El pasado 26 de marzo, el Comité Olímpico Internacional comunicó su decisión de implementar pruebas genéticas de sexo como requisito para participar en los Juegos dentro de las competiciones femeninas, que quedan limitadas, a partir de esa fecha, a las “mujeres biológicas”(sic).
La elegibilidad para la categoría femenina debe determinarse con un test genético mediante una toma de saliva o de sangre “para detectar la ausencia o presencia del gen SRY», detalla el comunicado del COI, que, basándose en la evidencia científica, añade: «la presencia del gen SRY es fija a lo largo de toda la vida y representa una evidencia altamente precisa de que un atleta ha experimentado desarrollo sexual masculino«.
La decisión del COI afectará tanto a los atletas varones que se autoidentifican como mujeres (trans) como a los atletas varones con Diferencias de Desarrollo Sexual, cromosomas masculinos y sensibilidad a la testosterona, que, por tanto, se benefician de una mejora del rendimiento deportivo.
El comunicado del COI es tan claro como rotundo. ¿Pero, cómo lo han contado los medios de comunicación españoles?
De forma sucinta: muchos han dado a entender embusteramente que el COI prohibirá la participación de personas trans en los Juegos, han dado voz solo a los partidarios de que los varones compitan contra mujeres, han intoxicado y mentido, han renunciado al periodismo para priorizar la ideología.
Todos los medios han reproducido la literalidad del comunicado del COI cuando se refiere a las “mujeres biológicas”.
¿Por qué el término redundante biológicas? El COI se quita de encima su propia historia vergonzante como cuando Thomas Bach, anterior presidente del comité olímpico, afirmó que el boxeador Imane Khelif es una mujer porque “es lo que pone en su pasaporte”. En tiempos en que los varones se convierten legalmente en mujeres por simple autodeclaración, el uso redundante de “biológicas” para referirse a las mujeres evita el interesado malentendido de incluir a los hombres que en el DNI constan como mujeres.
Una versión retorcida del término biológicas es la que ofreció el Huffington Post : «El Comité Olímpico Internacional anunció este jueves su nueva política de protección de la categoría femenina en el deporte olímpico, en virtud de la cual sólo las consideradas mujeres biológicas podrán competir en ella». Donde ese “consideradas” funciona como unas comillas, introduciendo a modo de una duda de que realmente haya mujeres que han nacido mujeres. El titular, “Un gen determinará qué mujeres pueden participar en categorías femeninas”, sugiere burdamente que algunas atletas quedan excluidas de sus propias categorías.
El País pisa más charcos. “Con la testosterona hemos topado. No huele a ciencia, apesta a estigma, protesta Caster Semenya”. Así titulaba el periódico una crónica cubierta de embustes. Pese a lo que afirmaba el periodista Carlos Arribas, el COI no “expulsa del deporte de competición a las transgénero y a las intersexuales”. Les dirige a la categoría que les corresponde por su sexo: la masculina.
Es también falso que el organismo de esos atletas produzca “demasiada testosterona para lo que es normal en el sexo femenino”. Producen la testosterona normal en el rango masculino, muy por encima del rango normal de las mujeres.
Que Caster Semenya haya admitido no tener útero pero sí testículos internos no desanima a los propagandistas.
Terraplanismo magufo es el único término que cabe aplicar a quienes, como El País, ponen en duda el papel de la testosterona en la configuración del cuerpo masculino. Ningún estudio niega que a la testosterona se deba la mayor envergadura, mayor altura, más masa muscular, mayor resistencia física, corazón y pulmones más grandes, mayor capacidad pulmonar…de los varones. Reducir la testosterona afecta entre cero y muy poco a estas ventajas biológicas.
Una dirección similar ha tomado RTVE para cubrir la decisión del COI. Según los titulares en los informativos y en las redes sociales de la corporación pública, el Comité Olímpico “prohibe a las deportistas trans participar en los Juegos”. De nuevo: es falso.
«La decisión supone que las atletas trans quedarán excluidas de las competiciones», insiste en el embuste el diario.es.
En Newtral, Noemí López Trujillo titulaba. «De Semenya a Khelif: todas las veces que el deporte de competición usó el “sexo biológico” para discriminar a mujeres». Comillas para sexo biológico no vaya a pensar algún lector desavisado que el sexo existe. En una pirueta retórica, la periodista parece afirmar que a las mujeres se las discrimina si son hombres.
El diario Público solventa la cuestión de la elegibilidad para las categorías deportivas femeninas usando un lenguaje sin consenso social, pero decididamente transactivista: el COI “establece que solo las mujeres cis (mujeres a las que se les asignó el sexo femenino al nacer y cuya identidad de género coincide con ese sexo) podrán competir en ellas”.
«La categoría femenina queda acotada a deportistas nacidas biológicamente como mujeres» apuntaba El Periódico. Al parecer, hay varias formas de nacer mujer. Y no todas son biológicas.
Es llamativo que algo con total consenso hace solo unos años -que las mujeres existimos- pueda generar hoy fórmulas retóricas tan enrevesadas.
La prensa deportiva no aportó mayor rigor al debate. Marca repite el embuste de la exclusión total en los JJOO: «El COI acaba de anunciar que cambia sus reglas para las categorías femeninas y solo permitirá que compitan en los Juegos Olímpicos «mujeres biológicas»».
Mundo Deportivo arriesgó más calificando de “anti trans” la política del COI y a la hora de recabar opiniones seleccionó solo las favorables a la participación de hombres en las categorías de las mujeres. Según el medio deportivo, la decisión del COI “ha sido recibida con fuertes críticas por parte de deportistas” pero, por si acaso, solo recogió las críticas de atletas trans o con DDS. Esa fue también la elección de Marca.
En la ceremonia de la desinformación no ha faltado la interesada confusión entre sexo y género.
«El género se determinará mediante una prueba genética única», señalaba La Vanguardia. Cuesta creer que un hisopo bucal, que en eso consiste la prueba para verificación del sexo, pueda determinar si una mujer es más o menos “femenina” o si su feminidad es poca, mucha o ninguna.
Medios de conocida trayectoria transactivista como El Salto también han entrado en la discusión. En este caso, manejando las consabidas falacias sobre cómo todo va en realidad de “vigilar los cuerpos de las mujeres” y de poner en la diana a los “cuerpos racializados”. Con la gran autoridad en el tema que le confiere ser “no binario”, Darko Decimavilla firma una pieza disparatada que tiene muy poco que ver con el deporte y mucho con la militancia de las identidades sentidas.
Y no podía faltar Trump, el socorrido comodín que marca con un estigma cualquier política por poco sospechosa de trumpista que sea. De nuevo, El Salto tira por la calle de en medio y, con la forzada mención al presidente de EEUU, crea el marco ideológico que le conviene.
De este rápido recorrido por los titulares solo puede concluirse que los medios españoles han sacrificado la verdad, el rigor y el periodismo para alinearse con posturas fuertemente ideologizadas que desprecian la ciencia y ningunean el esfuerzo, la dedicación, los méritos y la seguridad de las mujeres atletas.
Y así quedará ya para las hemerotecas.


