El pasado 13 de septiembre, Mridul Wadhwa, transfemenino y transactivista, renunció a su puesto como director del Centro de Crisis por Violación de Edimburgo (ERCC), Escocia. Debieron echarle mucho antes, cuando llamó intolerantes a las supervivientes de violación por no aceptar la convivencia con hombres y las exhortó a “reeducarse” para superar su trauma.
Su marcha fue provocada por un informe interno que señala graves deficiencias en el ERCC, entre otras, que en el centro no se ha priorizado a las mujeres.
Wadhwa, que fue elegido para dirigir ese centro en mayo de 2021, ya había trabajado en otros centros de ayuda a supervivientes de violación a pesar de ser un hombre que presume de no tener siquiera un Certificado de Reconocimiento de Género. Wadhwa fue promovido, ilegalmente, a un puesto que, según la Ley de Igualdad de 2010, exige el requisito de ser una mujer.
El nombramiento de Wadhwa fue recibido con entusiasmo por la presidenta de la junta directiva de ERCC, que destacó su compromiso “en la defensa de las personas trans”. El entusiasmo sorprende menos cuando se sabe que el Centro de Crisis por Violación de Edimburgo se enorgullece de incluir a personas “de cualquier identidad de género y a personas no binarias”, o, en otras palabras: a varones que se autoidentifiquen como mujeres. En sus ofertas de trabajo, el centro ha resaltado que las solicitudes de “mujeres trans” (sic) son especialmente bienvenidas”.
El nombramiento de Wadhwa desató las críticas del movimiento de mujeres y de las feministas escocesas. El nuevo director del centro de Edimburgo ya se había señalado como transgenerista militante cuando abandonó el Partido Nacional Escocés como protesta por el respaldo de sus diputados a una ley que permitiría a las mujeres supervivientes de violación elegir el sexo de la persona que debía examinarlas. Wadhwa defendía que podía obligarse a esas mujeres a ser examinadas, tras una violación, por un varón autodeclarado mujer.
En 2021, en una charla con «The Guilty Feminist», Wadhwa acusó de “intolerantes” a las mujeres víctimas de violencia sexual por no querer convivir con varones en los centros de ayuda y advirtió que tendrían que «ser desafiadas por sus prejuicios» y «replantearse su trauma».
«… Si tienes creencias inaceptables que son de naturaleza discriminatoria, comenzaremos a trabajar contigo en tu camino hacia la recuperación del trauma. Pero también debes estar preparado para que cuestionemos tus prejuicios»,
(Mridhul Wadhwa, director ejecutivo del Centro de Crisis por Violación de Edimburgo)
Pocas semanas más tarde, en una reunión virtual en Sheffield titulada “Construyendo la inclusión interseccional en los servicios de crisis por violación”, el entonces director del Centro de Edimburgo reescribía la historia de los centros de crisis por violación que, según admitía, habían sido “limpiados” (de una historia vergonzante) para alojar a varones transfemeninos:
“ERCC [Edinburgh Rape Crisis Centre] ha sido un espacio trans inclusivo durante mucho tiempo … para eso tuvo que lavar y limpiar su historia de la percepción de que los centros de crisis por violación no incluyen a las personas trans”.
La intervención de Wadhwa en Sheffield fue un insulto cruel a las supervivientes de violación, a las que acusó de no se sabe qué privilegios.
“Ser realmente radicales en nuestra inclusión de los marginados no discrimina a quienes tienen un privilegio relativo en nuestra sociedad”.
En la misma reunión, Wadhwa admitió que muchas mujeres estaban dejando de acudir al centro de Edimburgo para no tener que convivir con hombres:
“Hay muchos grupos de sobrevivientes, algunas no están usando nuestros servicios porque nos ven como trans inclusivos y sienten que pueden estar expuestas a… eh… a un problema que no están preparadas para enfrentar”.
Las mujeres que evitaron usar el centro de Edimburgo no se sentían expuestas a un “problema”. Se sentían expuestas a convivir con hombres desconocidos tras sobrevivir a una violación. Wadhwa priorizó los deseos de validación de esos hombres frente a los sentimientos, los derechos y la seguridad de mujeres vulnerables.
Invitado de Irene Montero
En 2022 y con este historial a sus espaldas, el director del Centro de Crisis por Violación de Edimburgo fue invitado por la entonces ministra de Igualdad, Irene Montero, a una jornada técnica con motivo de la puesta en marcha de los centros de atención integral a víctimas de violación. Dicen quienes estuvieron en esa reunión que Wadhwa llevaba unos de los coloridos saris que usa habitualmente.
Su presencia en Madrid, invitado por Montero, solo puede interpretarse como un intento de falsificación de la labor que deben cumplir los centros de ayuda y apoyo a las supervivientes de violación.
Dos años después, un informe encargado por Rape Crisis Scotland (una ONG que trabaja con 17 centros locales) ha señalado que el Centro de Crisis por Violación de Edimburgo no ha puesto a las supervivientes en primer lugar no se ha adherido a los estándares nacionales del servicio de atención a esas mujeres ni se han protegido los espacios exclusivos para mujeres.
El informe habla del “daño que se ha causado a algunas supervivientes” y señala algo que debería ser obvio: Las necesidades de las mujeres deben ser escuchadas y respetadas cuando acudan a cualquier centro de crisis por violación.
En un artículo reciente, Jo Bartosch escribía: «Un hombre colonizó un centro levantado por feministas radicales y lo remodeló a su gusto para satisfacer sus intereses. El ego de Wadhwa y la estupidez de quienes lo permitieron dejaron a las sobrevivientes de la violencia sexual masculina sin ningún lugar al que recurrir»
Según Bartosch, bajo la dirección de Wadhwa, el Centro de Edimburgo “rechazó a mujeres sospechosas de ser críticas con la ideología de la identidad de género. Las mujeres desesperadas que se pusieron en contacto con el Centro para preguntar por servicios para personas de un solo sexo fueron clasificadas de intolerantes y sus comunicaciones se almacenaron en una carpeta llamada » correos electrónicos de odio “. Y concluía: el activista trans destruyó el Centro de Crisis por violación.
Mridul Wadhwa destruyó el centro de Edimburgo, pervirtiendo los fines para los que fue creado por feministas radicales escocesas. Disuadió de acudir a ese centro en busca de ayuda a las supervivientes de violación. Insultó gravemente a las que no aceptaron convivir con hombres. Maltrató a mujeres vulnerables priorizando los deseos de validación de algunos varones.


