El culto entusiasta, desmedido y sin tapujos que El País le profesa al transactivismo me asombra. Tanto, que decidí llevar la cuenta de su propaganda proqueer.
Y este es el resultado: desde el 1 de agosto hasta el 6 de septiembre encontré 16 publicaciones de diversos tipos sobre el tema: noticias, reportajes, entrevistas, opinión, editoriales, columnas, colaboraciones… En resumen: una publicación pro-trans cada dos días… Así, en poco más de un mes, han dedicado dos reportajes a “la genial artista Samantha Hudson”, han entrevistado a “la gran actriz Karla Gascón” y le han pedido una colaboración literaria a “la insigne filósofa y excelsa escritora Elisabeth Duval”.
Cuesta entender una devoción queer tan desorbitada. Y El País no tiene reparo alguno en usar todas las tácticas manipuladoras posibles. En primer lugar, la de asimilar homosexualidad y transexualidad. Cierto, es lo que hace el transactivismo, pero, de una publicación que se supone seria, cabría esperar más inteligencia, porque ¿acaso El País considera que, por ejemplo, ser vegetariano es equiparable a ser anoréxico? En el primer caso, se trata de una opción alimentaria, en el segundo, de un problema de aceptación o rechazo de la propia realidad corporal. Pues de la misma manera, ser gay o lesbiana tampoco tiene nada que ver con la negación del propio sexo biológico.
El País aprovecha descaradamente cualquier noticia para llevar el agua a su -pestilente- molino. Así utiliza la muerte de Sánchez Silva para promocionar el transactivismo, aunque, como sabemos, el teniente coronel se declaró homosexual (homosexual, no transexual).
Otro tanto acaban de hacer con Betty Lachgar, activista lesbiana y atea, condenada a cuatro años y medio de cárcel por ponerse una camiseta en la que proclama “Alá es lesbiana”. Rápidamente El País la asimila al transactivismo, lo que supone, pues, que Alá es hombre. Nada nuevo: todas las religiones dan por supuesto que su Ser Supremo lo es, pero, El País hace un aggiornamento queer y da por hecho que Alá se ha declarado “mujer trans lesbiana” -como Elisabeth Duval, “la” soldado Francisco, Alex, Iria y etc.- pues solo así se entiende que relacionen el letrero de Lachgar con “la represión” transactivista.
Otra maniobra repugnante: dice defender la diversidad y las minorías, pero la única minoría y diversidad que atienden es la queer. ¿Acaso en este mes han entrevistado a gitanas, moros, negras, latinoamericanos, personas con discapacidad? ¿Se han hecho eco del menosprecio y la marginalidad en la que viven? ¿Publican cada dos días artículos, datos, historias de vida, reportajes sobre las mujeres prostituidas y/o emigrantes? No, solo si ocurre un caso muy grave -un asesinato, por ejemplo- dan la noticia. Y, al día siguiente, se acabó.
Los autoproclamados trans, pese al favoritismo del que gozan en medios, en leyes, en derechos, aún tienen el descaro de quejarse. La llamada Karla Sofía Gascón proclama: “A las personas trans solo nos quieren en la sombra”. El País, un diario al que en su día le concedíamos cierta credibilidad, no cuestiona tan desvergonzada patraña, porque ¿alguien conocía a Carlos antes de que se llamara Karla? ¿lo habían nominado, no digo ya al Oscar, sino a cualquier premio de quinta categoría? ¿lo invitaban a eventos y festivales cinematográficos? ¿protagonizaba films de famosos directores?
El País cavila sobre la conveniencia de que los roles de personajes trans (tan abundantes en la actualidad) solo los asuman trans… Pregunto ¿solo los curas podrán hacer de curas, solo los médicos de médicos? El ridículo es monumental, claro. Y adiós a las películas de superhéroes porque ¿dónde encontrar uno?
Y no, no debemos banalizar estos delirios porque sirven para encubrir la violencia patriarcal contra las mujeres. Así, el día 3, El País recogió estas palabras de Bianka Rodríguez, trans de El Salvador: “Las personas LGTBI+ deben elegir entre el exilio o la miseria”. Las feministas desaprobamos, por supuesto, que la ley persiga a una persona por cómo se percibe o cómo se siente, pero nos indigna que El País calle la tremenda violencia sexual que sufren las mujeres y las niñas en El Salvador. Según el Observatorio de Derechos Humanos (OUDH), en 2023 -y en una población total que no llega a 6 millones y medio de personas- fueron abusadas 5.430 niñas y adolescentes (también algunos niños). Y, para mayor escarnio, el aborto está penado hasta con 30 años de cárcel incluso en casos de violación o de peligro de muerte para la embarazada. Y conocemos casos trágicos de criaturas de menos de 12 años violadas por su propio padre a las que se les aplicó la ley.
El País rara vez entrevista a una mujer genitalmente mutilada (y son 120 millones), ni entrevista a una violada (y son muchos más millones aún), ni presta atención a la masiva y sistemática violencia que sufren tantísimas mujeres en el mundo. Así, por ejemplo, después del terremoto de Afganistán, El País solo ha aludido muy de pasada a la inhumana realidad de que los rescatistas prácticamente solo socorrieran a los hombres.
La desbocada propaganda transactivista de El País es difícilmente comprensible. Porque sí, la ideología neoliberal narcisista está en boga; y sí, ante la crisis de ventas, la prensa necesita fondos y el transactivismo distribuye -y de las más diversas maneras- montañas de dinero y de prebendas; y, sí, El País es muy pro-PSOE y el PSOE promulgó la ley trans, pero, con todo, tal fanatismo asombra.
Asombra y repugna


