La lactancia es la leche (a veces, mala)

Pilar Aguilar
Pilar Aguilarhttp://pilaraguilarcine.blogspot.com.es/
Analista de ficción audiovisual y crítica de cine. Licenciada en Ciencias Cinematográficas y Audiovisuales por la Universidad Denis Diderot de París. Lee el blog de cine de Pilar Aguilar: http://pilaraguilarcine.blogspot.com.es

Colgué en mi muro un comentario sobre la crianza en el que opinaba: “Cuando la criatura ya se nutre con otros alimentos, a mí me parece un horror que siga «disponiendo» como le venga en gana de la teta de su madre. No le están enseñando que su madre es persona antes que madre, que su madre no es un chupete, que su madre no está para servirla”. Y me aparecieron más de quinientos comentarios. NO más de quinientos like, más de quinientos comentarios (sin contar los que se posteriormente se han borrado). Y en los siguientes post, por el estilo.
Sabía que el tema de la lactancia era conflictivo pero confieso que no sospechaba que lo fuera hasta ese punto ni que arrastrara tanta virulencia.
Destaco estos aspectos que me sorprendieron:

1 El primero, como he señalado más arriba, la enorme cantidad de intervenciones. Deduzco, pues, que las mujeres siguen necesitando espacios de debate e intercambio. No digo espacios de adoctrinamiento (eso, allá cada una que se apunte a los que quiera) ni espacios informativos (que seguramente también se necesiten, no sé) ni asociaciones militantes (feministas o políticas en general) digo espacios para contar las propias experiencias e intercambiarlas con las de otras mujeres.

2 La tremenda emotividad que arrastra el tema y que nubla la comprensión lectoraEn ese sentido me llama la atención; A) Que una opinión (la mía, en este caso) se interprete como un ataque personal. Algunas se sentían agredidísimas. Como si yo las estuvieran insultando a ellas en particular con nombre y apellidos. B) Daban por supuesto (no sé de dónde lo deducían) que yo exigía una ley estipulando cómo, dónde y hasta cuándo dar de mamar. Y por eso clamaban: “¿quién eres tú para imponernos tu voluntad?”. C) Peor y más alucinante aún: algunas entendían (aunque “entender” no sé si es el verbo adecuado) que yo, financiada por Nestlé, exigía sustituir obligatoriamente la lactancia por el biberón de leche maternizada.

Me parece normal que no se comparta mi criterio, se critique y, en consecuencia, como hacen algunas, se razone y alegue en contra. Pero me asombran que me achaquen propuestas que yo ni remotamente formulo.

3 Luego, hay otro grupo que directamente injuria. Me llaman “vieja senil” o “vieja ortodoxa”. Aunque ignoro por qué lo de ser vieja les parece algo tan vergonzoso, pero sí, varias insisten. Incluso matizan, como Olalla Pérez: “a ver si esas neuronas rancias y envejecidas espabilan un poco”.
Me llaman “hipócrita”, “ignorante”, “prejuiciosa”, “aburrida”, “adultocentrista” (preciosa palabreja ¿verdad?), “pelotuda” (opinan que soy de una “pelotudez cósmica”). Me dicen que “apesto”, que me tienen “cero respeto” (eso queda claro, sí), que soy sumisa y/o que estoy patrocinada por Nestlé.
Me atribuyen “fobias patriarcales, misóginas y paternalistas”, “prejuicios de clase” (¿?).
Una tal Leticia Jiménez asegura: “te falta el pene para poder decir que haces mansplaining”. A lo que una tal Almudena Muñoz Gracia apostilla: “Lo tiene, pero está atrofiado”.
Quizá por eso, también me “acusan” de “no tener sexo ni orgasmos”.
Aseguran que odio la maternidad, soy enemiga de los niños (sí, sí) y estoy “guiada por la maldad”. Una añade: “nunca te reproduzcas le haces un favor a la humanidad”.
En medio de semejante avalancha es imposible contestar ni argumentar. incluso resulta difícil mantener el equilibrio y la cortesía. Caemos (y me incluyo) en comentarios acerbos. Ahora bien: los insultos, las groserías, las injurias y las descalificaciones provienen del bando de las illuminati de la ultracrianza (así he decidido llamarlas). No que todas sean así pero sin duda sus escuadrones están petados. Y no es una opinión subjetiva. Quien tenga humor, puede verificarlo leyendo los hilos…

4 Y, como apunté antes, dicen que quiero imponer (no defender sino imponer) mis criterios y que quiero obligarlas a hacer esto o aquello. Una exclama en pleno éxtasis reivindicativo: “No podrías vos quitarme mi libertad. Tampoco podrías nunca sacarme lo que yo siento cuando miro los ojos de mi hija de casi 3 años cuando le doy mis tetas”.
Y yo, vuelvo a repetir, no quiero obligarlas a nada (ni quiero, ni puedo, ni en ningún momento lo propongo) mientras que ellas sí pretenden obligarme a no opinar sobre ciertos temas. Alguna incluso me manda una lista bastante detallada sobre los asuntos que sí puedo abordar y sobre los que no. Me acusan de querer imponerme, pero son ellas quienes me dan órdenes y me fijan prohibiciones… concretamente me señalan que sobre maternidad y crianza no debo hablar. Ni yo ni, nadie que no haya parido (salvo si eres uno de esos señores gurús a los que veneran…).
Una tal Michell Rodríguez dice: “Si no tiene hijos me paso su opinión acerca de la crianza por donde me paso el papel de rollo”. Eva Ixchel Villarreal me ordena: “si no lo has vivido CÁLLATE” (las mayúsculas son suyas).
Este veto me alucina. Yo no he parido ni amamantado. No se me ocurre, ni por asomo, opinar sobre lo que se siente durante el parto o durante la lactancia. Pero no hablo de lo que siente una mujer mientras da la teta. Pienso, eso sí, que criar y educar es muchísimo más que “sentir”. Lo cual no significa sino todo lo contrario, que se deba prescindir del cariño en la crianza. El cariño es la base. Estas aclaraciones deberían ser innecesarias por obvias aunque las illuminati de la ultracrianza seguirán acusándome de predicar el desamor, el odio a los niños y de promocionar los productos Nestlé (a ver si, con suerte, Nestlé se entera y me paga un sueldo vitalicio o, por lo menos, me envía una caja de bombones de los buenos).

5 Deduzco, además, que para ellas el parto concede ciencia infusa… Dan por supuesto que, con la bajada de la leche, baja también el espíritu santo que las ilumina. Por eso una mujer, desde el momento que pare, ya sabe todo. Y por eso, si oye una opinión sobre cualquier asunto relacionado con el parto, la lactancia, la maternidad, la crianza, etc. (incluso una opinión que no le esté especialmente destinada) se la toma como un insulto, una descalificación total de su persona. Y ojo, que yo comprendo el hartazgo de quien esté todo el día recibiendo opiniones (si es ese el caso) pero de ahí a pensar que solo “una madre y su cría” saben, conocen y sienten…

6 Otro punto que me llamó poderosamente la atención: cuando se me vino encima la avalancha de intervenciones (incluso antes de que empezaran a ser tan brutales y agresivas) me di cuenta de que no podría responder y ni siquiera leerlas todas. Como, además, algunas intervenían incansablemente, una y otra vez (una tal Mireia Long ha hecho unas doscientas ella solita) las invité a dejar mi muro y seguir comentando todo lo que quisieran en otro. Concretamente propuse el de Lorena Moncholí a quien se la veía segurísima de saberlo todo, todo y todo, disfrutando lo suyo, explayándose sin recato alguno sobre el tema y encantadísima de haberse conocido. Oye, pues nada, ni caso. Y yo, como Lola Flores: “Si me queréis, irse”. Pues na. Pasé a decirles: “Si no me queréis, irse también, incluso con mayor motivo. Irse, por favor”. Argumenté que estábamos en mi muro, a lo que una replicó: “Tu muro? Será que lo compraste?” Pasé a intentar espantarlas usando la ironía. Sin éxito… Luego, entrando en sus muros, comprobé que varias de las más encarnizadas y tozudas tienen negocietes en torno a la lactancia y la maternidad. O sea, seguían porque andaban haciéndose propaganda y viviendo su momento de gloria. Y porque algunas (o las mismas) tienen un viejo colmillo retorcido conmigo y estaban “dándome mi merecido”. Antes de irse, tenían que brearme. Por fin, dice Ruth Gimenez Martin: “yo creo que sí, no nos hemos dejado nada, repasemos, ignorancia, irresponsabilidad, juicios sin fundamento,… bien! Misión cumplida por aquí!” Lorena Moncholí y Mireia Long la jalean.

Nota: algunas frases entrecomilladas están mal redactadas pero las conservo así porque son citas literales.
NOTA BIS: En este artículo resumo lo que ha pasado. En otro próximo, argumentaré mi posición. O sea, que asustarme, no me han asustado. Pienso seguir…

Pilar Aguilar
Pilar Aguilarhttp://pilaraguilarcine.blogspot.com.es/
Analista de ficción audiovisual y crítica de cine. Licenciada en Ciencias Cinematográficas y Audiovisuales por la Universidad Denis Diderot de París. Lee el blog de cine de Pilar Aguilar: http://pilaraguilarcine.blogspot.com.es

Comentarios

  1. Buenos días, Pilar, la afirmación infeliz que publicaste no tiene ni pies ni cabeza. Claro que una madre es persona antes de ser madre, pero da la casualidad que un bebé no tiene ni idea de esto, ni lo puede comprender porque le falta por completo la madurez y la experiencia necesaria para entender siquiera el concepto de mujer en sí. Y no, no lo va a aprender negándole el acceso al pecho que está diseñado que sea accesible hasta los 4-5-6 años de edad ya que los seres humanos formamos parte de los mamíferos, y todos tienen el mismo comportamiento biológico. Mis hijos dispusieron como les vino en gana de mis tetas 🙂 y yo encantada por que así sea. ¿Sabes por qué? Porque este período duró sólo 4 años de nuestras vidas. Porque precisamente por ello me respetan y me aman más. Porque esto me permitió asegurarles una buena base de salud emocional y física. Porque me apeteció hacerlo, eran los mejores momentos para disfrutar de la cercanía y la tranquilidad. Y porque amamantar no va de sentirse “esclava” del bebé, sino de saber que eres su cobijo, su fuente de alimento, de aprendizaje, de alegría y de paz. Si no quisiera hacer esto no tendría hijos. Fácil.
    Ser mujer de entrada da la posibilidad biológica de ser madre. Y el bebé, el niño, conoce a su madre primero por su papel de madre; sólo muchos años después logra comprender también la otra faceta de mujer que tiene su madre.
    Porque los hijos de seres humanos nacen a través de sus madres. Si no necesitaran su cuerpo, sus tetas, su leche, sus abrazos y su calor, nacerían de los huevos, como las tortugas marinas, solos en la playa y se irían a correr solos al agua en cuanto salieran de entre las cáscaras.
    Yo personalmente, si estuviese en tu lugar, pediría perdón, y me iría a escribir sobre otras cosas, no sobre maternidad o lactancia, ya que no podemos opinar de forma objetiva sobre lo que desconocemos y/o no respetamos en absoluto.

  2. Creo que sobre este tema la referencia fundamental sigue siendo «En favor de las niñas» de Elena Gianini Belotti, a la que no se puede acusar de reaccionaria. Recordemos lo que dice sobre la importancia del amamantamiento para los bebés, del beneficio de que puedan elegir ellos cuando dejarlo, y de la discriminacion hacia las niñas incluso en este aspecto. Me parece que ahora hay una gran confusión sobre un asunto fundamental: incluso en la sociedad mas justa hacia las mujeres, los bebés dependeran de sus madres, y cuidarles según sus exigencias hasta que empiecen a ser autónomos es lo unico que se puede hacer, ya que ellos no pueden defenderse o entender un rechazo sin vivirlo como un rechazo de ellos mismos. Es su propia indefensión lo que obliga a ponerles en el primer lugar, y esto conlleva sacrificios. Si no se esta dispuestas a esto, mejor no ser madres. Suelo estar de acuerdo contigo, pero esta vez tu tono hacia los niños que podrían creer que su madre esta a su servicio me parece la versión feminista de ciertos comportamientos tiránicos hacia los bebés «para educarles y erradicar los caprichos».

    • No extraigo yo de este párrafo que la lactancia tenga que ser hasta los dos, tres o cinco años. Que haya que hacer sacrificios por los hijos todos lo sabemos, y no solo de bebes. Que son nuestra prioridad, seguro, incluso en las madres que como yo decidimos nosotras solas (no los bebés, entes que no tienen capacidad para decidir por sí mismos) hasta cuándo damos la lactancia. Si yo no te digo ni a tí ni a nadie que dejes de dar el pecho a los ocho meses, como hice yo, quién eres tú para decirme a mí que no sea madre porque no entiendo lo que es el sacrificio por los hijos. Ojalá todo el sacrificio que hay que hacer por un hijo en esta vida fuera el de la lactancia. Que, por cierto, yo no lo viví como un sacrificio, fue un auténtico placer. Y cuando dejó de serlo, y estaba segura que mi hija iba a criarse perfectamente bien, le retiré el pecho.
      Yo aquí solo veo un problema de intolerancia. Que por desgracia está muy extendido en esta sociedad que debería ser más libre, independiente y autónoma que nunca. El «no juzgarás» debiera ser un mandamiento de obligado cumplimiento.

        • Y otra cosa: en que hay madres que dan la teta para distraer a los niños, etc., estoy de acuerdo contigo. Si un bebé llora, también se puede calmar enseñándole algo o cantando, o lo que sea, ya que la mente y la curiosidad también necesitan alimento.

  3. Yo sí soy madre, si he dado el pecho a mi hija (los ocho meses que decidí darle el pecho) y sinceramente, siento horror cuando veo a un niño de cuatro años, comerse unos espaguetis, unas chuletas de cordero y a continuación la teta de su madre. Me horroriza, lo veo innecesario de todo punto. Lo hicieron nuestras abuelas con nuestros padres porque no tenían otra cosa que darles. Estoy convencida de que el vínculo que se crea con los niñ@s es de todo menos sano.
    Muchas madres usan la teta porque no saben educar a sus hijos. Para que se callen, no molesten, cuando se cansan de los dibujos en las pantallitas… a la teta. El niño se relaja y ya no da por saco. ¿O quieren demostrarnos al resto de la humanidad que son mejores madres que nadie? ¿Es una lucha para ver cuánto tiempo se da el pecho a un hijo? ¿Más tiempo = mejor madre?
    Y lo peor, todas estas mujeres se han convertido en unas talibanes de la lactancia. Soy madre, y me considero mejor madre que muchas de ellas, aunque retiré el pecho a mi hija a sus ocho meses. Quería mi cuerpo para mí. Así de egoísta soy. Pero tengo una hija preciosa, sana, independiente e inteligente, a pesar de retirarle el pecho por voluntad propia. En esta época, con todos los medios a nuestro alcance, no veo la necesidad de vivir como en la Edad Media.
    Pero es cierto que lo peor, lo peor, sin duda lo peor, es la intolerancia que rezuman por todos sus poros. Y la sabiduría maternal… Ah! lo voy a dejar porque me voy a poner igual de intolerante-agresiva-maleducada-fascista-ultraconservadora que ellas. Y nada más lejos de mi voluntad.

    • 1- He dado so pecho a mi hijo hasta los 4 años, y no para que dejase de molestar, si no, pq era nuestro momento de conexion
      2- El vínculo resultante es sanísimo y fuerte. Espera, que pongo en mayusculas SANÍSIMO, por si no te ha quedado claro.
      3- Mi cuerpo siempre fué mío, y siendo mío, me encantó compartirlo con mi hijo
      4- cuando ves un niño de 4 años comiendo macarrones y luego teta, no deberia horrorizarte, pues la composicion de la leche materna se hace al niño, a su edad, y a sus necesidades, así, con 4 años, sí les alimenta. Los humanos estamos programados biologicamente, para tomar la leche del pecho de nuestras madres, hasta los 6-7 años.
      5- Hay que informarse un poquito mas y actualizarse en este tema.

  4. Querida Pilar, soy una «damnificada» de tu escrito en FB. Me explico: ¡me pasé dos horas leyendo comentarios!
    Quisiera añadir cosas que no se hayan dicho aun (parece mentira, no, ¡con más de mil intervenciones en los tres hilos creados!)

    – Los temas que atañen al cuerpo de las mujeres generan un debate interminable y encendido, también entre las propias mujeres. Es el «too much body» del que hablan Lynda Nead y Katy Deepwell en su crítica feminista del arte. No encontramos la manera de trascender los cuerpos de las mujeres o, sencillamente, de dejarlos en paz.

    – Se da una confusión entre los conceptos opinión / actitud. La doxa es un conocimiento fenoménico expresado en un desglose argumental. Cuando las palabras generan más emoción que conocimiento, hablamos de actitudes. En este caso, fóbicas. Me explico: si hubieses dicho: «Considero que una criatura que ya puede alimentarse por si misma y ya no necesite la leche materna para sobrevivir, si sigue mamando, no recibe el mensaje de que el cuerpo de la madre es algo ajeno a él y por tanto, se podría empezar a establecer una idea de cosificación»… igual el debate hubiera existido, pero en otros términos. Pero introdujiste un elemento fóbico usando la palabra «horror». ¿Qué es el horror? Un «sentimiento de repulsión profunda causada por la vista de algo de terrible, espantoso, repugnante». Siendo que la lactancia materna no es algo terrible, espantoso y repugnante, a quien se lo pueda parecer, estaría experimentando una fobia.

    – Tu comentario ha generado miedo. (Más) Miedo a ser juzgada. Hay un miedo atroz de muchas mujeres a ser juzgadas, señaladas. Creo que comentarios como el tuyo pueden ayudar a las mujeres a enpoderarse, en el sentido que sea. Sí, por oposición. Con resistencia. Ignorando, si hace falta. O a sabiendas de lo que a la otra le produce lo que tú hagas. Al fin y al cabo, es tu horror, tu mirada, tu sentimiento de rechazo. Puedo vivir con ello. Preferiría que quedara para tu intimidad, preferiría que cada uno gestionara sus fobias y hostilidades privadamente. Pero si no puede o no quiere hacerlo, creo que puedo vivir con ello. Me haré más fuerte.

    Bueno, gracias por dar pie a hablar del tema, aunque sea a partir de la fobia. La fobia forma parte de nuestros cerebros en evolución. Puede trascenderse -si se desea- y es muy inspiradora -para los que deseamos no vivir en ella- ver cómo opera en los demás.

  5. Yo lejos de entrar en el debate en si del que tengo una posición clara prolactancia querría ir más allá, es consciente esta persona o las distintas voces que desde el feminismo defienden esta postura, de cómo están incrementando la presión, sumándose a la presión tremenda que ejerce el patriarcado, que es siempre proconsumo y anti vínculo. Las mujeres que se aventuran a hacer una crianza distinta a la generalizada que propone la era postindustrial y que viene de ese momento por los horarios incompatibles de las fábricas con la biología, vivimos sometidas a un gran cuestionamiento y creo que desde el feminismo se debe abrir un debate, más profundo, informado y documentado antes de ser una nueva y mayor China en el zapato para las personas que escogen la crianza respetuosa.

  6. Hola Pilar, lo te conozco, pero voy a responder. No quise hacerlo en FB, pero hoy voy a animarme.
    Creo que te has sobrepasado al hablar así de la lactancia, y te explico por qué, si me lo permites. Un ginecólogo hombre puede saber mucho del aparato reproductor de la mujer, puede hacer investigaciones, puede hacer estudios, ver miles de vulvas, operarias,… Pero aún así jamás podrá saber qué se siente con la regla, jamás. Nunca podrá decirte desde su propia experiencia si es mejor usar tampones o la copa, por ejemplo. Nunca podrá saber qué se siente con la menopausia. En tu caso con la lactancia y la maternidad es igual, nunca lo podrás saber.
    Por otro lado decir que es un horror dar teta a un niño, tenga la edad que tenga, es dar caña. Y bastante caña recibimos ya las mujeres lactantes como para encima tener que recibirlo de alguien que es un referente en feminismo.
    Al ser madres no nos convertimos en supermujeres, pero si investigas un poco, encontrarás información sobre cómo se modifica el cerebro femenino al ser madre, como influyen las células de los bebés en nuestro cerebro y podrás entender porqué algunas te han respondido de esa forma. Y que conste que no me gustan los insultos y los ataques.
    No te quise responder antes porque creo que no nos vais a escuchar. Os quedasteis en vuestra lucha y los tiempos han cambiado mucho. Fuisteis unas pioneras, luchadoras y conseguisteis grandes logros, pero tenéis que empezar a entender que los tiempos son otros y que tenéis que actualizaros.
    Mi humilde opinión es que debemos de dejar de despellejarnos entre nosotras, el enemigo es otro y mientras tanto ve como lo único que hacemos es tirarnos al cuello de las demás mujeres. Quizá deberías leer un poco sobre lactancia e intentar entender con unas gafas nuevas al feminismo emergente que va de la mano de lo que vosotras iniciasteis pero adaptado a los tiempo actuales.

  7. Me parece bien que opine de lactancia o lo que quiera. Yo soy feminista y madre. Di la teta a mi hijo mayor más de tres años. La experiencia de ser madre ha cambiado muchas de mis opiniones anteriores (muchas eran prejuicios, la verdad). Creo que desde el feminismo es muy interesante y necesario abrir debates pero bueno que mi conclusión siempre va a ser «mi cuerpo es mío y hago con él lo que quiera». Puedo entender que desde fuera a las madres que damos la teta «tanto» tiempo se nos vea como alienadas, de verdad que lo puedo entender, yo me veo a veces sujetando al peque en posturas inverosímiles para poder hacer otra cosa a la vez y me imagino que desde fuera es lo que parece jajajaja. Pero bueno, también hay que entender que las mujeres, creo que esto es común a todas, estemos ya hartitas de que todo el mundo opine a todas horas sobre nuestra sexualidad (la lactancia forma parte de la sexualidad) y es muy cansino. Hay muchos argumentos racionales y mucha bibliografía científica sobre los beneficios de la lactancia «prolongada». Y luego está la experiencia vivida de quien la ha vivido y esa ya no es explicable. Yo puedo intentar explicarte a qué sabe la pera pero si nunca has probado la pera… Bueno, que más respeto y menos agresividad y cada una que haga con su vida un pandero.

  8. Por mi parte entiendo el deseo de mantener el vínculo que se establece con el bebé en la lactancia (personalmente lo extendí casi 11 meses con mi hijo mayor y unos 8 con el pequeño, todo esto hace ya 20 años), pero la reflexión del artículo me parece super interesante y enriquecedora al tratarse de un punto de vista diferente a lo habitual, algo que nos abre a cuestionarios las cosas con diferente perspectiva. Realmente a mí me choca ver extender la lactancia años y también ver a las criaturas sentirse con derecho a exigirlo, ya con cierta edad. O sea que la reflexión es para tenerla en cuenta.

    Una pena la intolerancia de las ultras que lo critican con insultos y sin argumentos.

    Y desde luego, que cada una haga lo que le parezca, como es lógico, y como ya hará/ hacemos todas.

    Ah! Y no vivir algo no te exime de opinar sobre ello, de hecho nos pasamos la vida opinando de todo! Y menos mal!!

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