Recomendé la serie Intimidad y varias voces se alzaron criticándola. No me interpeló ningún machirulo de los de “sin complejos”, o sea, ninguno de esos seres tan profundamente acomplejados que ante cualquier reivindicación o denuncia de las mujeres reaccionan con violencia -más violencia aún, quiero decir-. Seguramente porque no me leen.
Sí reaccionaron algunos de los que, como no quieren parecer prehistóricos, no se atreven a atacar de frente y buscan recovecos y pretextos para manifestar su desagrado.
Dicen que Intimidad es un panfleto lleno de tópicos. Prodigioso que le parezca tópica una serie con protagonismo femenino, teniendo en cuenta que no llegan ni al 20%; prodigioso que le parezca tópico el tema de la violencia machista cuando basta con una ojeada a cualquier plataforma para percibir que sí, que la violencia abunda, pero la violencia de puñetazos, armamentos, artilugios terrestres o extraterrestres, asesinatos –cuanto más sádicos mejor-, enfrentamientos entre buenos y malos (en masculino, por supuesto, aunque incluyan a algún personaje que no lo sea).
Prodigioso que le parezca tópica una serie con protagonismo femenino, teniendo en cuenta que no llegan ni al 20%
Dicen que a los tres minutos ya sabían cómo iba a acabar ¡Ah!? Y si ven una serie de abogados ¿no saben si los protagonistas ganarán los juicios? Y una de asesinatos ¿no saben si los policías terminarán descubriendo al asesino?
Pero alegarán: “¿Y los vericuetos de la trama?” Claro, sí, los vericuetos… ciertamente los vericuetos importan y, aunque en Intimidad los hay, son relativamente pocos… pero ¿no les compensa la complejidad que tiene en otros aspectos? ¿la variedad de personajes, por ejemplo? ¿o que se centre en la realidad y no en alambicados escenarios increíbles?
En fin…
La crítica de algunas mujeres y, sobre todo, de algunas feministas, me extrañó más. Entendedme, por favor, no preconizo que seamos ciegas a los puntos débiles de esta serie (que los tiene) o de cualquier obra creada por mujeres, ni preconizo que obligatoriamente nos deban entusiasmar. No somos idiotas, ni bobaliconas y nuestro carácter y gustos son diversos. Es más, algunas tenemos un espíritu crítico muy desarrollado pues no en vano llevamos años ejercitándolo contra la cultura dominante.
Pero creo que, a veces, en determinadas circunstancias, debemos refrenar un poco los comentarios negativos en pro de un mayor beneficio: favorecer nuestros objetivos (nuestros objetivos feministas).
Repito: no digo que todo lo que haga una mujer debe parecernos bien, digo que los hombres cuentan con el apoyo de la cultura dominante y de las poderosas fratrías. Tienen, pues, un fantástico “fondo de armario”.
no digo que todo lo que haga una mujer debe parecernos bien, digo que los hombres cuentan con el apoyo de la cultura dominante y de las poderosas fratrías.
Por el contrario, las creadoras encuentran enormes dificultades para lograr financiación de sus proyectos. De modo que, por principio, debemos apoyarlas, máxime cuando está estadísticamente probado que las ficciones audiovisuales de las creadoras son mucho menos misóginas, androcéntricas y patriarcales que las de sus colegas masculinos.
E insisto: nuestro protagonismo sigue siendo rara avis, igual que siguen siendo rara avis las ficciones audiovisuales que abordan los temas que más directamente nos conciernen a las mujeres. La violencia machista, en concreto, es abundantísima en la realidad y escasísima en series y películas. ¿No es un poco excesivo pedir que las pocas que existen sean geniales y nos complazcan al cien por cien? (o al 80% o la 70%).
Para que tal cosa ocurra han de rodarse, no dos ni tres, sino docenas o cientos. Y ¿Cómo se conseguirá? pues logrando que tengan éxito de público. Porque, solo si las cadenas y los productores comprueban que el protagonismo femenino resulta rentable, lo propiciarán.
Ya sabemos que, en el mundo actual, dominado por la imagen, lo que no vemos, no existe. Y, su poder es tal que resulta casi imposible sustraerse a los cantos de sirena de los medios… Basta con comprobar cómo algunos asuntos -totalmente inanes, cuando no estúpidos- ocupan páginas en prensa, programas de tv y radio… y, al final, consiguen que todo el mundo esté al tanto y se interese.
Y, por lo mismo, por el gran poder que tienen los medios y concretamente los relatos audiovisuales, estoy firmemente convencida de que si, por ejemplo, esta serie, Intimidad, hubiera precedido al espeluznante caso de Verónica, la reacción social de condena hubiera sido mayor.
En conclusión, creo que debemos aprender algo de las fratrías viriles: la defensa cerrada de los pares. Nosotras debemos apoyarnos, ser más benevolentes y cautas en las críticas. Y que conste que también me lo digo a mí misma porque yo también tengo propensión a caer en excesos.


