El desasosiego

Amparo Mañes
Amparo Mañes
Psicóloga por la Universitat de València. Feminista. Agenda del Feminismo: Abolición del género
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Hace unos días, la televisión pública de este país encumbró una canción que contiene más de 40 veces la palabra “zorra”, con una puesta en escena propia de un sórdido prostíbulo. El presidente del Gobierno, la Ministra de Ciencia, Innovación y Universidades y la Ministra de Igualdad encontraron la canción divertida. Todo el lobby gay y, desde luego, las personas trans con Cambrollé a la cabeza, la encontraron, no sólo divertida, sino merecedora de ser considerada un himno. Y no cualquier himno, un himno feminista.

Esa situación sembró, en muchas mujeres, lo que yo llamo «el desasosiego patriarcal». Me refiero a ese malestar en el que el sistema coloca a menudo a las mujeres con sus propuestas y que se basa en una aparente y excluyente dicotomía: o somos rancias y amargadas por no verle la gracia a las -con demasiada frecuencia- indignas proposiciones patriarcales; o comulgas con las ruedas de molino que constantemente nos proponen.

Así, numerosos varones hetero u homosexuales, insisten machaconamente en que leamos la letra, en «que no la hemos entendido» en que en realidad es una canción «transgresora y reivindicativa». Y ponen el ejemplo de gays llamándose entre ellos «maricón». Pretenden que nos olvidemos de que ese insulto solo lo aceptan entre ellos, y no dudan en tachar de homófoba a cualquier persona que se lo llame fuera del circuito gay. Por eso tengo mis dudas de que estuvieran contentos con promocionar el término «maricón» mediante una canción promocionada por la TVE pública y que esa canción representara a España en un festival internacional, por decadente que sea.

Afortunadamente, cada vez más mujeres sabemos desprendernos de ese desasosiego que antes mencionaba porque hemos aprendido que nada hay más rancio y estomagante que el sistema patriarcal. Y también porque sabemos que asumir o callar ante proposiciones indignas refuerza el patriarcado.

Aunque algunos varones se sorprendan, las feministas hemos leído la letra de esa canción. Pero, en cambio, estamos seguras de que esos varones que nos interpelan no han leído ni una línea de feminismo. Deberían saber que ya conocemos de lejos las trampas patriarcales y no pensamos asumir, ni de lejos, que el precio de que una mujer pueda ser libre, consista en aceptar ser considerada,-o considerarse a sí misma- una zorra.

Y es que eso ya lo intentan desde antiguo. Pongo como ejemplo de lo que digo el libro de Virginie Despentes «Teoría King Kong» donde la autora, víctima de violación, viene a proponer que, si el sistema posibilita que a las mujeres se nos viole, solo es posible adoptar una de estas dos posiciones (de nuevo una dicotomía): o bien asumir el rol de víctima, o bien «empoderarte» (volveré luego sobre este término) y exigir que te paguen por esa violación. Como siempre en estos casos, se omite interesadamente la opción más natural, lógica y ética: que nadie se crea con derecho a violarte o -en el caso de la cancioncilla de marras- con derecho a insultarte. En fin, quiero dejar claro que no cuestiono a Despentes, porque, al fin y al cabo, lo que hace es utilizar un mecanismo de defensa que le permite sobrevivir a un sistema que ella sola no es capaz de cambiar. Lo que critico es la descarada promoción patriarcal de su propuesta, que tan bien se aviene a sus intereses.

Y, volviendo a la canción de Eurovisión, creo que es radicalmente cuestionable la posición de RTVE. Este medio de comunicación pública que financiamos entre toda la ciudadanía, incluidas las mujeres a las que ese medio ha permitido que se insulte impunemente, viene especialmente obligado a un comportamiento ético y no sexista. Pero, por el contrario, en línea con la tradición tan española de “sostenella y no enmendalla”, lo bien cierto es que RTVE está promocionando y publicitando una cancioncilla cutre con un contenido claramente vejatorio y sexista hacia las mujeres (hasta el punto de que en la traducción que realizó al inglés, ocultó ese sesgo).

Por tanto, con la publicidad que gratuitamente le otorga, la televisión pública está incumpliendo clamorosamente el artículo 10 de la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral de la Violencia de Género que declara ilícita la publicidad que utilice la imagen de la mujer con carácter vejatorio o discriminatorio. Y sólo por eso, ya deberían haber abandonado sus cargos los responsables públicos de semejante desaguisado.

Hay quien alega que, como no se trata de un anuncio publicitario en sentido estricto, no aplican las leyes que regulan el comportamiento ético de la publicidad. Pero resulta innegable que la publicidad no puede hoy en día restringirse al ámbito de los anuncios. Tanto más cuando sabemos que, sin el masivo apoyo publicitario que otorga RTVE a la canción y al sexismo que destila, todo el mundo podría intuir, sin espacio para la duda, cuál sería su recorrido comercial: ninguno.

En fin, como antes decía, ninguna mujer, ninguna feminista, tiene obligación -ni ganas- de apropiarse o resignificar un insulto que a menudo está presente en la violencia machista más cruel y despiadada y en la boca de cualquier misógino. Por eso, lo que reivindicamos es que aquellos varones -heterosexuales u homosexuales- que lo tienen siempre en la boca, dejen de insultarnos con ese vocablo.

Y que dejen de insultar también nuestra inteligencia al pretender que, si yo me llamo a mí misma zorra, se desactiva el insulto. Al pretender que al autodenominarme zorra, me estoy «empoderando». Porque, en esta sociedad, que una mujer se autodenomine «zorra» lo que es seguro es que, no solo no le abrirá las puertas a un buen trabajo, a espacios de poder, o al respeto y reconocimiento social, sino que, con mucha más probabilidad, le cerrará la mayoría de las salidas.

Por cierto ¿saben en qué entornos usan los varones el insulto «zorra»? Se lo diré. Cada vez que no estamos dispuestas a estar sometidas a la voluntad de nuestra pareja. Cada vez que reivindicamos o luchamos por nuestros derechos. Cada vez que señalamos a puteros y proxenetas. Cada vez que denunciamos la violencia sexual contra las mujeres, omnipresente en la pornografía. Cada vez que llamamos por su nombre a la explotación reproductiva. O cada vez que decimos que ser mujer no es un sentimiento. Sencillamente, cada vez que las mujeres hablamos y no es para dar la razón a los varones.

¿Y saben lo que también me va quedando meridianamente claro? La diferencia entre «poder» y «empoderarse». Porque en la práctica, llamamos “poder” al que ejercen los varones. Y denominamos “empoderarse” a que algunas mujeres les den la razón en todo a esos mismos varones. Las demás… unas zorras.

Hora es pues de que las mujeres rechacemos empoderarnos. Como dice la admirada filósofa y maestra feminista, Amelia Valcárcel, lo que queremos las mujeres es tener poder. No todo, como por miles de años han detentado los hombres sin ningún pudor- sino la mitad del poder. Porque es nuestro legítimo derecho. Solo así podremos poner fin a todo el desasosiego que nos produce el sistema patriarcal con sus propuestas «empoderadoras».

Tener poder en lo absoluto nos convierte en zorras, como pretenden hacernos creer algunos varones misóginos. Muy al contrario, nos hace feministas. Porque, ya saben, «El feminismo es la idea radical que defiende que las mujeres somos personas». Y, como tales personas, queremos ser iguales en derechos y dignidad a los hombres. Esa es la propuesta feminista: ser poderosas igual que los varones. Ya sé que con ello estamos originando desasosiego en muchos varones, el desasosiego feminista. Ya va tocando.

#JuntasHaremosHistoria

 

 

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Comentarios

  1. Es Delito de Lesa Humanidad el enriquecimiento en la gestión gubernativa de los “representantes”, el fraude sobre el Estado, el abuso sobre la niñez, la trata, el proxenetismo, el travestismo y sus consecuencias, como toda violencia de género.
    “Las fuertes resistencias contra lo femenino no serían de índole intelectual, sino que proceden de fuentes afectivas; la irresoluble perversión no sublimada y ambigüedad sexual del varón que posee la decisión final en éste esquema, donde lo masculino sigue siendo la ley”. Osvaldo Buscaya
    1) “Así, numerosos varones hetero u homosexuales, insisten machaconamente en que leamos la letra, en «que no la hemos entendido» en que en realidad es una canción «transgresora y reivindicativa». Y ponen el ejemplo de gays llamándose entre ellos «maricón». Pretenden que nos olvidemos de que ese insulto solo lo aceptan entre ellos, y no dudan en tachar de homófoba a cualquier persona que se lo llame fuera del circuito gay. Por eso tengo mis dudas de que estuvieran contentos con promocionar el término «maricón» mediante una canción promocionada por la TVE pública y que esa canción representara a España en un festival internacional, por decadente que sea”, es decir “disimula” el transexual ecuménico perverso varón su temor a ser castrado con las argumentaciones, dogmas y “explicaciones” filosóficas que conforman el sendero libre para el ejercicio regresivo que le permite ocupar el nivel significativo de ser la Ley. Esta regresión es una de las más importantes peculiaridades psicológicas del “proceso” de la transexual ecuménica perversa “civilización” patriarcal, que corresponde dentro de su aparato psíquico, desde cualquier acto complejo de representaciones culturales a través de milenios al material bruto de las huellas mnémicas, que reaviva constantemente las imágenes de percepción en las que se halla basado su repudio y desprecio a la mujer castrada de “origen”.

    2) “Afortunadamente, cada vez más mujeres sabemos desprendernos de ese desasosiego que antes mencionaba porque hemos aprendido que nada hay más rancio y estomagante que el sistema patriarcal. Y también porque sabemos que asumir o callar ante proposiciones indignas refuerza el patriarcado”, es una acertadísima consideración de Amparo Mañes, pues, la “elaboración” de la transexual ecuménica perversa civilización patriarcal llevada a cabo en milenios, es una transmutación de todos los valores psíquicos edípicos despojándolos de su intensidad transfiriendo sus representaciones a otras innumerables. Considerar la “cambiante” conducta y carácter transexual ecuménico perverso patriarcal, constituiría un reconocimiento en dirección progresiva a sucesivas alucinaciones; esto es, son “ideas” transformadas en imágenes que corresponden, efectivamente, a regresiones: ideas “originales” de la castración en imagen de la mujer castrada, repudiada y despreciada en su reconocimiento genocida, abuso sexual, pedofilia, femicidio. Suprimir la castración, sería suprimir las “castradas”. Deseo del transexual ecuménico perverso varón que se potenciaría en cada percepción de la mujer.

    3) “Tener poder en lo absoluto nos convierte en zorras, como pretenden hacernos creer algunos varones misóginos. Muy al contrario, nos hace feministas. Porque, ya saben, «El feminismo es la idea radical que defiende que las mujeres somos personas». Y, como tales personas, queremos ser iguales en derechos y dignidad a los hombres. Esa es la propuesta feminista: ser poderosas igual que los varones. Ya sé que con ello estamos originando desasosiego en muchos varones, el desasosiego feminista. Ya va tocando”, así es, siendo mi consideración que para que lo femenino pueda modificar la civilización transexual ecuménica perversa patriarcal, es necesario aquilatar la acumulación de la gran cantidad de “experiencia” en sus sistemas mnémicos y la diversa fijación de las relaciones provocadas en éste material mnémico, por distintas adaptaciones, en el transcurso de milenios por las sucesivas generaciones del transexual ecuménico perverso varón; irresoluble perverso y ambiguo sexual. La “habilidad” del transexual ecuménico perverso patriarca dominador dispone “libremente”, por la ley del varón, de todo el material económico y cultural para “enviarlo”, como gasto inútil en las diversas infraestructuras a su arbitrio de la educación, la salud, la política, etc., que disminuye el potencial de lo femenino para su transformación. El transexual ecuménico perverso patriarcado consigue, como sistema, mantener en quietud la mayor parte de la reivindicación femenina y emplea una pequeña parte, de la misma, para emplearla en el desplazamiento de su enredo leguleyo.

    Pues, el poder transexual ecuménico perverso patriarcal, es una estructura, donde recalan Engendros biológicos de características psicopatológicas desquiciadas destructivas perversas autoritarias; La moral sería un Engendro cínico intelectivo condicionado; Acordado en el espacio/tiempo del poder en cada época; En la inquisición/ecuménica perversa patriarcal «moral» era la hoguera sobre la disidencia y así “evoluciona” la moral a través del tiempo histórico.
    La “normativa” transexual ecuménica perversa patriarcal que el varón ha impuesto en la mujer por medio de su “diseñado” lenguaje, despierta en lo femenino aquella actitud angustiosa de “culpabilidad” que corresponde a su contenido de no obedecer los “mandatos”. El parlamento transexual ecuménico perverso patriarcal se impone como palabra mágica para la mujer y se conduce como si las sintiera en realidad, expresando todos los afectos correspondientes, y en ciertas circunstancias, de “primaveras democráticas”, sus percepciones y vivencias imaginarias son adaptadas para beneficio del transexual ecuménico perverso patriarcado, mediante su hipócrita “acercamiento” a la pretensión feminista, en el orden de la liberación. Es decir, ver y oír alucinatoriamente. La transexual ecuménica perversa civilización patriarcal, milenaria, encuentra a la mujer, presa de tal credulidad con respecto al transexual ecuménico perverso patriarcado, que estaría convencida de que habrá de obrar cuando y como el “páter” se lo “anuncie”, y esta convicción actúa tan poderosamente sobre la mujer que, en efecto, frente al abuso, la violación, el sometimiento, el femicidio recurre a las instancias de poder, en manos del perverso irresoluble y ambiguo sexual. Esta credulidad y sometimiento, como la que la mujer ofrece a su “varón”, es la regresiva actitud de la niña para su amado padre, y semejante conformación de la propia vida psíquica a la de otra persona, con análogo sometimiento, tiene como parangón, absoluto, en las relaciones familiares, sociales, laborales, etc. En lo general, la coincidencia de una exclusiva valoración del perverso irresoluble y ambiguo sexual con una crédula obediencia, constituye una de las características básicas de la transexual ecuménica perversa civilización patriarcal.
    Un penoso conflicto que la mujer padecería sería; ¿Cómo admitir que el patriarcado es el padre, el hermano, el compañero, el dirigente, el ecuménico, etc., y que en esta regla no habría excepción?
    Señalo en mi Ciencia de lo femenino (Femeninologia) cuanto tenemos que aprender, sobre la estructura de la relación de la mujer con la verdad como causa, en la imposición del transexual ecuménico genocida perverso patriarcado incluso en las primeras decisiones de la simiesca horda primitiva.
    “Experimentamos así la impresión de que la civilización es algo impuesto a una mayoría contraria a ella por una minoría que supo apoderarse de los medios de poder y coerción.” (Freud)
    Vivir, es una burlesca simiesca parodia siniestra idiota.
    El mundo es idiota, me aburre en todos sus niveles; Sin excepción; ¡¡¡Siendo un error olvidarlo!!!
    El sentido y la verdad del feminismo, es la derrota del varón; perverso irresoluble y ambiguo sexual
    Un travesti no es una mujer
    Lo femenino es el único y absoluto camino
    Buenos Aires
    Argentina
    3 de marzo de 2024
    Osvaldo V. Buscaya (1939)
    OBya
    Psicoanalítico (Freud)
    *Femeninologia
    *Ciencia de lo femenino

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