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Zorresignificación. Que no te den ‘Zorra’ por ‘Libre’

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    Zorresignificación. Que no te den ‘Zorra’ por ‘Libre’, o ¿acaso “Putero” podría ser el próximo éxito del Benidorm Fest? Carta a una joven adolescente.

 El opresor no sería tan fuerte si no tuviera cómplices entre los propios oprimidos.

Simone de Beauvoir

 

Querida amiga:

“Pero ¡qué les pasa a estas señoras!, siempre encontrando la mosca en la sopa. Si como dice el Presidente, la canción de Nebulossa[1] no es sólo feminista, sino divertida. Qué aburridas, seguro que no saben ni bailar”, tal vez pensarás. Y mira, te aseguro que no es eso. Entre las que criticamos la pieza, hay de todo, más o menos bailonas y fiesteras, más o menos divertidas. Si nos escandaliza la pretensión de que “Zorra” pudiera ser, como se ha dicho, “un himno feminista”; es por el gato estrepitoso que de ese modo nos cuelan por liebre. Y porque el daño que puede hacer con sus uñas es al corazón, al cuerpo entero y mucho mayor del que parece.

Pero mira, no hay mal que por bien no venga. Esto nos da la ocasión para que hablemos de lo que está pasando. Pensamos que más allá de las intenciones, ese mismo gato se está colando, en los mensajes de cierto “feminismo” muy publicitado en nuestros días. Mensajes, que al pasar por liebre, resultan contraproducentes, y desde nuestro punto de vista, ponen al feminismo entre comillas, porque suplantando su agenda, aunque parezcan muy rompedores y modernos, no lo son, de hecho, implican un retroceso para las mujeres.

Es posible que tú misma hayas percibido algo en este sentido, que te hayas podido sentir incómoda (o no) y que no hayas dicho nada por no desentonar (o sí). No lo sé. Si me permites un consejo, sólo uno, lo prometo: mantente en contacto con tus sensaciones, no permitas que sea otro/a quien les ponga nombre, hazlo tú misma, con tus propias palabras y confiando en tu sentido común.

Lo cierto es que aquello del gato por liebre que te decía, es un poco duro de asumir, porque nos gustaría sentirnos mejor representadas por las fuerzas políticas, a las que muchas de nosotras hemos votado. Pero aunque no sea plato de buen gusto, estoy segura, porque estás leyendo este texto, que como nosotras, tú también preferirás verlo y no permitir que te arañe, dejándote llevar por las apariencias. Pobre gato, ¡¿qué culpa tiene él de no ser liebre?!

La cosa es que no todo lo que brilla es oro, y no todo a lo que se llama “empoderante” empodera, sino a veces, todo lo contrario. Para muestra, esta canción. La de Nebulossa, sí. Nos preocupa, como te decía, que haga más daño del que pudiera pensarse, precisamente a chicas como tú.

Mira, yo y otras compañeras feministas nos podemos partir de la risa, ¡claro que sí!, relajarnos y hacer el ganso en plan Noche Vieja, con la música pegadiza y ochentera que acompaña esta especie de “broma”. Aunque no sea nuestra música favorita, no lo es, por poder, claro que podemos, eso ¡y mucho más!, ¡ay!… si yo te contara…

Además, hemos entendido la “broma”, nosotras solitas ¡y sin que nos la expliquen! Aunque quien ofendió nuestra inteligencia, pensando que hacía falta. Algunos entre líneas e incluso sin darse cuenta, no pasa nada, a todos nos puede pasar.

Pero hay quien explícitamente nos llamó “tontas”. Sí, sí, tal cual, como lo oyes. Porque resulta que si no quieres que te digan “zorra”, ni de broma, es que eres tonta, muuuy tonta, ¿lo sabías? Cultura general, todos los días se aprende algo.

Eso fue, aunque parezca mentira, lo que se dijo en un  programa de La uno que pagamos con nuestros impuestos. Representaron con una muñeca inflable a Manuela Trasobares, una persona transexual cantante, artista del círculo de Dalí, que llegó a ocupar una concejalía de Estado, ¿sabes quién es?…

Bueno, pues el caso es que así, representada por una muñeca inflable, pusieron en su boca las siguientes palabras:

“los maricones somos maricones y no pasa nada, y las mujeres somos zorras y siempre hemos sido muy zorras y cada día más zorras, porque el ‘zorras’ es empoderar a la mujer y

la que no lo entienda es que es muuuy tonta…”[2]

Con que Manuela Trasobares representada por una muñeca inflable porno (no del todo por casualidad, Trasobares se ha carecterizado por un estilo hipersexualizado) nos denigra a las mujeres, y lo peor, en nombre del feminismo.

Todo rima, porque además, ojo, a que no existen muñecOs inflables de este tipo. De pronto todo resulta tan obvio, tan obvio, tan obvio, que le pasa (a propósito de cartas) lo que a la carta robada. ¿Conoces el cuento? Es de Edgar Allan Poe.

Entre tanto, a nosotras ya nos podrán dar la misa del gallo, pero no nos parece buena idea consentir que se nos llame “zorras”, ni de broma, ni llamárnoslo a nosotras mismas, NO, ni siquiera con ironía o sarcasmo y mucho menos por el decreto de la sonrisa presidencial.

Debe de ser muy difícil ser presidente, tener que medir cada palabra que dices y a veces, dado el contexto, hasta de lo que te ríes, ¡claro!, por los inevitables efectos que ello tiene. “¡Qué tontería!”, nos dicen, pero no es un capricho. Si te escribo largo y tendido, es precisamente para compartir contigo nuestros argumentos, para ponerlos encima de la mesa y que tú los evalúes.

Pero mientras pasamos a ello, ¿no crees que podríamos tomar este lamentable suceso televisivo en el que se nos llama “tontas”, como el primer efecto pernicioso, del lugar de representación institucional (por ser tan aplaudida desde el mismo gobierno) que se ha concedido a la pieza musical que motiva esta carta?

Que vaya por delante la libertad de expresión, pero es que ¡no va!: se están cancelando sistemáticamente las voces críticas, las que señalan la carta robada, las que creen que es gato lo que nos están dando por liebre y pasan de la misa del gallo, de creer que porque se le llama a algo empoderante lo es.

Podemos estar equivocadas, por supuesto, pero taparnos la boca y llamarnos tontas, no parece muy feminista que digamos ni huele bien.

En fin, en medio de todo, te confieso que a pesar de escucharla con oído crítico, a algunas la pieza de Nebulossa nos resulta “atractiva”. Sí, aunque de un modo extraño. Y es que definitivamente, ¡dio en el clavo! Y ya te digo, si nos diera la gana, podríamos sonreír, regocijarnos, dejarnos llevar por ella, transmite energía, ¡parece tan rebelde! Además, nada humano nos es ajeno, ni siquiera la ganas de “romper copas” y sentir que los límites son para los demás, no para nosotras. Oye, ¡es la hostia! Lo que pasa es que la libertad, la nuestra, la queremos para otra cosa, y me perdonarás que hable por ti, pero sospecho que tú también, ya me dirás.

¿Antes muerta que aburrida?, se oye por ahí, pero… va a ser que no.

No está mal eso de poder decidir de que chistecito nos reímos y de cuál no, cuándo nos sumamos a la masa en ello y cuándo no. Sé que me entiendes, aunque cuando una es joven esto a veces no es tan fácil. Digo “a veces” y por supuesto, no digo que sea tu caso ¿eh?, no lo sé. Soy “bruja” pero tengo estropeada la bola de cristal. Bueno, en realidad, nunca me funcionó ni lo intenté, prefiero escuchar.

Pero vamos a los argumentos, al análisis.

La pieza con la que se pretende representar a nuestro país en Eurovisión, es también una especie de “chiste” y como te decía, dio en el clavo. Lo que pasa es que es un clavo sangrante, y retorcido.

Además, una cosa es un chiste cuando se cuenta en un bar, y otra cuando se pretende que represente a un país, y es celebrado por su Primer Mandatario y su Ministra de Igualdad. ¿Estamos seguros de que es así como podemos detener el avance de la derecha?, ¿en serio?, ¿estamos analizando las cosas con suficiente rigor?, ¿desde qué marco?

A ver, por ejemplo, Ana Redondo, la Ministra, dijo

“creo que esta es una canción que rompe moldes, que rompe estereotipos y que además ha gustado masivamente, así de que nada que decir, es una canción que nos va a representar y que la deseo todo el éxito que pueda tener […] yo creo que es una canción divertida […] que además […] rompe con el edadismo también, y en ese sentido yo creo que la cultura y  en general la música tiene que ir un paso por delante.”

Pero una vez más, es difícil de asumir que alguien en su posición no vea que es gato lo que nos están dando por liebre. ¿Acaso es ir un paso por delante creer que la pieza musical en cuestión rompe con el edadismo, cuando lo que vemos en el escenario es a una artista que ha hecho de todo por ocultar su edad? Sí, estamos hablando de botox y tal vez de alguna que otra cirugía. No sabemos, la constitución ampara a la artista, y su intimidad merece todo nuestro respeto, faltaba más. Lo que pasa es que eso no es romper con el edadismo, sino incluso, todo lo contrario. (¿Verdad gatito?)

Si de romper con el edadismo se trataba, podrían haber llamado a una como a mí, já, pero que supiera cantar, claro. ¿Era tan difícil caer en la cuenta? Cualquier feminista lo habría pillado al vuelo, la verdad. En este sentido, creo que aunque también contradictoria, la representación visual de la versión original, lo era un poco menos…

Volviendo a las declaraciones de la Ministra, quizás está en una posición difícil, sin duda lo está. Pero una cosa es ser estratégica o cautelosa, y otra entrar en la nebulosa abonando en la confusión, por decir lo menos.

Y es que, aunque la canción nos pudiera llegar a resultar chistosa, porque nos pillara distraídas y haciendo el tonto, de qué nivel tiene que ser un supuesto “feminismo”, a partir del cual se crea que se rompen moldes, porque a diferencia de en SloMo, (triunfadora del Benidorm Fest del año pasado) sean hombres y no mujeres, los que enseñan el culo en el escenario. (¡Pobrecitos míos!, a ver si no les da un aire.) Pero de algún modo, en medio de la nebulosa y las luces rojas de neón, se da por sentado que esto nos empodera a las mujeres, cuando si a alguien afecta la pornificación de la cultura y de la sociedad, es a nosotras. Y según los datos, por las consecuencias, sobre todo a las chicas de tu edad querida amiga.  ¿Te das cuenta? Otra vez, gato por liebre.

Un gato que además, en medio de la nebulosa, le pone a algunos en charola de plata, la respuesta fácil y superficial, característica de la derecha, cuando pretende criticar al feminismo, devaluándolo, sin saber lo que es.

Y bueno, te decía que la pieza de Nebulossa es una especie de “chiste” y que dio de lleno en un clavo sangrante y retorcido. Verás, la “gracia”, el chiste de la canción (nos han querido explicar) pasa por una apropiación y supuesta resignificación del insulto. Pero digo “supuesta”, para empezar, porque dado el contexto lacerante que estamos viviendo, no solo de violencia contra las mujeres, sino de aumento de la misma, y a edades cada vez más tempranas, no lo es, no puede serlo.

Mira lo que, con datos en la mano, dijo una antropóloga, profesora de la UAB, Silvia Carrasco, presidenta de Feministas de Cataluña, en un programa de TV.

“ ‘Zorra’ se oye en las películas porno en un momento en el que estamos preocupadísimos por el aumento exponencial del consumo de porno [que cada vez es más violento contra las mujeres] entre los jóvenes y los menores de edad, y la consecuente [todo parece indicarlo] violencia en aumento espectacular, contra las chicas, contra sus iguales. Porno es, [en su estilo, la escenificación de la canción. Al grito de “¡zorra!”  [hay registros oficiales] se asesina a cien mujeres al año, en los últimos dos. “¡Zorra!” es el grito que se utiliza para hacer viral el video donde se han grabado violaciones de niñas de hasta 8 años en los institutos. No hay resignificación posible”

No sé tú cómo estás viviendo todo esto, ojalá te pille muy lejos, pero nos preocupa enormemente.

Nos encontramos así, con que la canción de Nebulossa rima con aquel “feminismo” que se ha hecho tendencia del que te hablé al principio, el que se está institucionalizando y ojo, a nivel internacional. Es un “feminismo” en el que, al parecer, “cambian el significado de las palabras [de un modo que suena rompedor] pero no cambian las cosas”, tal como señala también la antropóloga.

Por darte un ejemplo que viene muy a cuento: la violencia y el sufrimiento que implica la prostitución, no desaparece porque en la misa del gallo se le bautice ‘trabajo sexual’ ni por que se decrete “empoderante”.

Y como te decía, por supuesto que podemos estar equivocadas, casi te diría que ¡ojalá! Pero ¿sabes?, hay una constatación que continuamente nos hace confiar en nuestra intuición y en nuestros argumentos, de manera todavía más firme: el rumbo que vemos está tomando este “feminismo” del que te hablamos y ponemos entre comillas, en su engranaje, va rimando punto por punto, de manera sistemática, con la lógica de la máxima ganancia, con el capital.

Por ejemplo, ¿sabes cuánto dinero mueve a nivel global la pornografía y la prostitución? Si lo investigas, vas a flipar, no te lo vas a creer, y verás, que aquello de llamar trabajo sexual al tipo de esclavitud que implica la prostitución, empodera, sí, ¡claro que empodera!, y a lo bestia, pero no precisamente a las mujeres.

¡Pobre gato!, ¿se cansará algún día de que lo tomen por liebre? Ya se reVelará. Pero entre tanto, hay más.

Verás, la muñeca inflable con la que representaron a Trasobares, quiso abrirnos los ojos “amablemente”: “no seas tonta, ‘zorra’ es como ‘maricón’, no pasa nada”. Pero como nosotras no somos muñecas inflables ni lo parecemos, igual y podemos hilar un poquitín más fino. (Oye sí, me ha enfadado).

Resulta que ‘sudaka’, ‘maricón’ y ‘bollera’, (adjetivos a los que se quiere equiparar el de ‘zorra’) ciertamente pierden su carga de insultos, cuando el o la interesada, los resignifica apropiándoselos. “Soy sudaka de Madrid”, puede una decir y con orgullo, claro que sí. Y es en efecto una potente estrategia para denunciar y desactivar en un solo movimiento un trato discriminatorio y despectivo. Pero resulta que ni ser sudamericana inmigrante (sudaka) ni ser gay (maricón) ni ser lesbiana (bollera), son condiciones que tengan en sí mismas, nada que les haga despreciables o indignas.

Pero incluso, por ejemplo ‘mala’, por el modo en que usamos esta palabra en la vida cotidiana, en este momento no tiene la carga que sí tiene ‘zorra’. Cuando decimos “soy mala” (porque todas y todos lo somos un poco) puedo resignificar el adjetivo con orgullo, para por ejemplo, señalar una cierta ligereza de espíritu que, digámoslo así, nos permite usar la escoba para volar, renunciando al propósito de ser siempre “la buena” del cuento, a sabiendas de que no se puede, y de que intentarlo no nos haría bien ni a nosotras ni a nadie, sino todo lo contrario.

 

Cuando decimos que “somos malas”, también podemos estar haciendo alarde de nuestra inteligencia, o bien, estar desactivando con cierta ironía o sarcasmo, el chantaje mediante el cual, se nos está queriendo hacer sentir que lo somos de manera absoluta… y no sólo un poquito, já.

Hasta con ‘bruja’, que también se usa para insultar a las mujeres, la cosa, hasta cierto punto, puede funcionar. Después de todo, a las brujas las quemaban porque eran mujeres que querían ocupar, a lado de los hombres, y no debajo, espacios reservados sólo para ellos, por ejemplo, dentro del campo de la salud, de la antigua medicina. Muchas de ellas eran en realidad intelectuales.

Así de que si un día alguien te dice “eres una bruja”, le puedes decir, “bueno, pues un poco sí” y quedarte tan tranquila. Con todo, cuidado con los términos que sirven para agredir en exclusiva a las mujeres. Fíjate, a que el significado de ‘brujo’ en nuestro uso cotidiano de la palabra, es muy distinto al de ‘bruja’.

Y es más interesante todavía, el ejemplo que nos dio Laura Freixas este 14 de febrero en El País. Cuando hablas despectivamente de un cualquiera o de un fulano, por una parte, y de una cualquiera o una fulana, por la otra, ¿a que la significación es muy distinta? En el caso de las mujeres lo que con este modo de referirse a ellas está en la mira, es su sexualidad.

El hecho es que no existe un término equivalente a ‘zorra’ para insultar a los hombres, existe en cambio otro insulto, que sería, no equivalente sino complementario, el otro lado de la moneda de ‘zorra’, y que está dirigido en exclusiva a los hombres: “putero”.

Pero estoy segura de que nadie intentaría hacer una canción para desactivar la carga peyorativa de ‘putero’, para que los hombres, resignificándolo se apropien del insulto y así ya no tengan que avergonzarse, por someter a sus apetencias sexuales a mujeres, que aunque (en la enorme mayoría de los casos drogadas) den su consentimiento y finjan; no los desean, sino todo lo contrario.

No todo se puede resignificar (ni interesa hacerlo), no en cualquier contexto. Ni los hombres ni el patriarcado necesitan una canción que se llame “Putero”, a que no. Queda claro donde está el poder y donde el abuso. Es evidente lo que se prefiere dejar en la oscuridad, reservándolo para las luces rojas de neón y para las del negociado de la pornografía, que es el marketing de la prostitución.

Oye, ¡¿y si probamos con ‘calzonasos’?! Pues mira, ese es un insulto machista antiguo, quizás ni lo conozcas (sería una buena señal). ‘Calzonasos’ es un insulto que se dirige en exclusiva a los hombres. Se usa para ridiculizar a los hombres que supuestamente se dejan dominar por sus mujeres.  ¿Cómo ves?, ¿se podría hacer una canción empoderante para los afectados? Todo es ponerse, quién sabe, tal vez se podría hacer algo con él. Resignificarlo para que los hombres que se lo quieran apropiar lo hagan quitándole así la carga peyorativa que ha tenido hasta ahora.

Después del hit, Benidorm Fest mediante, “soy un calzonasos, y a mucha honra”, podrían llegar a decir a sus compañeros de oficina o a su jefe los aludidos. Tal vez no sean otra cosa que hombres igualitarios, padres comprometidos y amorosos que quieran llegar a tiempo y con buen humor a casa, para preparar la cena o bañar a su bebé, aunque eso no sea muy rentable ni sea buen negocio.

Con ingenio, ¡oye!, podría salir algo chulo, gracioso y feminista. Y sería muy lindo que todo un país (y el mundo entero) pudiera ver a su presidente sonriendo con la gracia de “Calzonasos”, la canción de moda. Original, no dirás que no es la idea, otra cosa es que tuviese posibilidades de representar a nuestro país en Eurovisión, y fuera así a la misa del gallo, porque claro, sería cosa de “gallinas”.

Lo cierto es que no todas las palabras se puede resignificar de la misma manera, ni en cualquier contexto, porque el efecto y posibilidad de las resignificaciones depende de él. Además, no es casual que interese resignificar unos insultos y no otros. Ya lo dijimos, ¿por qué ‘Zorra’ y no mejor ‘Putero’ o ‘Calzonasos’?

Pero por volver a un ejemplo más sencillo, centrándonos en la significación más inmediata. No es lo mismo apropiarse resignificándolo del adjetivo ‘mala’, que por ejemplo, del adjetivo ‘repugnante”.  Así de que conviene ir con tiento en todo esto, y no pasar por alto algunas distinciones, no vaya a ser que nos den ‘zorra’ por ‘libre’.

Con ‘zorra’ no pasa lo que con ‘sudaka’, ‘maricón’, ‘bollera’, ni siquiera pasa lo que con ‘mala’ o ‘bruja’. Esto es así dado el contexto, pero también dada la significación más inmediata que tiene la palabra. Por eso nos cuesta creer que alguien, deteniéndose a considerar a profundidad la significación del insulto en cuestión, quisiera apropiárselo, estando además tan en entre dicho la posibilidad de su resignificación.

‘Zorra’, aunque está íntimamente relacionada, no es un equivalente exacto de ‘prostituta’. En su significación conjuga por lo menos cinco elementos, que también pueden darse en ámbitos ajenos a la prostitución sexual:

  1. remite a una astucia mal intencionada que
  2. lleva a quien la ejerce, a conseguir lo que se considera, y esto es muy importante, no merece,
  3. haciendo daño a terceros,
  4. complaciéndose en ello y
  5. usando, para conseguirlo, un medio que pone en cuestión su integridad física, psíquica y moral: su dignidad. A saber, el tipo de engaño que comprometiendo al cuerpo y a los afectos, se logra fingiendo.

‘Ser una zorra’ es, por ejemplo, estar dispuesta a sufrir la vejación y tortura que implica tener sexo, fingiendo un deseo y un placer que no se tiene, a cambio de algún beneficio económico, consiguiendo con astucia más de lo “pactado” e infringiendo así un daño al hombre involucrado, riéndose de él.

El caso arquetípico sería el de la mujer que ejerciendo la prostitución le roba la cartera a su “cliente” o por dolor y rabia, lo muerde dejándolo marcado, lo cual, claro, se sale de las reglas del “juego”, del “contrato”.

Pongo muchas comillas, sí, porque como te comenté más arriba, la situación de las  mujeres en prostitución se puede equiparar a la esclavitud, y la acción de sus “clientes”, con la de pagar por violar. Lo dijo citando a Víctor Hugo en la gala de los Goya, la cineasta Mabel Lozano, que recibió el primer premio al mejor corto documental con Ava, uno más de sus documentales sobre el tema, en los que por cierto, en ningún momento hace pornografía del sufrimiento. Te los recomiendo.

Así de que el significado de la expresión en cuestión no podría ser más denso, y aunque siempre lo evoca, no se reduce al ámbito de la prostitución sexual. “Ser una zorra” es usar la astucia para engañar y llegar “a donde se quiere” sin merecerlo, fingiendo afecto, complicidad, amor, deseo, orgasmos o lo que sea, y a ser posible, riéndose del otro, que tiene poder sobre ella, generalmente un hombre. ¿Riéndose de él?… sí, por no llorar, ¡claro!

Y habría de preguntarse ¿ bajo qué condiciones una mujer termina caminando su vida por parajes tan oscuros, yendo por “el lado más bestia de la vida” [3]?  De eso va “ser una zorra” mi querida amiga. ¿Cómo ves?, ¿quién querría apropiarse de semejante insulto cuando además su resignificación, al menos hoy por hoy, parece imposible?

No debemos de olvidar en ningún momento que no existe un término equivalente para insultar a los hombres, y que cuando se le dice “zorra” a un hombre, se entiende que se le está feminizando. Y lo viste, lo que existe es un insulto complementario, el otro lado de la moneda de ‘zorra’: ‘putero’.

Ya con decir esto, algunas cosas tendrían que caer por su propio peso. ¿Es tan difícil de verlo? yo creo que no, pero mira por donde, la canción en cuestión, por el lugar mediático y el apoyo oficial que se le ha dando, lo hará difícil sin serlo. Una cortina nebulosa, en toda regla.

En relación con lo que escribió  Clara Serra en El País, también el 14 de febrero, da por sentado que si puedes banalizar el uso de un término lo estás resignificando y esto, incluso por algunas cosas que ella también dice, no es así. Pero lo más importante: ¿por qué tanto revuelo con la supuesta resignificación de un insulto y no mejor un claro empeño por cambiar la realidad de la que surge?

 Con un insulto como lo es el apelativo ‘zorra’, más que resignificarlo, para cambiar la realidad de la que surge, lo que se necesita es analizar a profundidad su significado, el modo en el que se usa. Eso nos ayuda, ya lo vimos, a desentrañar y denunciar (primer paso para cambiarla) una realidad que lacera a muchas mujeres: la necesidad de fingir, de prostituirse en mayor o menor medida, de un modo o de otro.

Pero ¡que empiece la música! De vez en cuando la canción acierta en la denuncia de lo que hay detrás del insulto: “Cuando consigo lo que quiero. Jamás es por que lo merezco”, sino porque finjo, engaño y me vendo, (porque soy una zorra) da a entender, sí, y eso está muy bien. Lo que pasa es que me da que cuando la escribieron, de feminismo habían leído, si eso, más bien poco. Que se hicieron un lío y por eso les salió una canción que en su conjunto resulta contraproducente, ¿o acaso porque de otro modo no había posibilidades de ganar?, quién sabe. Pero nosotras, sin duda, preferimos otra música, otro baile. O ¡espera!, no la apagues, que siga la música, ¿por qué no?, bailémosla, pero con otra letra.

En el arte no todo tiene por que ser lineal, ni entenderse racionalmente, de hecho no tiene por qué entenderse. Pero hay terrenos que ya son de por sí nebulosos, y hay que hacerse cargo del mensaje que se da. O al menos, elegir los escenarios, calcular la repercusión que se les quiera dar. Para algo existen, por ejemplo, las clasificaciones por edad. Como en la medicina, lo primero: no hacer daño.

(Hay aves que pasan por el pantano y no se manchan, decía el poeta,  pero también hay otras, que lo dejan peor.)

En la p.d. de esta carta te propondré el tipo de cambios que creo podría hacérsele a la pieza, para que fuera feminista, sin dejar de ser divertida, pero de verdad provocativa y transgresora. A ver qué te parecen, seguro que tú los puedes mejorar con léxico más propio de tu generación.

Entre tanto, lo más importante. Me imagino que la pieza sonará en muchas discotecas y fiestas, que bailarla y cantarla con tus amigos y amigas, puede haceros sentir cierta liberación, ser una especie de catarsis con la que podréis sentir que están rompiendo algo, algo que oprime. Pero ¿y después qué?

Para ser coherentes con el divertimento musical, ¿las chicas habrán de tragar con que ahora sea todavía más fácil decirles “zorra”, así entre broma y broma y ya de paso, también a veces, no tan en broma?, ¿y no pasa nada?

Ojalá me equivocara querida mía, pero sí pasa.

Pienso que como que no quiere la cosa, con la normalización y banalización del insulto, se desliza el entendido de que junto con la dichosa palabrita, tú y yo y todas las mujeres, tenemos que tragar con lo que haga falta y fingir que no pasa nada (que es precisamente lo que se supone hacen las mujeres a las que con tan sonoro apelativo se insulta) para llegar, ¿a dónde queremos?

Y puestas a tragar, se anda diciendo muchas cosa por ahí, por ejemplo, a ver si te suena, que si es consentida, la violencia en la relación entre chicos y chicas, es legítima. Y ese es el punto, porque si eres una “zorra de postal”, ¡¿cómo no vas a consentir?!

Por todo esto, ya lo viste en el título, me inventé una palabra, ‘zorresignificar’. A ver qué te parece, aquí su significado: dar por “resignificación empoderante” la banalización de un insulto, que así doblado, se nos puede meter con mayor facilidad a las mujeres, mientras lo celebramos, bailamos y sonreímos complacientes (fingiendo o no), porque suena rebelde, tal vez sentimos que nos libera de algo, está de moda y además, muy importante, les divierte tanto a los chicos.

¿Antes muerta que aburrida? ¡Que es sólo una cancioón!, que no hay que ponerse tan serias, que mujeeeer, ¡es una broma! Pues sí, pero entre broma y broma, ya viste cómo estamos. Hasta con la ironía y el sarcasmo, a veces hay que tener cuidado, entre la nebulosa, puede llevarnos a parajes oscuros, en un sentido muy contrario al deseado.

Por eso creo que la canción tiene mucho más que ver con los negocios y con el gato que bendecido en la misa del gallo, nos están dando por liebre, (además de con El chiste y su relación con lo inconsciente y con Psicología de las masas de Freud, ¿los has leído? ), que con el feminismo.

Por lo demás ¿“himno de la liberación sexual de las mujeres”? ¿Es eso lo que necesitamos?, ¿para ser zorras?, ¿en serio?, ¡ay!, ¿qué diría Marx?

Mira querida amiga, ya para terminar, se ha dicho de la pieza, que “es provocativa”, pero lo verdaderamente provocativo y no solo divertido, sino ¡divertidísimo!, sería que se llevara a Eurovisión una canción que fuera feminista, pero no de broma, sino de verdad, sin supuestas “resignificaciones” fallidas, que no hacen, sino de cortinas nebulosas, para tapar lo que habría que denunciar.

Eso sí que sería avanzado, todo un performance que no solo (ahora sí)  rompería moldes, sino negociados. Y aunque no “ganara”, triunfaría. Sería súper, super divertido, ya te digo. A más de uno también le ganaría la risa, sí, pero nerviosa. Sobre todo a los que hacen caja y a lo bestia, con la mafia porno/proxeneta (son inseparables).

Nosotras las feministas, en todo caso somos brujas, y modestia aparte, muy pero que muy malas, pero no somos zorras, ¡no gracias!

Es una pena que en su nebulosa, la cantante diga que pasa de todo, “que todo le da igual”, teniendo, como tiene delante, una oportunidad tan de oro. Mejor que no “alargue y se le haga de día”, necesitamos sobriedad. En este momento, sería mucho mejor y muchísimo más divertido, ¡dónde va a parar!, que se rebelara y nos diera una escandalosa y verdadera sorpresa. No hace ninguna falta que se ponga visceral, al contrario, necesitamos lucidez, templanza y valentía. Solo hace falta que se atreva y se ponga a trabajar con lo suyo. Porque mira, con un que otro cambio estratégico en la letra de la canción, ¡podría conseguir el prodigio! la metamorfosis: hacerla feminista. No haría falta que modificara ni el ritmo ni la melodía. Sería maravilloso y por siempre memorable. De eso no te quepa la menor duda mi querida amiga.

Eso sí, se puede abstener de dejar a sus chicos con el culo al aire, que no hace falta, de hecho sobra. Pobres chicos, que el feminismo no va de eso. Y con tanta pornificación, y el daño que nos hace sobre todo a las mujeres, pero no sólo, ya te lo decía, no sea que se le resfríen, que les entre un aire.

Mira, por si la ves y quieres comentárselo, es un plan maestro. ¿Te imaginas que en pleno Eurovisión cantara otra cosa? La industria cultural no lo vería venir y habiendo puesto los focos donde no debía, ya no lo podría evitar: sería una bomba mediática, un éxito, un Performance con mayúscula, sí, lleno de autentica rebeldía. Eso sí que sería dar en el clavo, pero no en uno sangrante y retorcido, sino en el que nos interesa. Sobre todo si por y a pesar de su giro, ahora sí de verdad transgresor, la cantante lograra que más de un proxeneta o putero, tuviera que abstenerse, aguantarse las ganas, ya se siente, de llamarla a ella, pero también a ti, a mí y a todas… de aquella manera.

Ahí lo dejo.

¡Gracias por tu atención!

P.-D. Cómo podría ser feminista y transgresora la canción de moda, pero en serio y no de broma. Aquí una propuesta, para que tú la mejores o hagas otra.


 

[1] https://www.youtube.com/watch?v=zSZqlQZ0_us

[2]https://twitter.com/Tramasturies/status/1755567854756249778?s=20

[3] Intrpretación de Albert Pla de Walk on the wild Said de Lou Reed.

 

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