El recuento de cadáveres de mujeres y menores asesinadas por Violencia de Género a día de la publicación de este artículo es, en el mes de julio, de 11 mujeres y 2 menores (no cuenta la madre de una de estas mujeres en esta tipificación, pero ha sido asesinada por violencia de género) esto hace un asesinato diario; 27 mujeres asesinadas y 9 menores en lo que va de 2024, 6 asesinatos cada mes. Más de un asesinato a la semana. Y así año tras año.
Me gustaría volver a explicar por qué la importancia de llamar a esta violencia por su nombre: Violencia de Género. Ya sabemos que el nombre proviene del rol de inferioridad que históricamente se le ha adjudicado a la mujer (género) según CEDAW, Convenio de Estambul y la LIVG, pero quiero incidir en otro aspecto y es tratar cada tipología de violencia contra las mujeres según sus necesidades específicas. Nombrar u ocuparse de una no implica no hacerlo de otras: trata y prostitución, agresión sexual, acoso laboral por razón de sexo, vientres de alquiler, discriminación en el deporte… todas son violencias machistas, pero cada una de ellas necesita de su política implementada de manera específica. Reivindico y creo en la necesidad de que sea nombrada una y otra vez por sus necesidades concretas, por su magnitud insoportable, por sus dolientes características.
De la campaña del Ministerio de Igualdad “Y tú, ¿vas a hacer algo?” la reconocí en un principio acertada, es indudable que la población en su totalidad tiene que estar implicada, Lo hice desde el análisis de que el propio Gobierno tiene que poner las directrices para que la población, primero, sepa identificarla, y luego, se sienta segura al actuar. Craso error por mi parte, porque después del último Comité de Crisis hace quince días por el cúmulo de asesinatos, también en un fin de semana, aún no conozco cuáles son las medidas que se van a tomar en evitación de esta masacre.
Es notorio que este nuevo ejecutivo ha heredado hilo por pabilo la desastrosa e indignante gestión del equipo anterior, y con esta campaña, por sí sola, ponen el acento en el último punto de la lucha. Modificar la pauta de comportamiento de toda la población necesita que todo un repertorio de medidas anteriores hayan sido implementadas y resulten eficaces y permanentes. Es responsabilidad del Estado.
También es evidente que los asesinatos a mujeres y menores por Violencia de Género es un delito de terrorismo. No voy a comparar datos porque no voy a comparar muertos. Según el art. 573 del Código Penal en materia de Terrorismo, “Se considerarán delitos de terrorismo la comisión de cualquier delito grave contra la vida o la integridad física, la libertad, la integridad moral, la libertad e indemnidad sexuales, el patrimonio (…) cuando se llevaran a cabo con cualquiera de las siguientes finalidades: 1.ª Subvertir el orden constitucional, o suprimir o desestabilizar gravemente el funcionamiento de las instituciones políticas o de las estructuras económicas o sociales del Estado, u obligar a los poderes públicos a realizar un acto o a abstenerse de hacerlo. 2.ª Alterar gravemente la paz pública. 3.ª Desestabilizar gravemente el funcionamiento de una organización internacional. 4.ª Provocar un estado de terror en la población o en una parte de ella”. El terrorismo tiene recursos específicos: usémoslos.
Seguidamente, se hace urgente separar del mismo departamento y cargos la política de las diferentes violencias contra las mujeres, la política de la Igualdad, de la gestión de la Diversidad. Qué decirles de las confusiones no inocentes de conceptualidad; de las prioridades; de los recursos desviados…es tan flagrante la falta de voluntad política de llevar con rigurosidad el área de las mujeres dentro del ministerio que la pregunta que surge a diario es por qué las mujeres no les importamos.
A partir de ahí falta toda una gestión de entender el fenómeno, de implicar a todas las administraciones, de un liderazgo responsable y de un equipo de Gobierno que planifique con la máxima urgencia una estrategia que tiene que dar reflejo a las Leyes y Pactos emanados de esta necesidad. ¿Los recursos? Cuantos más, mejor, claro, pero gestionar y saber dónde están los casi 700 millones actuales destinados sería ya increíble.
Echo en falta que todos los corporativos profesionales implicados en la actuación directa en la protección de las mujeres reclamen, cada uno en su campo, más recursos y toda la responsabilidad. No les oigo. Oír desde el conocimiento de sus especialidades cuáles son los aspectos urgentes a cubrir haría a una masa de expertos punta de lanza de la gestión para acabar con que nos maltraten, con que nos maten. Para ello, bien es verdad, tendrían que tener la complicidad y responsabilidad de unos medios de comunicación que se han vendido a otros intereses vulnerando completamente sus códigos deontológicos y toda ética profesional en un solapado interés por no dar voz a las mujeres ni al grueso de profesionales que trabajan en este país por nosotras. Nos están matando, el periodismo ha muerto.
Estamos tan hartas que cualquier acción es bienvenida, pero es que no la hay. ¿Insolvencia? ¿Falta de voluntad? ¿Intereses? El Gobierno, ¿va a hacer algo? Comparezcan de urgencia. Respondan. No merecemos este silencio cómplice. Somos las mujeres de este país.


