Si todo es edadismo, nada es edadismo

María Luisa Latorre
María Luisa Latorrehttps://noaledadismo.com/
Feminista, profesora de inglés y antes profesional del marketing. Vive actualmente en Cádiz tras más de veinte años en Estados Unidos, cuatro en Reino Unido y tres en Japón.
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“En el entorno laboral, no hay ninguna edad perfecta para ser mujer” dice el título de este artículo traducido del inglés “Las mujeres en puestos de liderazgo se enfrentan a la discriminación por edad a todas las edades”, y añade, “Las mujeres más jóvenes a menudo se ven limitadas (intencionalmente o no) por la suposición de falta de experiencia. Se puede pensar que las mujeres de mediana edad son difíciles de manejar o que tienen demasiadas responsabilidades familiares. Las mujeres mayores a menudo se ven limitadas por la percepción de que ya no participan en la organización, son menos productivas o no pueden ser promovidas.” Esto es cierto. En el ambiente laboral, el cual hasta muy recientemente ha sido sistemáticamente hostil a las mujeres, no faltan razones para mandarlas de vuelta a la cocina, donde según el patriarcado, deberían estar. Cuando son jóvenes, se las rechaza por su falta de experiencia y se da por sentado que un posible embarazo va a ralentizar el ritmo de productividad, cosa que no se supone de un hombre. En posiciones de liderazgo, se asume que esa mujer joven de la oficina es la secretaria, no la jefa.

No quiero menospreciar la situación a la que tantas mujeres jóvenes se enfrentan en su día a día laboral, pero no estoy muy de acuerdo con la perspectiva que este, y otros artículos publicados recientemente han tomado con el tema de la discriminación por motivo de edad o edadismo, esta suposición de que todo tipo de discriminación que sufren las mujeres tiene que ver con la edad, cuando no es así. Si una joven profesional tiene que aguantar una impertinente pregunta sobre un potencial embarazo en una entrevista de trabajo, eso es sexismo, no edadismo. Si todo se considera edadismo, nada lo es, y por desgracia, esa no es la realidad en la que tantas mujeres maduras existimos. Hay un desprecio bastante más específico y brutal hacia la gente mayor, y en especial hacia las mujeres mayores y éste muy a menudo es desatado en un ambiente jerárquico y obsesionado con la producción como es el lugar de trabajo.

Estos artículos que intentan tratar el tema el edadismo igualando las consecuencias de éste en las distintas edades no hacen más que mezclar y confundir, y enfrentarnos entre nosotras, todo con el objetivo de diluir el entendimiento de lo que supone este tipo de discriminación. Aunque el edadismo nos afecta a todas las mujeres, no nos afecta de la misma manera, ya que algunas edades son más deseadas que otras. Ser joven no es lo mismo que ser mayor, las edades no se valoran igual por la sociedad. La juventud se aprecia y la edad madura no. De hecho, en la sociedad estadounidense y de países desarrollados, la apariencia de edad es motivo de una discriminación laboral y social que afecta negativamente y profundamente a las personas. Es también un estigma.

Una página de la website Significados define el estigma como una marca física, una señal en el cuerpo realizada en la antigua Grecia a esclavos que intentaban huir. En sociología, según esta website, el estigma es un “comportamiento, rasgo o condición que posee un individuo y genera su inclusión en un grupo social cuyos miembros son vistos como inferiores o inaceptables, Las razones del menosprecio o discriminación son de orígenes raciales, religiosos, etnias, entre otros.” Como categoría yo añadiría la edad, viendo entre otros factores, los billones de dólares que mueve la industria de la cosmética, y sus liftings faciales que aseguran el puesto de trabajo de más de una o uno en un mercado laboral cada vez más competitivo.

La edad no es un concepto neutro, ya que, insisto, unas edades son más valoradas que otras. Un simple paseo por una perfumería normal y corriente muestra numerosos potingues con la palabra juventud en la etiqueta (a veces en inglés, youth) porque ese es el ideal, el objetivo. Lo cierto es que, en Estados Unidos, muchos trabajadores y trabajadoras están inyectándose Botox y recurriendo a otros tratamientos no solamente para no parecer mayor, sino para no parecer de mediana edad y que no se les discrimine por ello. El edadismo parece acelerarse. En efecto, en algunas industrias, como la de la tecnología, es un pecado el no tener 30 años o parecerlo: no en vano el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg allá por 2007 a los 22 años de edad dijo que la gente joven es más inteligente. Pero este tipo de discriminación ocurre en muchos otros campos.

Este artículo de la website WorkLife (en inglés) nos cuenta que el cirujano neoyorkino Ryan Neinstein ha declarado que muchos trabajadores recurren a sus servicios para mejorar las posibilidades en las entrevistas de trabajo y según la organización estadounidense AARP, la cual ayuda a personas de más de 50 años, una encuesta demostró en 2020 que 78% de empleados más mayores habían visto un caso de, o sufrido discriminación por edad, mientras que en 2018 el porcentaje había sido de 61%. Parece que el edadismo ha empeorado tras la pandemia de Covid, aunque la situación económica en ese país se vaya recuperando. Este artículo de la website CBS News (en inglés) explica que en Estados Unidos cada vez hay más gente joven dispuesta a operarse para poder competir en un mercado laboral tan exigente, donde la apariencia de edad es un problema y motivo de edadismo. Es esta una tendencia que se está dando también aquí en España. Estos tipos de tratamientos quirúrgicos se venden como auto-cuidado pero en realidad son también la consecuencia de esta sociedad llena de pantallas en dispositivos móviles, de obsesión por los selfies y la imagen, una sociedad en la que la vejez se considera fea. Como he mencionado antes, el objetivo final siempre es la apariencia o fantasía de juventud. Por consiguiente, es indudable que la edad no es un concepto neutro, que algunas edades son mucho más apreciadas que otras, y que el desprecio por las personas maduras y mayores existe.

Este desprecio, en el ambiente laboral se manifiesta de una forma muy clara con la invisibilidad de la mujer de la mediana edad, desde la trabajadora con más de 20 años de experiencia a la que se ignora a la hora de promocionar, se la ningunea a la hora de colaborar, se aísla en los grupos de WhatsApp del equipo de trabajo, o a la que simplemente no se contrata. La invisibilidad es también la devaluación de los logros laborales, cuando el jefe insiste en que la empleada no tiene cierta experiencia que ella afirma y puede probar que tiene. Esto, como detallo en mi libro La mujer obsoleta, me pasó a mí, cuando en la ONG para la cual estaba trabajando en Bristol, mi entonces jefa afirmó que yo no tenía experiencia en marketing digital, cuando en realidad había estado haciendo marketing digital casi diez años, incluyendo varios meses en dicha ONG. La devaluación de tu carrera es otro tipo de invisibilidad, una forma de borrarte como profesional, de convertirte en prescindible y es también edadismo.

Dentro y fuera del ambiente laboral uno de los efectos del edadismo es el disociarse por completo de la identidad de mujer madura, esa identidad a la que nadie aspira y las jóvenes temen. Es por esto que se ve tan normal, cuando se habla de ciertos productos como perfumes o ropa, el rechazar ciertos modelos como “ropa o colonia de señora mayor” en lugar de llamar al objeto como un producto anticuado, simplemente. Las mujeres mayores no crean estos productos, los cuales a menudo tienen un diseño o concepto pasado de moda, y a menudo tampoco los utilizan. Es más, el diseñar y producir ropa y productos feos y horteras y vendérselos a las mujeres de una cierta edad es también edadismo y viene del asociar a ropa antigua, o sea, una de calidad inferior con ropa “de abuela o señora mayor”, a la mujer madura, como si las mujeres que pasamos de los cuarenta no tuviéramos derecho a ropa bonita o a colonia que huela bien. Es otra forma de disminuir el valor de la mujer por su edad. Comparando con esto, el canon de belleza que los medios nos meten por los ojos es el de una mujer joven, claramente equiparando la belleza con la juventud, y al mismo tiempo a la edad con la fealdad.

Como he estado explicando, el pavor al envejecimiento y a la discriminación por edad en el ambiente de trabajo está detrás de muchas operaciones de cirugía plástica. Creo que el mutilar el cuerpo es una práctica bastante drástica e individualista que además no hace nada por solucionar el edadismo, que es estructural por naturaleza, si acaso lo impulsa, ya que cada vez veremos menos rostros con arrugas y otros efectos del paso de los años, y se considerará que alguien que se niegue a operarse o rellenarse el rostro será culpable de su propia discriminación por negarse a “cuidarse”. Tengo que admitir que el futuro no es halagüeño, en esta sociedad de pantallas tan influida por el aspecto físico, en un sistema económico neoliberal que clasifica a las personas por su capacidad de explotación y auto explotación, y que considera a quienes no pueden rendir como prescindibles.

La alianza patriarcado-neoliberalismo machaca a todas las mujeres dentro y fuera del mercado laboral, pero no olvidemos que algunas edades son más deseables que otras.

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