Artículo de X del Dr. Andrew Amos, psiquiatra
https://x.com/AusPsychReview/status/1942453287376282072
Los médicos que afirman el género causan una forma grave de enfermedad mental llamada psicosis compartida. Impiden que menores con problemas de desarrollo aprendan a separar la realidad de la fantasía. La identidad de género oculta este comportamiento poco ético.
Fantasía: ¡Las mujeres trans son mujeres!
Realidad: Las mujeres trans son hombres que quieren ser mujeres, lo cual es imposible.
Al igual que el resto de la medicina moderna, la psiquiatría se está transformando de una disciplina clínica centrada en optimizar la salud a una actividad comercial centrada en maximizar los ingresos. Una vez que la medicina comercial comprendió que la responsabilidad por la seguridad del paciente era el mayor riesgo financiero de los médicos, comenzó a limitar su exposición al transferir ese riesgo a los pacientes mediante protocolos de consentimiento informado.
La medicina de afirmación de género no existiría sin este movimiento que limita el deber de los médicos de proteger la seguridad del paciente. El juramento de proteger a los pacientes es la base de la medicina tradicional. Por el contrario, los médicos que afirman el género afirman que es más importante promover el derecho de los pacientes a elegir su identidad de género que proteger su salud física y mental.
Toda la profesión médica comparte la culpa de permitir que la afirmación de género progrese más allá de la fase experimental. Sin embargo, la psiquiatría tiene una mayor responsabilidad por no corregir la falsa afirmación de que las identidades transgénero son variantes saludables de lo normal.
Cualquier médico competente con un conocimiento básico de la psicología humana sabe que es imposible que el desarrollo infantil saludable incluya el deseo de castración, esterilización hormonal y amputación de senos. He escrito otros ensayos que analizan por qué la atención de afirmación de género es incompatible con una práctica médica competente y ética.
Este ensayo describe un daño específico causado por los médicos de afirmación de género: la creación y el mantenimiento del delirio compartido de que las mujeres trans son mujeres y los hombres trans son hombres. Si bien esta creencia es un absurdo evidente para todo el mundo, excepto para los transactivistas, se ha inculcado en pacientes vulnerables con confusión de género para aprovechar su angustia con fines políticos.
La atención de afirmación de género causa psicosis compartida
Todo ser humano en su sano juicio entiende que es imposible cambiar de sexo. Aun así, las personas continúan persiguiendo este sueño imposible, lo que las hace infelices. Para la mayoría, si se les deja actuar por sí mismas, ese deseo finalmente se desvanece y regresan a la vida normal. Algunos de los restantes siguen queriendo cambiar de sexo de forma simbólica, desarrollando una adaptación saludable respecto a la realidad, como la disconformidad de género o enfermedades mentales leves como el travestismo.
El tratamiento competente y compasivo de estos pacientes reconoce sus deseos, analiza la angustia y la disfunción causadas por el conflicto con el mundo real y utiliza la psicoterapia psicoanalítica para ayudarlos a reconectarse productivamente con la realidad.
Hasta hace poco, el número de personas incapaces de tolerar la realidad de que el sexo no se puede cambiar era ínfimo, y preferían permanecer ocultas. Se suicidaban o se refugiaban en la fantasía, lo que a menudo les llevaba a medidas extremas como la autocastración.
Los psiquiatras que trataron a estos pacientes no tenían ninguna duda de que padecían una enfermedad mental grave. Solo empezaron a considerar alternativas de tratamiento físico, como hormonas y cirugía, después de que la psicoterapia no les ayudara.
Incluso mientras experimentaban con tratamientos físicos, estos médicos seguían convencidos de que sus pacientes tenían problemas psiquiátricos y de que los tratamientos físicos no curarían su enfermedad mental. Justificaban los tratamientos físicos como estrategias de minimización de daños. No afirmaban que sus pacientes estuvieran cambiando de sexo.
Desafortunadamente, una generación posterior de médicos especialistas en género fue persuadida por el movimiento antipsiquiátrico de que diagnosticar con precisión las enfermedades mentales asociadas con la identidad trans constituye coerción social. Concluyeron que era más importante apoyar la campaña política por los derechos de las personas trans que mejorar la salud física y mental de las personas trans.
Para perseguir este objetivo político, los médicos especialistas en género crearon una fachada pseudocientífica que permite a los pacientes trans evitar la conciencia de la inmutabilidad del sexo. La identidad de género es la falacia central de la medicina de género. Es una etiqueta sin sentido científico diseñada para ocultar que el deseo de cambiar de sexo es una enfermedad mental.
Los médicos especialistas en género y los activistas utilizan la ilusión de la identidad de género para promover la idea errónea de que las mujeres trans son mujeres y los hombres trans son hombres. El sexo biológico tiene un significado real y específico, mientras que la identidad de género no está definida. Esto significa que la mayoría de las personas reconocen al instante que «las mujeres trans son mujeres biológicas» es falso, mientras que «las mujeres trans son mujeres» las confunde porque no está significativamente relacionado con su experiencia. La mayoría de las personas decide, con razón, que, a menos que les afecte directamente, pueden ignorar con seguridad la medicina de género (y la política de identidad de género).
Los médicos especialistas en género y los activistas que convencen a niños, niñas y adolescentes con confusión de género de que las mujeres trans son mujeres y los hombres trans son hombres crean una forma de enfermedad psiquiátrica llamada psicosis compartida.
La psicosis compartida implica que una persona o grupo dominante impone creencias falsas a una persona o grupo sumiso. Comparte características con el estilo de relación abusivo, ahora reconocido como control coercitivo. Al inicio de una psicosis compartida, la parte sumisa es consciente de que otras personas no comparten las creencias delirantes de su parte dominante, pero pierden esta conciencia a medida que se desarrolla su propia psicosis.
Con el tiempo, la parte dominante limita las oportunidades de la parte sumisa de confrontar la realidad al limitar su contacto con otras personas. En algún momento, la parte sumisa está tan convencida de los delirios de la parte dominante que esas creencias se vuelven casi imposibles de cuestionar. Esto conduce a un mayor aislamiento y dependencia.
Siguiendo el mismo patrón, bajo el pretexto de la identidad de género, los médicos que afirman el género imponen sus falsas teorías sobre el género a menores y familias utilizando la autoridad de la medicina. Tanto los menores como las familias se vuelven dependientes de la ideología y de la comunidad trans. Con el tiempo, la ideología trans se vuelve psicológicamente imposible de desafiar.
Sin embargo, la sociedad en general sigue creyendo que el sexo biológico existe y tiene poco interés en el género. Un buen ejemplo es la insistencia generalizada en que los hombres no deben competir en el deporte femenino. A los pacientes trans y a sus familias se les ha enseñado a creer que estas opiniones dominantes violan sus derechos humanos, lo que mantiene su aislamiento y dependencia de la comunidad trans que defiende sus falsas creencias.
Poner fin al adoctrinamiento de la atención de afirmación de género
La psicosis compartida no se comprende bien. Los delirios compartidos pueden ser más difíciles de tratar que los delirios que se presentan en otras enfermedades psiquiátricas como la esquizofrenia, con escasa respuesta a la medicación.
Lo cierto es que es extremadamente improbable que los pacientes con psicosis compartida se recuperen si interactúan con otras personas que comparten sus falsas creencias, y el mejor tratamiento es ayudarlos a desarrollar relaciones con personas que no las comparten.
Las clínicas de afirmación de género y las redes que las apoyan hacen casi imposible que los pacientes trans escapen de las falacias utilizadas para justificar su tratamiento. Existen comunidades enteras dedicadas a mantener la dañina ilusión de que las mujeres trans son mujeres.
Sin duda, muchas de las personas que corean estos delirios en las protestas no creen realmente que las mujeres trans sean iguales a las mujeres biológicas, pero es igualmente cierto que no les importa porque están promoviendo una postura política, no buscando la salud del paciente.
La psicosis se debe a una evaluación errónea de la realidad. La única cura es restaurar la capacidad de separar la realidad de la fantasía. Para los jóvenes trans adoctrinados por médicos especialistas en género, la prueba principal es si siguen creyendo que las mujeres trans son mujeres o si comprenden que las mujeres trans son hombres que desean ser mujeres y que el cambio de sexo es imposible.
Los pasos necesarios para acabar con el adoctrinamiento de jóvenes con confusión de género en un sistema de creencias delirante son:
- Los hospitales y los sistemas de salud deben eliminar las clínicas de afirmación de género que fomentan los delirios de género.
- La profesión médica debe denunciar y rechazar el uso de jóvenes trans para promover los objetivos políticos de los transactivistas.
- La profesión médica debe hacer valer su rol tradicional como protectora de la seguridad del paciente con base en la evidencia, declarar que la atención de afirmación de género es un tratamiento experimental con resultados poco prometedores y sancionar las conductas médicas poco éticas.
Atención de afirmación de género e integridad de la medicina
En el momento de escribir este artículo, no parece que la profesión médica vaya a reconocer voluntariamente su responsabilidad por los daños causados a los jóvenes trans tratados con atención de afirmación de género y a revertir su postura.
A medida que el público se ha dado cuenta de las absurdas afirmaciones del movimiento por los derechos de las personas trans, políticos y la abogacía han comenzado a intervenir para corregir las deficiencias de la medicina de afirmación de género. En toda Europa y Estados Unidos, burócratas y jueces han reconocido lo absurdo de afirmar que las mujeres trans son mujeres y los hombres trans son hombres, y están limitando los daños que se están causando.
Aunque los médicos se han negado a aceptar la evidencia de que la afirmación de género tiene más probabilidades de perjudicar a las y los menores que de ayudarlos, los tribunales y la judicatura los están invalidando para insistir en que se protege a menores vulnerables volviendo a los principios médicos tradicionales.
Sin embargo, si bien las decisiones judiciales y la legislación pueden limitar los daños que se están causando, solo la profesión médica puede ponerle fin. No se puede confiar para la atención al paciente en una profesión que no tiene la integridad para evaluar y rechazar honestamente un paradigma de tratamiento basado en el delirio.


