Las mujeres, “pozos de bondad”

Pilar Aguilar
Pilar Aguilarhttp://pilaraguilarcine.blogspot.com.es/
Analista de ficción audiovisual y crítica de cine. Licenciada en Ciencias Cinematográficas y Audiovisuales por la Universidad Denis Diderot de París. Lee el blog de cine de Pilar Aguilar: http://pilaraguilarcine.blogspot.com.es
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Constatamos que, en tres siglos de historia, el feminismo ha conseguido grandes avances, ha derribado muros e irracionalizado preceptos patriarcales. Pero igualmente constatamos que -remedando a Cernuda- “seguimos prisioneras entre muros cambiantes”.  Y, en efecto: cambian las formas, pero la espina dorsal del patriarcado, su mandato esencial, sigue vigente: las mujeres hemos de velar por el bienestar de los hombres, cuidar sus necesidades y atender sus deseos.

En el momento histórico que nos ha tocado vivir, la lucha por nuestra liberación sufre dos tremendas embestidas:

  1. Los partidos llamados de “izquierdas” se han apropiado del término feminismo (y de su familia léxica) falsificando y pervirtiendo el contenido a fin de sustituirlo por propuestas que son, incluso, contrarias a nuestra agenda.
  2. El neoliberalismo transactivista ha usurpado lo que significa ser mujer. Según dicen, es un sentimiento, no una opresión estructural que se nos impone a las mujeres por tener sexo femenino. En consecuencia, mientras que el feminismo combate el género (la opresión), el transactivismo lo sacraliza, lo convierte en algo elegible, en atuendo de quitar y poner, en parodia.

Estas son las actuales trampas-cepos en las que siguen quedando presas mujeres que, por otra parte, han conquistado grados de autonomía considerables.

Ejemplo ilustrativo: CIMA, Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales. Fue fundada en 2006 para luchar por la igualdad en el ámbito de la creación audiovisual. Yo la consideré durante muchos años un modelo de tenacidad y trabajo inteligente. Y, de hecho, consiguió grandes avances para las mujeres en todos los ámbitos de la creación audiovisual.

Pero hete aquí que, ahora, la nueva Junta Directiva, se define como defensora de los derechos LGTBQ+.
Lo que significa, de entrada, que acepta el refrito LGTBIQ+. Es decir, acepta que sentirse atraída por una persona de tu mismo sexo es igual que rechazar tu realidad biológica. O sea, mutatis mutandis, acepta que es igual ser vegetariana que tener problemas de bulimia, que es igual que detestar los crustáceos que tener anorexia…

Pues CIMA lo acepta. Pero va más allá: acepta que CIMA, una asociación cuyo objetivo -no lo olvidemos- es luchar por la igualdad de las mujeres en el audiovisual, debe preocuparse especialmente por las personas LGTBIQ+. Este apoyo entusiasta y sin reservas solo se exige de las asociaciones de mujeres. Ninguna otra asociación (antirracista, animalista, ecologista, empresarial, cultural, deportiva, de ayuda humanitaria, etc.) enumera entre sus objetivos fundamentales defender al transactivismo (digo transactivismo porque ya sabemos que, a la hora de la verdad, la sopa de letras se resume en “derechos” -o sea, privilegios y deseos- trans”).

Hablo de privilegios porque, como bien sabemos, solo los trans pueden decidir e imponer por ley al resto de los humanos sus deseos. Nadie, por muy alemán que se sienta, podrá ser reconocido como tal si no cumple unos determinados requisitos, nadie puede declarar que tiene una minusvalía, o que está en paro, o que sus padres son otros, sin justificarlo debidamente. Tampoco basta con sentirse soltero para volver a casarse, ni basta con sentirse muy experto en medicina para que se te permita ejercer como tal. Ni puedes conducir a contramano por una calle solo porque tú sientas que tu dirección es la adecuada… El extraordinario privilegio de autodeclararse algo (algo que, además, contradice la realidad biológica de nuestra especie) basándose en el propio sentimiento, está exclusivamente reservado para los trans.

Esos “marginados” trans que, como constatamos todos los días, son los dueños del cotarro. Pues bien, contra toda evidencia, ahí tenemos a las mujeres defendiéndolos con ahínco incluso si esa defensa ataca los propios intereses.

CIMA llamó a la manifestación transactivista que defiende la legalización de la prostitución.

Así, CIMA se alegra de que Karla Sofía Gascón reciba el Premio RNE Sant Jordi de cinematografía RNE 2026, por su “trayectoria Internacional”, colocándola a la altura de Alauda Ruiz de Azúa, Almodóvar, Carmen Elías… O sea, donde se ponga la “maravillosa trayectoria internacional” de un trans que se quiten todas las “cis”. Karla Sofía Gascón -que, si no fuera trans, no sería nada- tiene una trayectoria internacional que no tienen Penélope Cruz, ni Paz Vega, Elsa Pataky, Victoria Abril, Ana de Armas, Úrsula Corberó, Ester Expósito, Carmen Maura, Clara Lago, etc.

Pero la ceguera de CIMA va más allá. Así CIMA llamó a la manifestación transactivista que defiende la legalización de la prostitución. No se dan cuenta de que, una vez considerada un trabajo como cualquier otro, si el director o el productor así lo requieren, podrá exigir por contrato ese tipo de “servicios”, igual que exigen saber montar a acaballo o saber nadar, o irse a rodar durante tres meses a Hungría, por ejemplo.

En resumen, aquello que cantaba Nacha Guevara: “Qué voy a hacer si soy mujer y sé querer”. Escuchadla en https://www.youtube.com/watch?v=D-5yePXhFzs

La letra la encontraréis en: https://www.letras.com/nacha-guevara/1098646/

 

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