En honor de las constructoras de la democracia: Razones para votar el 23J

Sandra Moreno
Sandra Moreno
Jurista, doctora en Derecho Vicepresidenta de Feministas Radicales
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El 14 de julio* conmemoramos el natalicio de una de las mujeres que bien podríamos considerar una heroína universal, porque la titánica lucha que emprendió tuvo el efecto de cambiar la Historia del Reino Unido, y de allí  diseminarse a otros países europeos y al resto del mundo. Estamos hablando de Emmeline Goulden, la sufragista británica más emblemática de su época. Considerada por The Times, en 1999, una de las personas más influyentes de todo el siglo XX, al decir que: «ella moldeó una idea de mujeres para nuestra época; impulsó a la sociedad hacia una nueva estructura de la cual ya no podía haber vuelta atrás«.

Conocida por su nombre de casada, Emmeline Pankhurst, no sólo es una de las principales responsables de lograr el reconocimiento del derecho al sufragio de las mujeres británicas, sino que precisamente por esta gesta, puede decirse que es una de las principales responsables de la construcción de las democracias modernas, porque es esto lo que significa el reconocimiento al derecho al sufragio a favor de las mujeres: democracia.

Sólo a partir de la institucionalización del derecho al sufragio universal, es decir, del derecho a favor de hombres y mujeres, en igualdad de condiciones, a elegir y ser elegibles a través del voto, se puede hablar de una verdadera democracia. Lo cierto es que hasta que las mujeres no fuimos consideradas ciudadanas, lo que existía era el poder de los hombres, por los hombres y para los hombres, forma de gobierno que sólo podía denominarse androcracia, porque excluía a la otra mitad de la población. Por ello es de justicia reconocer que el feminismo, el movimiento por la emancipación social y política de las mujeres, es el corazón de la democracia.

El adquirir la ciudadanía de pleno derecho, es decir, de tener el reconocimiento legal de ser sujeto de derechos políticos, civiles y sociales, es lo que permite participar de las decisiones relativas a la organización y el funcionamiento del Estado y la sociedad, esto es, del derecho a tomar parte en el ejercicio del poder. El otorgamiento de la ciudadanía a las mujeres es lo que tipifica a una verdadera democracia. Y, según la Declaración de los DDHH de la ONU, también es un derecho humano, es decir, un derecho inalienable, universal, imprescriptible  e inherente a la dignidad humana (art. 21).

Ésta es la importancia que tuvo en su momento, y sigue teniendo, el derecho al sufragio universal, el poder participar del ejercicio del poder, directa o indirectamente, para ser parte de la toma de decisiones, a través de la elección de nuestros representantes a las Cámaras legislativas. Por esta razón, el derecho al sufragio es considerado el derecho político por antonomasia. Y por ello, las mujeres que lucharon para que podamos ejercerlo son nuestras heroínas, Pankhurst,   Mott,  Stanton, Campoamor y todas las sufragistas son las verdaderas constructoras de las democracias modernas.

Emmeline Pankhurst, al igual que muchas de las sufragistas contemporáneas en el Reino Unido y EE.UU, entendió perfectamente que la defensa por los derechos civiles, sociales y políticos de las mujeres que reivindicaba, suponía reclamar la participación del ejercicio del poder. La misma reivindicación que en pleno siglo XXI seguimos haciendo las feministas: participar activamente del poder político, esto es, que las mujeres podamos participar, en igualdad de condiciones que los hombres, del ejercicio del poder en las instituciones públicas, porque quien tiene el poder incide en las decisiones y las políticas públicas que habrán de afectarnos en las cuestiones relevantes, tales como economía, educación y cultura, empleo, impuestos, industrias, sanidad, igualdad y asuntos sociales, justicia, medioambiente y modelo de Estado, etc.

De ahí la célebre frase de Pankhurst: “estamos aquí no porque rompamos la ley, estamos aquí porque luchamos para hacer la ley”. Y tan en serio se tomó su cometido, convertido en una cuestión vital, que en uno de sus más celebres discursos se dirigió a sus camaradas de lucha diciendo: “Nosotras, mujeres sufragistas, tenemos la misión más grande que el mundo haya conocido: liberar a la mitad de la raza humana y, a través de esa libertad, salvar al resto”. Porque sin la libertad que supone el ejercicio de los derechos políticos no es posible tener la aptitud legal para gobernar la propia vida y participar del poder público, según a bien tenga cada persona, siempre con respeto de los derechos de las demás. Hablamos de personas adultas, porque los derechos políticos se adquieren al llegar a la mayoría de edad.

Recordamos a esta célebre sufragista británica en la crucial contienda electoral española que habrá de definirse el próximo 23 de julio, porque en estas elecciones las mujeres nos jugamos muchos de nuestros derechos. Paradójicamente, esta vez el nivel de los partidos políticos con opción de poder es excepcionalmente mediocre y son extremadamente pobres las posibilidades de que unos u otros respeten la Agenda Política de las Mujeres, la llamada Agenda Feminista, que es la que propende por mejorar las condiciones de vida de las mujeres y sus hijas e hijos. Si miramos los programas electorales de los cuatro partidos con mayores opciones de poder, parece que ninguno muestra interés genuino en cumplir el deber constitucional y legal y el compromiso internacional de respetar nuestra agenda política.

Como consta en la Carta al Congreso que hemos promovido desde diferentes organizaciones feministas, y os animamos a firmar, las mujeres sólo pedimos lo básico: la abolición de la prostitución, de la pornografía, de la explotación reproductiva y del género y sus identidades (derogación de la ley trans); la prevención y erradicación de todas las violencias machistas; la igualdad de trato y oportunidades en el ámbito público y privado; el cierre de la brecha laboral, la conciliación y, entre otros, la coeducación desde la primera infancia.

Todo parece indicar que esta vez tenemos que elegir entre lo malo conocido de la autoidentificada izquierda neoliberal que ha legislado en nuestra contra, borrando jurídicamente a las mujeres y debilitando significativamente nuestros derechos en las leyes que han expedido en esta catastrófica legislatura; y lo malo por conocer de una derecha que tradicionalmente niega nuestra opresión, y que actualmente está haciendo pactos de gobierno con el partido de una ultraderecha misógina, racista y reaccionaria.

Siendo el del voto un derecho personalísimo, intransferible, secreto y de la importancia cardinal de la que hemos hablado, sólo podemos decir que, en homenaje a las feministas que dedicaron su vida y esfuerzos para que nosotras pudiéramos votar, es fundamental que el 23 de julio salgamos a votar: bien por el partido que os resulte más afín o el que estiméis menos perjudicial. O bien, ejerciendo el voto protesta, ya sea en blanco, o voto nulo. La abstención no es una forma de protesta, sino de renuncia al derecho político, que no altera el resultado electoral y del que no queda constancia de su causa.

Siendo una ferviente defensora del derecho al sufragio, esta vez, no me siento representada por ningún partido político. Por ello, el 23-J votaré nulo,

El voto en blanco (sobre sin papeleta; o tratándose del Senado, con papeleta donde no se ha elegido a ningún candidato) se considerará válido; aunque no se imputará a ninguna lista, sí se sumará al total de votos, aumentando el porcentaje mínimo del 3%, y perjudicando a los partidos minoritarios. El voto nulo (papeleta sin sobre, o sobre o papeleta no oficiales, tachados, rotos, o con elementos añadidos) se considerará inválido, no se imputará a ninguna lista y no perjudicará a los partidos minoritarios, ni beneficiará a los mayoritarios.

Votad por lo que queráis, y cómo queráis; pero, por respeto a las constructoras de la democracia, votad, porque cuando depositáis vuestro voto en la urna es el único momento donde en verdad todas las personas somos iguales, ya que el voto de una vale lo mismo que el voto de las demás. Éste es el momento más emblemático en que se concreta el principio de igualdad constitucional.

No os dejéis chantajear por quienes reclaman vuestro voto para impedir el avance de la derecha. Ni os sintáis responsables por los resultados de las elecciones. Cualquiera que llegue al poder será porque ha logrado el voto de la mayoría y se ha ganado su confianza. Y en estos cuarenta y cinco años de democracia, las fuerzas políticas tendrían que saber que sin el voto de las feministas, ni hay democracia, ni se ganan las elecciones.              

Siendo una ferviente defensora del derecho al sufragio, esta vez, no me siento representada por ningún partido político. Por ello, el 23-J votaré nulo, como protesta por la traición a las mujeres y al feminismo, el corazón de la democracia.


* Aunque en muchas biografías figura que Emmeline Pankhurst nació el 15 de julio, en su biografía se dice que fue el día 14, el día en que se conmemora la Revolución Francesa de 1789. Según se cita en una de sus biografías, ella señaló que “siempre pensó que esa fecha había determinado su destino”, vid. Alba González Sanz, Emmeline Pankhurst. La mujer que cambió la lucha feminista y consiguió el voto femenino, RBA, Barcelona, 2019, p. 16.

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