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Ricas y famosas y edadistas

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La pasada primavera, la revista estadounidense Sports Illustrated puso en su portada a la empresaria, escritora, chef y presentadora Martha Stewart. Esto no tendría nada de extraordinario si no fuera porque Stewart posó para esta revista a los 81 años, convirtiéndola en la mujer de más edad en salir en esta publicación.

Los medios enseguida se hicieron eco de tamaña noticia, escribiendo comentarios del tipo Martha Stewart cambia la narrativa de lo que es envejecer, rompiendo estereotipos, hecho histórico y otras chorradas semejantes.

Antes de seguir, voy a poner aquí algo de contexto. Martha Stewart es una empresaria estadounidense quien ha creado un imperio basado en elevar las tareas del hogar a una especie de arte, ciertamente un logro en un país en el que las mujeres tienen un largo historial de trabajar fuera de casa dejando un poco de lado las labores domésticas, aunque por otro lado Estados Unidos es un país de grandes contrastes y muchas mujeres se enorgullecen de ser amas de casa. La historia de Martha Stewart es ese tipo de rollo ejemplarizante que el neoliberalismo estadounidense nos vende sobre los millonarios hechos a sí mismos, pasando un tupido velo sobre el carácter anecdótico de tales historias.

Martha Stewart, quien empezó su carrera como modelo, trabajó en Wall Street como corredora de bolsa en los años 70 del pasado siglo, empleo que abandonó para lanzar un negocio de servicio de comidas (lo que en inglés se llama catering), a lo cual siguió un libro de recetas de cocina de gran éxito. Más libros siguieron y con el tiempo, en 1990 sacó al mercado una revista llamada Martha Stewart Living y, aprovechando el tirón de lo que podríamos llamar su marca comercial, creó Martha Stewart Living Omnimedia, un imperio-conglomerado de todos sus productos; tal iniciativa la convirtió en billonaria. Para entonces aparecía en su propio programa de televisión, donde enseñaba a las amas de casa norteamericanas como preparar el perfecto pavo para el Dia de Acción de Gracias o como decorar la mesa con gracia y estilo, y era posible comprar utensilios para la cocina y el hogar de su marca en tiendas como Macy’s o Kmart.

En 2004 fue a la cárcel por usar información privilegiada relacionada con la venta de acciones, de donde salió unos meses más tarde. En aquel momento su imagen pública sufrió, pero con el tiempo se ha podido recuperar. Presentó un programa en televisión de 2005 hasta 2012 sobre labores de hogar, comida y manualidades, acaba de empezar otro en el canal de televisión Hallmark y su imperio comercial sigue creciendo.

Otro contexto importante, la revista deportiva Sports Illustrated ha sido acusada en el pasado de poner en su portada a modelos en bañadores como reclamo, cuando en el interior de la revista en general apenas cubre el deporte de mujeres. Su portada es famosísima, y ha lanzado la carrera de muchas modelos, como la catalana Judith Masco.

Volviendo al tema que nos ocupa, los medios han calificado el colocar a una octogenaria en la portada de esta conocida revista como transgresora y revolucionaria. Sin embargo, no veo que tienen de transgresor estas imágenes super retocadas de una mujer mayor, la cual sigue el mandato patriarcal de parecer follable, a pesar de la edad y de los millones. No es empoderamiento para nosotras el rendirse a la narrativa sexista, según lo cual el físico de la mujer es lo más importante. Estas imágenes no retan los convencionalismos sociales ni los prejuicios, ni el edadismo, más bien los confirma. No es empoderamiento, es obediencia al sistema patriarcal. El posar con el maquillaje, el tinte, los retoques estéticos no hacen más que afirmar que en efecto, la única forma de tener 81 años es no parecerlo. Este tipo de casos, y estoy pensando ahora en la cantante Madonna*, quien recientemente ha cambiado tanto su físico que es difícil reconocerla, no amplían, como se sugiere, la visión de lo que puede llegar a ser una mujer mayor (o sea, viviendo una vida plena y activa, apartada de la mirada masculina y del aprobado ajeno), sino todo lo contrario. Al querer adoptar el físico de una mujer mucho más joven, nos queda claro que la única forma de vivir que es válida es la de una persona joven y también que no hay límites en cuanto a la sexualización de la mujer. Esto es edadismo y machismo.

Una mujer madura mutilando su cuerpo, o recurriendo a costosos tratamientos para prolongar la ilusión de la juventud lanza en realidad un mensaje demoledor: la vejez es algo negativo y ser joven, o parecerlo es mucho mejor.

Martha Stewart ha comentado sobre su portada en Sports Illustrated, que no piensa mucho en la edad. Es un comentario curioso, viniendo de una mujer que cuida tanto su aspecto precisamente para no parecer la edad que tiene. En una entrevista sobre el tema, anima a otras mujeres maduras a hacer lo mismo, esto es, no preocuparse demasiado, no ver la edad como un impedimento. Me imagino que es relativamente fácil olvidar por unos momentos la edad de una, cuando, debido a los millones, puede pagar a un equipo de chefs, entrenadores personales, secretarios, especialistas en terapias varias, para prolongar la fantasía de la juventud en un cuerpo de 81 años. Stewart ha construido su imperio aconsejando a amas de casa, pero desde luego ella no se identifica como tal y tiene a un equipo que se ocupa de tales tareas y de cuidarla a ella.

Otro punto, bastante absurdo, que hacen los medios cuando se refieren a Martha Stewart o alguna otra famosa millonaria empeñada en parecer mucho más joven, es el de la importancia de la representación de las mujeres maduras en los medios, y en la sociedad. Pero lo cierto es que estas imágenes no ayudan al empoderamiento del resto. Repito esto, ya que este punto es importante: fotos de Martha Stewart posando en bañador en la portada de una revista que sexualiza a las mujeres como Sports Illustrated, o las fotos “atrevidas” del culo de Madonna en su perfil de Instagram solo sirven para empoderarlas a ellas, que viven en la galaxia de los multi-millonarios, no al resto de las mujeres.

El comportamiento de las famosas tiene una explicación. Según el libro “When I am 64” (Cuando tenga 64 años), de Jennifer A. Richeson y J. Nicole Shelton, hay estigma social asociado a la vejez y muy a menudo muchos de los prejuicios sobre las personas mayores los tienen interiorizados las mismas personas mayores, lo cual no es raro, ya que vivimos en una sociedad que rezuma edadismo. Hay una teoría sobre como muchas personas mayores hacen frente a la vejez, según estas investigadoras, y se llama desidentificación. Lo describen Richeson y Sheldon así “En lugar de desconectarse de un ámbito estereotipado, algunos individuos optan por desidentificarse de su grupo estigmatizado. Las formas extremas de desidentificación incluyen “hacerse pasar” por miembro de un grupo no estigmatizado, mientras que las formas menos extremas incluyen restar importancia a la importancia del grupo para el concepto general de uno mismo.” En el caso de Martha Stewart, y otras famosas que afirman no preocuparse por la edad mientras se operan, y se tiñen el pelo, claramente se niegan a identificarse con la identidad de mujer mayor, porque no quieren que se las estigmatice. El estigma de otras mujeres, o de las mujeres mayores en general, y otros aspectos tan desagradables de la edad más allá del tinte, como la pobreza, la devaluación de la persona, la precariedad, etc, la verdad es que no les importa gran cosa. Ellas no están muy interesadas en denunciar el edadismo, sino en que no les afecte a ellas, y es por esto por lo que sus   comentarios y el de tantas otras en la misma situación sobre este prejuicio no deberíamos tomarlos en serio. Como explico en mi libro La mujer obsoleta, el edadismo es una discriminación estructural, no un problema individual. No vayamos buscando lecciones sobre como ser una mujer madura en el mundo de hoy de mujeres que se niegan a identificarse como lo que son y que llevan vidas de privilegio y pueden aislarse de los problemas que sufrimos el resto. Y no busquemos feminismo en mujeres que consideran una excesiva preocupación por combatir (como si tal cosa fuera posible) los efectos de la edad como una decisión empoderadora, cuando en realidad demuestra un sometimiento a las normas sociales, a la dictadura del canon estético. Las mujeres ricas y famosas viven en otro planeta, y aunque el edadismo y el machismo también les afecta, el daño es mucho menor. Los privilegios y la riqueza material las protegen de la discriminación, la precariedad, la devaluación de la vida laboral y personal que sufrimos el resto, y es por esto que la perspectiva de clase es crucial cuando se analizan el feminismo y el edadismo.

*Madonna y Martha Stewart se llevan muchos años de diferencia, y no quiero ser edadista y agrupar a todas las famosas de más de 45 años en el mismo apartado, pero pocas famosas hay en el mundo del entretenimiento que más parezcan odiar el envejecer que Madonna.

 

 

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