La coeducación rescatada del precipicio queer

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Docentes Feministas por la Coeducación
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Salí del pasado Congreso Internacional DoFemCo – Recuperando la Agenda Coeducativa dividida entre la alegría de estar rodeada de magníficas mujeres realizando un trabajo ingente y formidable y la tristeza de asimilar el desolador panorama que nos oprime con gran intensidad.

El congreso de Docentes Feministas por la Coeducación, DoFemCo, puso encima de la mesa el trabajo de décadas por alcanzar la igualdad entre mujeres y hombres desde todos los niveles educativos; asistimos a un repaso histórico de la lucha de las mujeres en esta dirección, primero por el acceso a la educación y después por su participación en y para la igualdad; se habló del uso del lenguaje y de la lucha por que se incluya en él a las mujeres; de la recuperación de la genealogía y la justicia de visibilizar las contribuciones de muchas mujeres olvidadas en la historia; del objetivo de desterrar los estereotipos asociados a los campos del conocimiento y de la actividad profesional para la participación plena de las mujeres en todos los sectores; de la necesaria atención específica a las niñas y mujeres de origen inmigrante, defendiendo sus derechos y su libertad; de la prevención en las aulas de la violencia machista a través de la imprescindible toma de conciencia de chicas y chicos para evitarla; del destierro a través de prácticas coeducativas de las actitudes machistas ya presentes desde la más tierna infancia; del infradiagnóstico de niñas con diferentes trastornos por el impacto de los estereotipos sexistas y la necesidad de abordar este sesgo para ayudarlas; o de la inclusión de una educación afectiva y sexual adaptada a cada etapa del desarrollo que persiga la igualdad y el respeto mutuo a través de la perspectiva feminista.

Estos objetivos, junto a muchos otros globales y específicos, constituyen el inmenso trabajo en coeducación realizado por cientos de mujeres con el fin de lograr una sociedad igualitaria y justa en la que no haya discriminación por razón de sexo, unos objetivos que se nombran en la legislación educativa y que cualquier persona racional en un país democrático debería defender.

Pero más que destacar los avances y logros de la coeducación, el II Congreso de DoFemCo puso en evidencia la ofensiva actual que frena o impide la consecución de sus objetivos: la influencia del neoliberalismo cultural y de las ideas transgeneristas en las aulas y en toda la sociedad. El anterior I Congreso Internacional Dofemco – La Ideología de la Identidad de Género en las Aulas de noviembre de 2021 ya constató a través de información contrastada el asedio que la ideología de la identidad de género ejerce sobre los sistemas educativos para convertir la escuela en una fuente de creación de “infancias y adolescencias trans” mientras se cancela y censura toda la crítica a estas ideas, pero este II Congreso de DoFemCo fue más allá, revelando, además, la influencia del neoliberalismo, el posmodernismo y el transgenerismo en la destrucción del trabajo realizando durante décadas para alcanzar desde los centros educativos la igualdad entre mujeres y hombres.

Asistimos a la transformación del lenguaje, que deja de nombrar a las mujeres, robándonos nuestras palabras y significados en un proceso de gentrificación semántica; se reinvisibilizan las mujeres en la historia, transformadas artificialmente en hombres por no ajustarse a los estereotipos sociales; se abandonan los datos desagregados por sexo, impidiendo detectar la desigualdad y actuar para corregirla; se conculcan los derechos de las niñas inmigrantes a través de una agenda antirracista que no las incluye; se diseñan programas de formación del profesorado basados en la “pedagogía queer” que sustituyen la igualdad por la diversidad de “géneros”; se introduce una educación afectivo-sexual que promueve la violencia sobre las niñas y mujeres blanqueando la explotación sexual y negando la biología con posiciones anticientíficas; se constata una intensa influencia sobre las y los adolescentes de los contenidos audiovisuales y redes sociales que transmiten un mensaje de empoderamiento a través de la hipersexualización y de la naturalización de la violencia; se desarrollan programas “coeducativos” institucionales en los que desaparecen las palabras niña y mujer, se crea una confusión constante entre sexo y género, concebido este como identidad y se banaliza el consumo de pornografía entre menores; se observa el avance de las ideas transhumanistas de la mano del transgenerismo y de la posmodernidad; desaparecen de los centros educativos los aseos y vestuarios separados por sexo, negando a las niñas y mujeres el derecho a sus espacios de intimidad y seguridad; asistimos a través de textos de referentes de la ideología queer a una normalización de la pedofilia y a la pornificación de la infancia; vemos cómo muchas jóvenes lesbianas se ven empujadas a llamarse “chicos trans” al ser más sencilla la aceptación de lo “trans” que del lesbianismo; o se confirma cómo profesoras e investigadoras están viviendo la cancelación, el acoso y la expulsión de la vida académica por hacer uso de su conciencia feminista en una universidad dominada por la doctrina queer y el transactivismo y empeñada en cercenar la libertad de opinión, de expresión y de cátedra.

Asistimos a la transformación del lenguaje, que deja de nombrar a las mujeres, robándonos nuestras palabras y significados en un proceso de gentrificación semántica

En la actualidad, el feminismo en las aulas consume su energía ya no tanto en el trabajo para avanzar hacia la igualdad desde las diferentes áreas, sino en la defensa frente a la actual reacción patriarcal contra ella, que procede tanto de los sectores más conservadores, que atraen a cada vez más adolescentes que niegan la violencia machista, como de los sectores autodenominados “progresistas” y “feministas” que a través del relativismo subjetivo posmoderno tergiversan la naturaleza biológica del sexo y niegan las construcciones impuestas socialmente sobre la diferencia sexual, ejerciendo de soldados inquisidores para la extensión y defensa de un dogma que, impulsado por el capitalismo más voraz, persigue la “deconstrucción de los sexos” para obtener rendimiento económico de la transformación de los cuerpos y de la explotación sexual y reproductiva de las mujeres, con todo su poder destructor.

Falta mucho para asistir a un congreso educativo en el que se celebre que las mujeres hemos recuperado nuestras palabras y nuestra historia, que estamos presentes en los currículos, que no hay saberes masculinos ni femeninos, que se atiende adecuadamente a las niñas y niños con necesidades educativas especiales, que recuperamos nuestros espacios, que desaparece la violencia hacia las niñas y mujeres, que se nos trata con respeto, como humanas, no como objetos de consumo masculino, que se respeta la orientación sexual, que se protege a la infancia y no se experimenta con ella, que se recupera el rigor científico, que las religiones y dogmas ya no tienen cabida en las aulas o que se debate y se discuten las ideas con respeto y libertad, satisfechas de trabajar en una escuela que no persiga la diferencia como un fin, sino que desde la diversidad humana el objetivo sea la igualdad social, una escuela que defienda los derechos humanos y los valores democráticos.

Falta mucho para asistir a un congreso educativo en el que se celebre que las mujeres hemos recuperado nuestras palabras y nuestra historia,

Soy de las que piensa que la educación por sí misma no transforma la sociedad, sino que es reflejo de ella. Pero en todas las sociedades hay mujeres y hombres que luchan por cambiar las cosas, por eliminar las injusticias, por romper barreras y por conseguir un mundo mejor. Como parte de la estructura social, la educación también cuenta con ello, y DoFemCo es un ejemplo de resistencia y activismo defendiendo con firmeza lo que nunca se tendría que haber perdido, la coeducación, y lo hace con el rigor que caracteriza su labor, rescatándola del precipicio al que ha sido conducida, hasta que podamos volver a trabajar en los centros educativos con total libertad y con el objetivo de alcanzar la igualdad entre niñas y niños, entre mujeres y hombres.

Gracias, compañeras.


María Loureiro González. Profesora de Tecnología en Educación secundaria y miembro de DoFemCo.

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