Psiquiatria crítica y transgenerismo

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 Como ya defendí en otro artículo, la ideología transgenerista ha penetrado con fuerza en los movimientos de activismo por la salud mental, aquellos que defienden los postulados de una psiquiatría crítica centrada en las necesidades del paciente y no tanto en el diagnóstico.

Pero lo más sorprendente de todo esto es que el transgenerismo y la psiquiatría crítica son tan contrarios como juntar el agua y el fuego y en este artículo quiero poner sobre la mesa datos que corroboren lo que defiendo.

el transgenerismo y la psiquiatría crítica son tan contrarios como juntar el agua y el fuego

En primer lugar, me sorprende el hecho de que cualquier grupo de autoayuda en activismo por la salud mental que se precie, en la actualidad, para parecer transgresor o rupturista utiliza un neolenguaje que lejos de ser inclusivo es tremendamente misógino, está contribuyendo al borrado de las mujeres y tampoco favorece a la desestigmatización de la salud mental o a un cambio de paradigma en la atención que se ofrece a las personas con un diagnóstico.

¿Qué se entiende por despatologización en las corrientes de la psiquiatría crítica? Lo que se entiende es cambiar el enfoque biomédico por un bio-psico-social, en el que todo el peso del proceso de recuperación no recaiga solo en la búsqueda diagnóstica o de tratamiento farmacológico, sino también en las propias características de la persona y sus necesidades. Uno de los principales problemas que tiene el ámbito de la salud mental es la “injusticia diagnóstica” o la utilización de los diagnósticos como herramienta de represión social.

El DSM V, como cualquier manual diagnóstico no solo responde a las necesidades de clasificar las enfermedades por unas determinadas características, sino también a los intereses del lobby farmacéutico en crear y tratar nuevas enfermedades, y si encima son crónicas y van a necesitar de un tratamiento de por vida, mejor aún (¿os va sonando?). Entiende que la mayor parte de los malestares psicológicos son producto de la sociedad y del sistema y no tanto problemas a nivel neurológico, ya que en la mayoría de las ocasiones ni tan siquiera podemos señalar si falla algo o qué falla en el cerebro de las personas con algún tipo de malestar. Al entenderlo como enfermedad ponemos el énfasis en factores físicos, convirtiendo en pasivo al sujeto frente a su historia de vida y por lo tanto también, para las posibles soluciones.

Como se puede comprobar, en ningún momento se niega la existencia del diagnóstico, porque no se puede negar la existencia de un problema o malestar, sino que se pide cambiar de enfoque, tanto en la atención como en la percepción acerca de la salud mental, así como de la comprensión de las categorías diagnósticas. Para que, por un lado, no se perciban como sentencias de muerte y por otro que no supongan categorías estancas en las que parece que se entra, pero no se puede salir jamás. Se busca un trato humanizante, acabar con las sedaciones involuntarias, los ingresos forzosos, la sobremedicación, las contenciones… que se empiece a escuchar a las y los pacientes así como sus demandas y necesidades, que no se les invisibilice ni infantilicen sus discursos. Que sean colocados en el centro de su proceso de mejora, en vez del el diagnóstico y la medicación.

en ningún momento se niega la existencia del diagnóstico, porque no se puede negar la existencia de un problema o malestar, sino que se pide cambiar de enfoque,

En países como Noruega (aunque lo de compararnos con otros países de Europa no me gusta nada) ya hay lugares que atienden a personas que se encuentran en crisis, donde no se administran fármacos. Centros donde personas con problemas de salud mental que sufren alguna desestabilización pueden ir a tratarse sin que eso suponga poner en pausa interrumpir su vida con internamientos largos en Hospitales Psiquiátricos, sobremedicación en la mayoría de los casos y poca terapia. Lugares donde a base de un acompañamiento respetuoso con las personas y su sufrimiento, con la escucha como centro de la atención, puedan delirar sin sufrir, para entenderse y entender lo que les pasa sin juzgarse ni ser juzgados. Un lugar donde en muchas ocasiones no acallar las voces, sino escucharlas para ver lo que les dicen, porque muchas veces esas voces forman un relato que puede llegar a explicar qué les está pasando y qué les está provocando sufrimiento y malestar.

Pero, ¿todo esto que tiene que ver con la despatologización transgenerista? Nada. Solo nos venden la tiranía de los diagnósticos y la necesidad de huir de ellos, como si demonizar el diagnóstico sirviese para ayudar a las personas a aceptarse, escucharse y entenderse. Como si con negar su existencia consiguiésemos aliviar algo del malestar o ayudáramos a su superación. Además, ¿qué sentido tiene negar un diagnóstico pero no su tratamiento? Es tremendamente peligroso para las personas que sufren, porque no les damos ningún tipo de apoyo o ayuda, sino que las abandonamos a su suerte, las medicamos y las instamos a que modifiquen su cuerpo con la falsa promesa de la felicidad. Les engañamos diciendo que ese malestar que sufren desaparecerá por arte de magia cuando por fin habiten “su” cuerpo. Y personas con malestares psicológicos son profundamente vulnerables a este tipo de discursos ya que intentan buscar en ellos una salida fácil que les haga entender qué les sucede y una solución también fácil, que no va a suponer luchar a diario con el diagnóstico y la enfermedad.

Personas con ideaciones suicidas, con ideas autolíticas o con otros problemas de salud mental que piensan que la transición les va a aliviar de todos sus males se encuentran solas, alentadas a iniciar procesos que no tienen vuelta atrás con falsas promesas, que en el peor de los casos, pueden agravar estas situaciones. ¿Sabéis lo peligroso que es abandonar a su suerte a estas personas? En vez de tratar a las personas por lo que sufren, y ayudarlas a buscar las causas de su sufrimiento, las medicamos y les hacemos creer que el sexo se elige y que todos, absolutamente todos sus problemas desaparecerán si inicia la transición médica.

Esta locura transgenerista hay que pararla, porque las personas más damnificadas son las más vulneradas por este sistema, personas con problemas de salud mental, mujeres, niñas y niños. Y en un sistema patriarcal, adultocrático y muy normativo que no solo no les da voz sino que ni tan siquiera se preocupa por sus necesidades, tendremos que ser las feministas, una vez más, las primeras en dar batalla, porque nuestro futuro está en juego, no solo nuestro futuro como mujeres, sino como sociedad. Ya avisamos con la ley del “Solo si es si”, nos dijisteis que no iba a pasar y ya está pasando. No actuemos demasiado tarde.

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