La manada del BRUCH

Mujeres del Sur
Mujeres del Sur
Mujeres feministas radicales de Andalucía
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Que los militares del cuartel del Bruch, defensores de la patria, sortearan a una mujer prostituida para celebrar la fiesta familiar del día de la virgen inmaculada, ha despertado todo tipo de reacciones.

De nuevo, se ha usado un chat de compañeros de armas para alardear de la hazaña de violar a una mujer previa puja de tres euros. El precio que se puso a fin de optar a la “mercancía”   a  algunos les pareció incluso demasiado elevado, dada la baja calidad del objeto a usar, según manifestaron.

Otra manada, más taurina, compuesta también por algunos hombre de la milicia o de las  fuerzas del orden, servidores públicos destinados a defendernos y a aplicar las leyes, cazaron como estaba previsto y violaron en grupo, a una joven y usaron también un chat de camaradas para anunciarlo.

Existen similitudes entre ambas manadas: se trataba de divertirse entre hombres, practicando su privilegiado poder  sexual y machista, ejerciendo violencia sobre el cuerpo de una mujer.

La ley denominada del “Solo Sí es Sí”, fue, supuestamente, la reacción política a las grandes manifestaciones feministas en protesta por la violación de esa mujer en las fiestas católico-taurinas,  y del trato posterior que recibió por parte del sistema judicial, con  la complicidad de gran parte de la sociedad machista que acosó y confabuló contra esa joven de todas las maneras posibles, revictimizándola, y simbólicamente, volviéndola a violar.

Ella no había dicho explícitamente “no” a los hombres que la rodeaban en un oscuro hueco de escalera. Como resultado, incluso algunos jueces de más que probable hábito pornográfico, consideraron que la joven consintió en ser humillada  y penetrada por todos sus orificios, incluso dedujeron que se lo pasaba bien, mientras los machos grababan la gran heroicidad y transmitían la violación en directo a sus camaradas de chateo.

Este nuevo escándalo que ha llegado a la opinión pública sobre soldados dispuestos a subastar el  cuerpo de una mujer,  ha coincidido  con la promulgación de la nueva Ley del Sí es Sí. Bajo esa Ley, los machos que pujaban por el sorteo sexual de una  mujer, no serán penalizados.

Según las  proclamas de las dirigentes que ocupan el Ministerio de Igualdad, pertenecientes a lo que se ha dado en llamar la  “nueva izquierda posmoderna”, las mujeres prostituidas son en realidad  “trabajadoras sexuales”  y  esa condición las  “empodera” lo suficiente  para dar su consentimiento a ser subastadas públicamente por la soldadesca.

Poco les importa,  tanto a los héroes de cuartel  como a la Ministra de Igualdad,  si se trata de una mujer explotada por redes de proxenetas, migración forzada, o si el pretendido consentimiento está viciado por la precariedad o la necesidad de sobrevivencia.  El “sí”,  es sí, repiten como un mantra,  y ese simple “sí”  concede todos los permisos físicos, legales y éticos a los hombres, con el consentimiento implícito de parte de la sociedad, para el uso y abuso del cuerpo de las mujeres.

Estos militares no han cometido ninguna falta que pueda ser ni siquiera castigada por esa Ley de “garantía integral “de la libertad sexual, en donde un Ministerio,  que debería defender a las mujeres, se ha olvidado de considerar la prostitución como una forma de violencia sexual extrema. Se trata de la institución patriarcal más antigua  que ha normalizado  el abuso y acceso sexual al cuerpo de las mujeres, por parte de los hombres. En cambio esta nueva ley, con un afán y finalidad antipunitivista, sí preserva y protege ese privilegio violento y machista.

Mientras se revisan a la baja las condenas por violencia sexual, van saliendo a la calle, sin pausa pero sin prisas, agresores y violadores en cumplimiento de una ley que debía protegernos,  promulgada por el Ministerio de Irene Montero y sus cómplices gubernamentales.

Mientras las agresiones y la violencia sexual contra las mujeres va en aumento, las políticas y las leyes del “gobierno más progresista de la historia” van en el sentido de despenalizar y reducir condenas  a  agresores y  violadores sexuales y  a normalizar el mercadeo de los cuerpos de mujeres para mayor gloria de la sexualidad y el poder machistas.

Convirtiéndolas en “trabajadoras sexuales” que consienten y dicen “sí”  a hombres que no desean,  a cualquiera de ellos, al azar,  ya sean guapos o feos,  pulcros o desaseados, casados o solteros, pobres o ricos,  con o sin uniforme, o cualquiera que gane el premio de la rifa o lo pierda, cualquiera,  cualquier hombre, podrá acceder al cuerpo de las mujeres, por un módico precio.

Mientras se subastan mujeres en los cuarteles de la ciudad, las políticas posmodernas  defienden la normalización de esta forma de violencia como “trabajo sexual”. En la ciudad de Barcelona, donde el Ayuntamiento subvenciona cursos para aprender a ser prostituidas, circuitos turísticos gratuitos  que  muestran los lugares donde se ejerce  la explotación sexual,  y la Alcaldesa y sus tenientes llevan camisetas donde puede leerse “Yo también soy puta”.

Solo una sociedad patriarcal, violenta contra las mujeres  y unas políticas basadas en la hipocresía social y la misoginia más consolidada, pueden explicar tamaña violencia contra las mujeres.

Los militares a través de la historia de las guerras, han sido premiados con el acceso sin castigo al cuerpo de las mujeres del enemigo. La violación ha constituido siempre botín de guerra.  En el cuartel del Bruch, para celebrar un festejo castrense, católico y familiar…se perpetúa ese derecho no escrito y pocas veces castigado, con el beneplácito de una sociedad que condena a  las mujeres a ser “carne de cañón “ por el hecho de haber nacido mujeres.

Mientras nuestros cuerpos sean botín de guerra incluso en tiempos de armisticio y  la  supuesta izquierda  vaya promulgando  leyes que aumentan la impunidad y los privilegios de los  hombres en el patriarcado, nunca habrá paz para las mujeres, siempre estaremos en una guerra cruenta y constante  que no nos dejan otra alternativa que ganar.

 

 

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