Reflexiones postelectorales

Pilar Aguilar
Pilar Aguilarhttp://pilaraguilarcine.blogspot.com.es/
Analista de ficción audiovisual y crítica de cine. Licenciada en Ciencias Cinematográficas y Audiovisuales por la Universidad Denis Diderot de París. Lee el blog de cine de Pilar Aguilar: http://pilaraguilarcine.blogspot.com.es
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Sabemos que los partidos que se autodenominan de izquierdas y/o progresistas se han rendido al neoliberalismo y han renunciado a caminar hacia un horizonte de igualdad y justicia. Promueven con entusiasmo el individualismo egocéntrico y torpedean las reivindicaciones sociales, incitando a la parcialización y a la fragmentación social en un sinfín de subjetividades identitarias tribales (comunidades, las llaman) que alimentan tanto un roto como un descosido, o sea, desde los fervores nacionalistas hasta los sentimientos grupales de consumidores de una marca comercial. Cualquier cosa menos cuestionar la estructura patriarcal capitalista. Me recuerdan a los señoritos bondadosos, esos que “generosamente” hacen obras de caridad y, por ejemplo, regalan un costosísimo aparato al hospital de su provincia al tiempo que consideran que lo importante es rebajar impuestos y que, como la Seguridad Social cuesta demasiado al erario público, mejor llevarla a una especie de estado catatónico.

os partidos que se autodenominan de izquierdas y/o progresistas se han rendido al neoliberalismo y han renunciado a caminar hacia un horizonte de igualdad y justicia.

Estos partidos (otrora nuestros aliados) conocedores de que el feminismo es la única fuerza que actualmente busca (no de boquilla, sino realmente) un horizonte de igualdad y justicia, lo atacan con dureza. Por eso tratan de impedir que nuestro mensaje y nuestras propuestas lleguen a la población, utilizando para ello todo tipo de argucias, trabas, zancadillas y manipulaciones (por ejemplo, la apropiación de la palabra feminismo a fin de desvirtuarla y vaciarla de contenido).

De modo que sabemos que solo han apoyado a PFAC personas con un alto nivel de concienciación feminista, pues también sabemos que mujeres que se dicen feministas y aprueban nuestro programa, no lo han votado porque priman otras lealtades y otras filias y fobias.

La buena noticia es que en España hay casi 30.000 feministas dispuestas a defender con determinación nuestra agenda. La mala (bueno, más que mala, la realista) es que necesitamos muchísimas más.

En efecto, alguien puede preguntar: entonces ¿para qué un partido feminista si no va a ganar las elecciones? Bueno, en primer lugar, pensamos que nuestra lucha dará cada vez más frutos y que cada vez más mujeres (hombres también) comprenderán que votar feminista es, hoy por hoy, la única opción para plantar cara al capitalismo y al patriarcado. Esperamos, pues, obtener cada vez más votos. Es decir, esperamos conseguir representación parlamentaria en próximas contiendas. Ahora bien, incluso sin lograr esa representación, podemos influir en el cambio de rumbo de esos partidos que se autoproclaman de “izquierdas y/o progresistas”. En claro: si en vez de 30.000 votos, hubiésemos obtenido 300.000, les habríamos obligado a recapacitar y prestar cierta atención a nuestras demandas.

Igualmente sabemos que el feminismo no puede ganar votos en una campaña electoral. O, en el mejor de los casos, en ese periodo, solo puede ganar unos pocos votos. El grueso de los votos los ha de ganar en el día a día y empezando ya.

el feminismo no puede ganar votos en una campaña electoral. El grueso de los votos los ha de ganar en el día a día y empezando ya.

Desde luego, nosotras estamos más decididas que antes a seguir batallando por la agenda feminista (que es una agenda, en primera instancia, para las mujeres y, en último extremo, para toda la humanidad).

Y, claro, hemos de plantearnos de qué modo, cómo y con qué estrategias y actuaciones llegar a capas más amplias de la población e interpelar a las mujeres que aún no creen que el feminismo sea asunto suyo, ni saben qué es el movimiento que busca mejorar sus vidas.

Esto significa que, en primer lugar, debemos hacer que tomen conciencia de que lo que viven y soportan no es un destino inexorable escrito en la “naturaleza” femenina (pongo “naturaleza” entre comillas para resaltar que lo que nosotras consideramos naturaleza femenina queda muy lejos de lo que comúnmente se considera tal y de lo que nos venden los partidos “progresistas y de izquierdas”). O sea, debemos hacer un trabajo de irracionalización de los mandatos patriarcales, del mundo que la ideología dominante nos ha fabricado y nos vende como “natural”  .

Y, en segundo lugar, debemos mostrarles que el feminismo tiene propuestas positivas y concretas que cambiarán sus vidas.

En resumen: una mujer puede pensar lo que quiera sobre el feminismo excepto “Eso no va conmigo o no me afecta”.

Sí, es una ardua tarea, pero las feministas creemos en el ser humano y creemos que es posible defender la igualdad y la justicia combatiendo el capitalismo feroz del “sálvese quien pueda” y batallando contra la sumisión “natural” de las mujeres y su asignación patriarcal como “seres para otros”, es decir, contra esas patrañas que nos venden envueltas en la engañifa de “libertad personal”.

Repito, pues, y advierto: estamos muy decididas a seguir batallando. De modo que, cierto, sí, hoy aún no nos temen, pero mañana nos temerán.

 

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