«Hacerse un Drácula», y ¿por qué da tanto asco la sangre menstrual? @NoniR

Sonia Ruiz
Sonia Ruiz
Periodista, licenciada en la Universidad Complutense de Madrid. Docente en el Máster de Periodismo Científico de la UNED. Especializada en asuntos relacionados con feminismo, lenguaje inclusivo y oratoria como método de empoderamiento para mujeres.

La sangre menstrual sigue despertando asco, vergüenza y destierro para las mujeres. Una condena por tener cuerpos cíclicos y por el desconocimiento que existe sobre la menstruación.

¿Es posible dejar de ver anuncios comerciales de compresas con sangre azul? ¿O ver una película porno donde alguna actriz mantenga relaciones sexuales sanas, respetuosas y placenteras mientras tiene la regla? Por lo que parece, aún no estamos en ese momento.

Esta historia comienza desde el olor a ropa sucia, aplastada dentro de una bolsa de tela hecha de colores chillones que esconde lo intimo. Del rojo impregnado que huye de nuestras vaginas y que parece un delito que debe ser ocultado. Dentro de esa bolsa, unas indefensas compresas de tela recogen la sangre menstrual de un mes noviembre.

Cuando llegan a la lavandería se mantienen en silencio para no dejar escapar su aroma a óvulo no fecundado. Y aunque han sido lavadas a mano previamente, aún contienen restos de sangre. Son pocos pero los suficientes para que se arroje ira, rechazo y repugnancia sobre ella.

Cuando la protagonista que expulsó la sangre va a recoger su ropa al día siguiente, esperaba reencontrase con el placer que otorga el perfume a detergente. Sin embargo, la dueña del negocio rompió la magia de ese imaginario, para recriminarle lo siguiente: «He lavado tu ropa, pero no volveré a aceptar que traigas este tipo de prendas para el sangrado menstrual, porque es antihigiénico para ti y para mí».

 Este comentario es reciente y actual pero la repulsa por la menstruación y su sangre viene de épocas milenarias. En el Antiguo Testamento ya se pueden encontrar referencias a la regla y ninguna de ellas, es buena. Así como, 400 años antes del nacimiento de Cristo, en la época hipocrática, se comienza a hablar de la menstruación como algo impuro y tóxico. De ahí, se genera una cultura popular vigente en la actualidad que afirma que las mujeres cuando menstruamos, damos mala suerte en la guerra, agriamos el vino, echamos a perder las cosechas, se nos coagula la sangre si nos lavamos el pelo, por poner algunos ejemplos.

Y es que hay gente que no se fía de que una persona pueda sangrar durante días, y no se muera. Se considera que la sangre que desechamos durante este período es impura y contaminada. ¡Pero no es verdad!

¿De qué está compuesta la sangre menstrual?

La medicina y la ciencia han desterrado del ámbito de la investigación a la menstruación. Por lo que se sabe muy poco sobre este asunto. Es más, lo que se intenta cuando tenemos «problemas» con nuestros ciclos es medicarnos para hacer que desaparezca la regla o tapar el dolor, pero jamás ir a la raíz. Por eso, la píldora anticonceptiva y el ibuprofeno son nuestros acompañantes y enemigos en esta travesía.

Afortunadamente, a pesar de este contexto existen en España dos investigadoras, ¡cuidado dos! que se han dedicado intensamente a la investigación de este asunto. Una de ellas es Enriqueta Barranco que hizo un estudio para comprobar de qué está compuesta la sangre menstrual, y estos fueron algunos de los componentes que descubrió:

  • Células madre.
  • Proteínas.
  • Y aquí lo preocupante: componentes tóxicos usados en productos de higiene personal, especialmente contaminantes orgánicos que se utilizan en productos cosméticos, artículos para el hogar o fármacos.

No obstante, esta sangre no es impura ni tóxica. No es antihigiénica. Por eso, entendería que la dueña de la lavandería me hubiese dado esa respuesta si le trajese ropa manchada de cosméticos, champú e incluso de aceite de mejillones en escabeche. Pero no de sangre menstrual.

Pero sabemos tan poco sobre ella y tiene una reputación tan nefasta, que entiendo que genere tanto asco y repulsión. Aunque no comparta esta idea, aunque duela que se rechace algo tan natural que nace en tu cuerpo, aunque dé rabia sentir vergüenza.

Y es que tenemos que dejar de pedirnos tampones a la bajini, prestarnos compresas como si estuviésemos pasando droga u ocultar el dolor menstrual en mitad de una reunión (por poner un ejemplo), como si fuese una dolencia que no puede ser pronunciada ni tenida en cuenta.

<<Hacerse un Drácula>>, dícese de la acción de practicar sexo oral a alguien que está menstruando.

Como casi toda buena historia, lo sucedido en la lavandería me lleva a una siguiente experiencia que merece ser narrada.

Compartí lo vivido con un amigo porque yo seguía bien rabiosa y sin entender por qué la sangre menstrual da tanto asco. Y llegué a la conclusión de que el motivo es que nos enseñan a temer y a odiar todo lo relativo a nuestros cuerpos. Porque en el caso de la sangre, no veo que en las películas cuando hay violencia, se la muestre azul o directamente no se la enfoque para que no salga. En las películas porno no se censura es esperma, se muestra con orgullo.

El caso es que mi amigo me comentó que cuando tiene relaciones sexuales con chicas que están con la regla e intenta practicar sexo oral, ninguna se deja hacer lo que yo llamo «Un Drácula», es decir que te coman el coño con la menstruación. Me incluyo en ese grupo. Y es que siento pudor por si huele mal o por si la otra persona no va a disfrutar.

Y al final lo que sucede es que la mayoría de nosotras, durante estos días de sangrado nos impedimos ese tipo de placer. Tengo una amiga que espera semanas después de la menstruación para que le practiquen sexo oral. Que digo yo, ¿entonces cuántos días te pueden comer el coño al mes? ¿Tres? También, me encuentro con que muchas nos sentimos en la obligación de compensar ese período de algún modo, sobre todo las que tienen relaciones heterosexuales. ¿Cómo? Pues siendo nosotras las que les practiquemos sexo oral. «La semana de las mamadas», así es como se conoce y se ha popularizado esta «compensación» en mi entorno.

No puede ser que nos pongamos en deuda por menstruar. Nos debemos autocuidados y respeto. En unos días en los que el cuerpo a veces quiere encogerse y hacerse bicho bola en el sofá, otras necesita mimos y sexo para calmar los dolores. En definitiva, poner el foco en los deseos de nuestro cuerpo, no en las imposiciones del patriarcado.

Por eso reivindico que haya más personas dispuestas a hacerse un Drácula. Y hacerlo bien. Así como, probar a que nos lo hagan. El sexo oral durante la menstruación como un acto político, revolucionario y de desobediencia.

Un acto que nos saque del destierro para situarnos en el centro del goce y el orgasmo.

Sonia Ruiz
Sonia Ruiz
Periodista, licenciada en la Universidad Complutense de Madrid. Docente en el Máster de Periodismo Científico de la UNED. Especializada en asuntos relacionados con feminismo, lenguaje inclusivo y oratoria como método de empoderamiento para mujeres.

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