se aclara.

 

 

Juana Gallego ha sido profesora de periodismo en la UAB hasta 2023. Su último libro publicado es Morir de éxito. Retos del feminismo en la era

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