De despedida del año

Victoria Sendón de León
Victoria Sendón de León
Dra. en Filosofía y escritora feminista.
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Algo que, por lo visto, merece una página en El País, abre así: “Sumar tilda de “vergonzoso” el nombramiento de Isabel García al frente del Instituto de las Mujeres”, vaya que sí. La respuesta inmediata, si fuera a ser publicada en dicho medio, sería: “Las feministas tildan de “vergonzoso” que Sumar elija como portavoz de las mujeres a una persona trans”. Sin menoscabar a esa persona, sino  perplejas ante quien la ha nombrado. No sé si porque ese gesto le parece muy moderno – más bien muy postmoderno –   o porque no tiene muchas mujeres preparadas que nos representen. Terminamos el 2023 con el confusionismo que ha presidido todo el año que se nos va.

Ya dijo Aristóteles hace muchos, muchos años, que “una mujer es un varón castrado”, aunque nunca dijo que un varón castrado fuera una mujer, pero es que Aristóteles nos queda ya muy lejos y los tiempos han cambiado una barbaridad. Igual que en la Academia de Platón se llegó a la conclusión de que “el hombre es un bípedo implume”, pero no que un bípedo implume fuera un hombre, como ironizó Diógenes. No es tampoco lo mismo decir que la mujer es un no-hombre que decir que la mujer no es un hombre.

No es tampoco lo mismo decir que la mujer es un no-hombre que decir que la mujer no es un hombre.

Las teorías de la postmodernidad trataron de deconstruir el mundo tal como lo comprendíamos, así como nuestros modos de estar en ese mundo tan metafísico y tan racionalista o dialéctico. Fue un encomiable empeño que nos hizo pensar y repensar muchas cosas y conceptos, desbancados a través del lenguaje. La batalla estaba ahí: Derrida, Foucault, Lyotard… Sus cuatro temas “estrella” eran el borrado de los límites, la creencia en el poder absoluto del lenguaje, el relativismo cultural y la pérdida de lo individual junto a la negación de lo Universal. Luego vino el vertido de la French Theory en la cultura popular con la teoría postcolonial, la teoría queer, la teoría de la raza, de la colonización, la discapacidad y hasta de la gordura, desembocando en la interseccionalidad. Todo esto bien agitado y revuelto ha constituido el programa o Agenda del Ministerio de Igualdad saliente. No se entiende que semejantes cosas tengan que ver específicamente con la emancipación y la liberación de las mujeres, que es de lo que se trata.

No se entiende que semejantes cosas tengan que ver específicamente con la emancipación y la liberación de las mujeres, que es de lo que se trata.

Y todo viene de un punto de partida erróneo. ¿Por qué todos esos temas apuntados han sido adscritos al feminismo cuando no tienen los mismos problemas ni los mismos objetivos? Yo propongo al nuevo Consejo de Ministros (y Ministras) que separen todo este potpurrí de temas y dejen los relativos a las mujeres en su ministerio propio y a todo el resto los metan en Asuntos Sociales. Sobre todo, porque para aplicar la paridad para nombrar a una Secretaria de Estado, por ejemplo, no se sabrá si elegir a una abogada competente o a una gorda. Dudarán si nombrar a una ingeniera para el Ministerio de Industria o a una negra por ser negra o al Ministerio de Sanidad a una ginecóloga o a una persona trans. Este desbarajuste no me cabe duda de que tiene una intencionalidad: implosionar el feminismo desde dentro. Las impresionantes manifestaciones del 8 de marzo de 2018, unidas a la huelga de las mujeres, manifestó el peligro de un movimiento tan potente y tan multitudinario. Los sindicatos no lo podían permitir ni los partidos de izquierda renunciaban a liderarlo. El botín era suculento. Y siguen sin soltar la pieza.

Este desbarajuste no me cabe duda de que tiene una intencionalidad: implosionar el feminismo desde dentro.

El tan aireado movimiento LGTBI tiene que andar totalmente desconcertado con los tirones de un lado y del otro, sobre todo las lesbianas, que ya no sabrán si pertenecen al gremio “mujeres” o al de “no binarias” o si no pueden rechazar a las mujeres con pene sin caer en la abyección de su negativa. Bien harían, las que se consideran feministas, de elegir su bando y olvidarse del resto, porque ahí no pintan nada y menos cuando pintan bastos.

Mi deseo: que a la nueva Ministra de Igualdad no le tiemble el pulso a la hora de nombrar cargos con sus mujeres de confianza, siempre que sean competentes. Y parece que esta Isabel García lo es, según he indagado entre amistades que la conocen. Las feministas están contentas con esta elección, por mucho que a la cultura woke le parezca un despropósito. Esta subcultura de los “despiertos” es la sustitución de lo que fue la Inquisición durante la Contrarreforma. Son los “ofendiditos” permanentes como los calificaba Lucía Lijmaer. Piensan que tienen el monopolio de la verdad y de lo políticamente correcto, mientras los demás somos una pandilla de zombis en las antípodas de su sabiduría. ¡Ya está bien de memeces!

Esta subcultura de los “despiertos” es la sustitución de lo que fue la Inquisición durante la Contrarreforma. Son los “ofendiditos” permanentes como los calificaba Lucía Lijmaer.

A ver si este año que comienza que, según los que entienden de astros, entramos en la Era de Acuario, cambiamos los parámetros, los pensamientos y las acciones para implementar un “feminismo adulto” y nos dejamos de tiquismiquis mientras nos siguen matando. ¡Por un sensato 2024!

 

POST DATA

Tras enviar mi artículo a la Redacción, compruebo en redes que Isabel García anda dándose golpes de pecho por anteriores opiniones sobre la Ley Trans. No hacía falta. Yo no estoy de acuerdo con el apartado 3 del Art. 1 de la Constitución (“La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria”) Prefiero la República, pero no por eso odio a la familia real ni pretendo atentar contra ella. Hasta me caen bien como personas. No hacía falta, Isabel, no hacía falta. Prefiero una persona con libertad de criterio y con ética política que a una creyente incondicional en lo que diga la cultura woke.  También en el apartado 1 del Artículo primero se propugna “la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político”. Nada más.

 

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