Sentirse mujer

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Cuando me levanto por la mañana y abro los ojos, lo primero que hago es sentirme mujer, ¿no os pasa a vosotras? Pues qué raras sois. Siento la feminidad abrazándome con sus tacones, vestidos y maquillaje, con sus brillos y su glamour. Mis mañanas son una mezcla de anuncio de compresas y de perfume, donde la sangre brilla por su ausencia y en su lugar son todo nubes blancas y mujeres estupendas y felices sin dolor menstrual. Donde se nos explica que llevar unos tacones imposibles, un vestido encorsetado y, por supuesto, un pelo perfecto (el de la cabeza claro, del otro ni rastro), maquillaje y mil retoques nos convierte en verdaderas mujeres, y no lo que somos las que nos ponemos unos vaqueros y una camiseta y osamos salir a la calle sin maquillar o aún peor, sin depilar (a la hoguera con nosotras). Y es que todas las mujeres sabemos que ser mujer es eso: sentirse mujer por todos los complementos que nos definen y que ninguno tiene que ver con el sexo biológico, faltaría más.

El otro día leía en Internet una reflexión muy interesante, que nunca verás a un señor diciendo que empezó a sentirse mujer cuando vio a su madre fregar los platos, hacer la comida o cuidar de los enfermos. No, todos supieron que eran mujeres cuando se probaron por primera vez unos tacones o un vestido y se vieron hipersexualizados, cumpliendo así sus sueños y sus filias.

Porque… ¿qué es ser mujer? ¿Es un sentimiento? ¿De verdad esos hombres que dicen sentirse mujeres saben lo que es sentirse mujer? ¿Un vestido o unos tacones pueden hacer que te sientas como si fueses de otro sexo? Si una performance así tiene esa capacidad de transformación propongo que lo extrapolemos a otros ámbitos y por ejemplo, nos vistamos todas como refugiadas o demandantes de asilo a ver si así, sintiéndonos como ellas, somos capaces de empatizar y buscar salidas reales a su situación. O podemos vestirnos con el burka o el hiyab, esto le iría muy bien a más de un señor que defiende la diversidad a través del uso de estos elementos profundamente machistas y deshumanizadores, para ver cuánto de bien, de felices y libres se sienten las mujeres que lo llevan.

Yo no me siento mujer, soy mujer, es más, no noto ninguna de las cosas que me hacen ser mujer, como los cromosomas o el aparato reproductor. Soy mujer porque nací así y por mucho que lo intente no podría explicar qué siento, por lo que dudo que un hombre al que le guste verse con vestidos o maquillado me pueda explicar qué es sentirse mujer. Es más, yo cuando realmente siento el género es cuando me oprime, soy consciente de que soy mujer cuando tengo miedo al volver a casa de noche, sola y por algún lugar oscuro. Soy consciente de que soy mujer cuando veo que me pagan menos que a mi compañero por realizar el mismo trabajo. Cuando en un bar le ponen a mi pareja la cerveza y a mí el refresco aunque hayamos pedido al revés. Cuando me llaman a mí siempre del colegio de mis hijos cuando alguno está enfermo. Cuando me juzgan por no depilarme, por no maquillarme o por no arreglarme. Entonces sí que me siento mujer, porque siento la injusticia y la opresión que supone el género, porque, que no os engañen, el problema no es el sexo con el que naces, sino el género, ese corsé profundamente doloroso que limita nuestra libertad.

Las mujeres somos hembras humanas adultas y punto. Y esto no debería ser un escollo desfavorable, no debería implicar empezar la partida sabiendo de antemano que el juego está amañado -y no precisamente a tu favor-. No debería implicar vivir con miedo o en desventaja, vivir juzgada y oprimida, pero lo es. Así que basta ya de decir que os sentís mujeres porque os guste vestiros “de mujer”, porque os gusta usurpar nuestros pocos espacios, esos que nos hemos ido ganando con tenacidad y mucha lucha, porque al usurparlos sentís que nos habéis vuelto a ganar la batalla y no lo vamos a permitir. Mientras dejemos que sea el género el que defina el sexo, viviremos en una jerarquía opresiva en el que todos, pero en especial las mujeres salimos perdiendo. El género es jerarquía, no identidad. Por ello y aunque nos intenten acallar y nos acusen de transfobia, las feministas seguiremos luchando contra él ya que sabemos que su abolición es necesaria para ser libres.

 

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