Julia Child: Un apetito por la vida

María Luisa Latorre
María Luisa Latorrehttps://noaledadismo.com/
Feminista, profesora de inglés y antes profesional del marketing. Vive actualmente en Cádiz tras más de veinte años en Estados Unidos, cuatro en Reino Unido y tres en Japón.
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Estos días he estado viendo una serie en HBO, titulado Julia sobre la chef Julia Child. Aquí en España ella no es muy conocida, pero en Estados Unidos era una institución. El programa de HBO no relata sus años jóvenes, sino que precisamente comienza en esa época de la vida en la que la mujer se convierte en invisible, la edad, sin embargo, en la que Julia Child empezó su carrera: a los 51 años. Fue entonces, en 1963, cuando Child, habiendo publicado su libro Mastering the Art of French Cooking con dos colaboradoras francesas, Simone “Seimca” Beck y Louisette Bertholle, lanzó su programa en la cadena de televisión pública, GBH, titulado The French Chef.

Este programa en HBO es en parte ficción, por ejemplo, la joven productora afroamericana Alice Naman es un personaje ficticio, basado en parte en personal empleado por aquella época en GBH. El construir a este personaje, aunque sea de ficción, ha servido para darnos una visión de las muchas barreras a las que se enfrentaban las mujeres jóvenes de aquella época a la hora de tener una carrera, máxime si se trata de una mujer no blanca. Los temas del derecho a la contracepción y la carrera fuera de la casa se exploran en este programa, y le dan más peso y otras dimensiones más complejas, por lo cual es muy interesante de ver. Para explorar el tema del feminismo, (curiosamente el año en que Mastering the Art of French Cooking salió al mercado fue el mismo en el que el famosísimo libro de Betty Friedan, The Feminine Mystique fue publicado), los creadores de Julia se inventan una escena en la que Julia y Betty se encuentran en una cena y Friedan le echa en cara a Julia que quiera devolver a las mujeres a la cocina. Por lo visto, aunque se movían en los mismos círculos, no hay evidencia de que tal encuentro ocurriese, pero el argumento de Friedan, aun siendo imaginario, tiene su punto válido.

Lo que también es interesante es que el programa deja muy claro las barreras a las que Julia se enfrentó a la hora de lanzar su carrera en televisión, ya que era una mujer no considerada físicamente atractiva, con una voz chillona, muy alta y especialmente por su edad. En la serie, vemos claramente la actitud de los jóvenes ejecutivos de GBH: no pensaban que un programa de cocina fuera a funcionar, no solo porque Child era una mujer de mediana edad, sino porque a ellos no les importaba su público, el cual seguramente estaba formado por personas de mediana edad a quien Child representaba. Este desprecio es edadismo.

Otro tema relacionado con el edadismo que se ve en este programa de HBO, es el hambre de Child por tener lo que en Estados Unidos se llama “a second act”, o sea, un segundo acto en tu vida, el empezar otra vez un episodio o proyecto interesante en la mediana edad, cuando, según la sociedad en la que vivimos, las personas maduras, y sobre todo las mujeres, deberíamos estar resignadas a aceptar que nuestros mejores años los hemos dejado atrás y dejar paso a la juventud. En el caso de Child, se había pasado años viajando fuera de Estados Unidos con su diplomático marido, Paul Child, mientras aprendía los secretos de la cocina francesa. Julia Child, de hecho, estudió en la prestigiosa escuela Cordon Bleu en Paris. Estados Unidos era por aquel entonces un país hechizado por la glamurosa primera dama Jackie Kennedy, y fascinado por todo lo francés. Era también un país alimentado a base de sopa de lata y queso en spray, que había olvidado lo exquisito que puede ser una simple tortilla a la francesa, hecha con buenos ingredientes. Por lo tanto, se dieron las circunstancias perfectas para que Child enseñara al público americano como disfrutar de la preparación de un buen manjar.

Cuando Child, invitada por GBH, prepara una tortilla en su primera entrevista en televisión, nos está diciendo que no está dispuesta a relegarse en la oscuridad, que quiere seguir teniendo un papel en la sociedad. Su tortilla tocó una fibra sensible en el público, el cual al parecer sí quería ver cocina en su televisión, y platos exquisitos cocinados por una mujer de mediana edad. Viendo la serie, me pregunté un par de veces si hoy en día, en una cultura más superficial donde el físico de las personas es tan importante, si una persona como Julia Child hubiera triunfado. Y, la verdad, no lo tengo muy claro.

Hay en esta serie otros roles de mujeres de mediana edad que se niegan a dejarse morir en vida, como Avis Devoto, la editora y colaboradora y amiga de Julia, y la editora Blanche Knopf, a quien conocemos en los últimos años de su vida, cuando, lidiando con el glaucoma que la dejaría ciega, lucha por continuar con su carrera al mando de la editora Knopf, la cual había creado con su marido Alfred, y que precisamente publicó Mastering the Art of French Cooking.

Otro rol interesante en el libro es el de Simone Beck, la colaboradora francesa de Julia. En la vida real, este papel lo ha representado la actriz y modelo Isabella Rossellini. Rossellini, quien, hace unos treinta años fue despedida por la marca de cosmética Lancome, precisamente por el edadismo. Como ella misma aclara en este artículo, de repente se quedó sin trabajo por la edad, así que volvió a la universidad y se sacó un Master’s en conservación y comportamiento animal. Preocupada por su invisibilidad, y constatando que no encontraba trabajo, decidió seguir su curiosidad a ver a dónde la llevaba y acabó estudiando. No hay duda de que, Rossellini, hija del director de cine Roberto Rossellini y la actriz Ingrid Bergman, tenía posibilidades que no son accesibles al resto de nosotras. Lo mismo que Julia Child; su comienzo en la televisión fue financiado en parte por ella, hasta que su carrera se disparó.

Como he explicado aquí en Tribuna Feminista y a través de mi libro, La mujer obsoleta, el edadismo es mucho peor cuando se cruza con la falta de recursos económicos, el racismo y el machismo. Es entonces cuando sus efectos son devastadores. Y, sin embargo, hay que ver series como Julia, aunque sea en parte ficción, para recordar que, como mujeres, no hemos muerto aun, todavía sentimos curiosidad, tenemos objetivos personales y profesionales por cumplir, en definitiva, hambre por la vida.

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