Mi tóxica

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Desde que trabajo con adolescentes los estoy conociendo de nuevo. A mis 37 años hace mucho que pasé la adolescencia y, además, como dicen ellos, “eran otros tiempos” y razón no les falta. Una comienza a darse cuenta de la desconexión y el desconocimiento que tenemos de nuestros jóvenes y nuestras jóvenes cuando los comienza a conocer y ve el mundo en el que se mueven, los valores y los criterios que tienen e incluso el ocio que consumen. Creo que parte de ese desconocimiento ha sido el que ha alimentado el éxito de la serie “Adolescencia” en la que un chico aparentemente normal comete un crimen atroz y vamos descubriendo el tipo de personalidad y el mundo oculto a los adultos en el que se están criando nuestros hijos. No voy a hacer una crítica ahora de la serie, ya que numerosas expertas lo han hecho y todas ellas me han gustado mucho, así que os animo a leerlas, tanto si ya habéis visto la serie como si no.

A mí, que trabajo con adolescentes y que por mi profesión no trabajo precisamente con los que tienen mejores conductas, no me sorprendió en absoluto el que un chico de 14 años pueda llegar a asesinar a una chica, y no solo eso, sino a tener un pensamiento y una conducta tan peligrosamente machista y misógina. Veo cosas extremadamente dolorosas a diario y por desgracia muchísimas de ellas tienen que ver con agresiones y demás violencias hacia las mujeres. Pero lo que se ve es la punta del iceberg y debajo hay cosas que muchas de vosotras no os podéis imaginar.

Pero es que como digo siempre, la coeducación no se está trabajando en las aulas, lo poco que llega es un batiburrillo sobre educación sexual e identidad de género que ni entienden ni les aclara. Y a las pocas personas que les llega puede ser que les hagan más daño que bien, puesto que hablar de que puedes cambiar de sexo como el que cambia de traje a ciertas edades es cuanto menos peligroso. Además de que es totalmente contraproducente. Puede que, desde los despachos crean que están haciendo las cosas bien y que hoy en día los jóvenes tienen más información que nunca y que son más respetuosos con la diferencia y más libres de lo que nosotros éramos. Pero están provocando el efecto contrario, jóvenes (sobre todo ellos) cada vez más conservadores y reaccionarios, que confunden feminismo con identidad de género, que lo meten todo en el mismo saco y que además cada día odian más a la diferencia, pero ¿cómo no van a odiar la diferencia? ¿Si se les miente diciendo que el sexo se asigna al nacer y que toda la realidad que ellos y ellas viven es mentira? Si te sientes mal por ser  mujer y todo lo que se espera de ti, cambia de sexo, es así de fácil.

Se habla de porno bueno y porno malo, de consentimiento… pero no se habla de derechos, deseo o de igualdad, y eso se debería hacer desde bien pequeños. Nos damos prisa por introducir la dichosa educación sexual en etapas como infantil o primaria y no se nos ocurre hablar de coeducación, igualdad… y una cosa sin la otra no tiene sentido. Legitimamos el porno y sus prácticas violentas, poniendo en el centro de las relaciones sexuales el deseo masculino y a las mujeres como simples objetos pasivos.

Se habla de porno bueno y porno malo, de consentimiento… pero no se habla de derechos, deseo o de igualdad, y eso se debería hacer desde bien pequeños.

¿Y qué pasa luego? Pues que sí, que son totalmente capaces de distinguir una relación tóxica de la que no lo es, pero en su ideal, una relación en la que se demuestra amor es una relación tóxica, porque si tú dejas a tu pareja hacer lo que quiera no le estás demostrando que la quieres. Y esto es así hasta el punto en que un chico tienen grabada a su novia en el móvil como “mi tóxica”, o que han normalizado el control absoluto, vamos es que para ellos lo más lógico es que si tienes pareja dejes de interactuar con personas del otro sexo en redes sociales y no digo nada ya de salir por ahí con tus amigos. Han normalizado que el amor duele y que para ser queridas vale todo, el aislamiento, la soledad e incluso la violencia. He  escuchado a tantas chicas jóvenes quitarle importancia a las agresiones cometidas por sus parejas y no solo eso, sino que no lo ven incompatible con tener una relación sana. Que tu pareja te pegue o no te permita hacer determinadas cosas está demostrando cuánto le importas, y el hecho de que tu transijas también demuestra el amor que le tienes a él. Pero es que claro, si además de que no les hablamos de coeducación, la cultura y el ocio que consumen son altamente misóginos y machistas, estamos creando un cóctel muy peligroso para que estos chicos y chicas normalicen lo que ven en redes o lo que escuchan en sus canciones. Para ellos y ellas ser un “chico sygma” (los nuevos incels) es lo más deseable del mundo y una mujer debe estar hipersexualizada desde bien pequeña. Me hace mucha gracia cuando dicen “es que las chicas de ahora no veas como crecen de rápido”. No, perdona, las chicas de ahora crecen lo mismo de rápido que lo hacíamos nosotras, pero a nosotras con 6 o 10 años se nos permitía seguir siendo niñas, hoy en día a una niña de 6 ya le tiene que preocupar su aspecto, intentar cumplir con todos los mandatos de género e intentar ser sexi y femenina. Pero esto no pasa porque sí sino porque todos los impulsos que reciben son esos y porque las personas adultas también estamos normalizando este tipo de conductas, solo hay que darse un paseo en la sección de ropa infantil de cualquier tienda de ropa o escuchar un programa musical en la radio y veréis que os quiero decir.

Y otro tanto pasa con las Apps que utilizan. Es un mundo totalmente desconocido, al menos para mí, y creo que a más de una os dejaría ojipláticas ver por los canales que se mueven o lo normalizadas que tienen situaciones para mí altamente violentas o desagradables. En otra ocasión intentaré poner un poco de luz sobre este tema.

Y aunque parezca pesimista no lo soy, o al menos no me lo puedo permitir, porque ellos son el futuro y porque, debido a nuestras malas decisiones. Les estamos dejando que crezcan en una realidad muy hostil. Pero esto puede cambiar y hay una sola llave que nos ayudaría a conseguirlo, una llave trabajada y analizada sin descanso por muchas compañeras feministas: la coeducación. Tenemos la solución, o al menos parte de ella, ¿a qué estamos esperando para ponerla en práctica? ¿Vamos a seguir permitiendo que las nuevas generaciones crezcan así y conformen un mundo cada vez más distópico, sobre todo para nosotras?

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