Aguijón de cine queer a una infancia desprotegida.   

Jon Apalategi
Jon Apalategi
Médico. militante del Partido Feministas al Congreso(PFAC).
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Desde la Berlinale, nos llegó la noticia del premio a Sofía Otero, de ocho años por su papel en “20.000 especies de abejas” donde actúa, según dice la directora Estíbaliz Urresola, representando, a una niña trans. Ahora es presentada como candidata a los premios Goya del 2024.

La directora de la película, relató el origen del proyecto situándolo en el dramático suicidio de Ekai Lersundi, niño aceptado en el seno familiar y en el colegio, que sufría fuerte rechazo al desarrollo sexual femenino e impulsado por la asociación transmoderna Naizen, promocionada por el Gobierno Vasco, a actuar como protagonista divulgador “samurai” de la causa trans. El caso fue utilizado para difundir la autodeterminación de género de forma precoz, evitar consultas con profesionales de la salud y pasar directamente, por auto prescripción, al cambio registral y bloqueo hormonal, incluso mutilante, en base al riesgo suicida de estos niños-as.

Existe un claro bloqueo y censura en medios y debates parlamentarios a asociaciones médicas y sanitarias feministas (Colegios profesionales y Asociaciones de Psicología, Psiquiatría, Pediatría, Ética, Endocrinología, docentes (Dofemco) y de familias (Amanda), muy críticas con las leyes trans

La historia real que hay tras ésta película, se inició cuando en un contexto general de ataques a los programas de coeducación sexo-afectiva, de igualdad y de respeto a la homosexualidad por parte de la derecha política, partidos políticos y colectivos sociales se suman a las corrientes  norteamericanas transmodernistas y la propagan, impulsando, sin debate público alguno, y en base a falseados acuerdos internacionales de derechos humanos, las primeras leyes trans autonómicas, una cobertura pública de tratamientos afirmativos y generosas subvenciones a asociaciones de trans, atrayendo a las de homosexualidad.

Se crean asociaciones como Chrysallis y Naizen que enarbolan el trans-queerismo, atrayendo a familiares de interesados en el fenómeno con las falacias tales como confundir sexo con género borrando el sujeto específico de la mujer, nuevas identidades con-natales, la teoría de los errores en la asignación del sexo con cuerpo equivocado posterior y de niñas con pene. Posteriormente se imponen estrategias de cambio social (nombre, vestimenta, adjetivos), registral (en Euskadi hubo casos de cambio a los 8 años, previas a la Ley Trans estatal) y falsas opciones de cambio de sexo, fármaco-quirúrgicas.

Lo que sigue es común a otras comunidades escolares, aterriza Naizen, en el colegio de Sofía, en Basauri, probablemente de la mano de un profesorado, bienintencionado. Mediante charlas a profesorado, madres-padres y escolares, se alecciona para adoptar con naturalidad medidas de protección a quienes las “expertas en identidad de género” utilizando estereotipos sexistas, identifican a escolares como trans, e implantan cambios en uniforme, vestuarios, baños y trato de género. No importan los programas sexo-afectivos existentes, ni los criterios biológicos, pedagógicos ni psicológicos implantados en la educación de forma científica y contrastada.

Toda la Comunidad escolar debe asumir los cambios y es chantajeada con que, quien no lo acepte expone a un grave peligro a los niños-as trans. Madres y padres críticos con los estereotipos sexistas quedan relegados en un entorno cada vez más hostil. Charlas públicas por doquier y propaganda difusa en la calle lleva a que la transmodernidad se expanda a colectivos de ideología transgresora convirtiendo a todo el territorio, a la nueva ideología, falsamente progresista.

Es preciso proteger a la infancia llamada trans, desde luego. Ello nos debe llevar a debatir y contrastar las causas del fenómeno cultural trans, el aumento exponencial de niños-as que se autodefinen como tal, su relación con los deseos y posturas de sus progenitores, el abuso en redes como TikTok, Instagram y propaganda subvencionada trans-queer en colegios, bibliotecas, casas de cultura, actos festivos y medios audiovisuales que confunden a la infancia , difunden propaganda errónea y crean la moda de las identidades especiales y narcisistas.

Es gravísima la eliminación del papel activo de profesionales de la salud, la psicología y la pedagogía en la valoración y acompañamiento de la infancia que muestra cualquier tipo de malestar o petición de cambio. Existe un claro bloqueo y censura en medios y debates parlamentarios a asociaciones médicas y sanitarias feministas (Colegios profesionales y Asociaciones de Psicología, Psiquiatría, Pediatría, Ética, Endocrinología, docentes (Dofemco) y de familias (Amanda), muy críticas con las leyes trans.

Las escasas comparecencias parlamentarias logradas para mostrar nuestros argumentos críticos (por ejemplo, en comisión del Parlamento Vasco y recientemente en el de la Comunidad de Madrid) atestiguan la cerrazón, la falta de seriedad y de responsabilidad en el abordaje del tema por parte de todo el arco parlamentario. Tal estrategia está claramente establecida en las directrices  establecidas por el mayor despacho de abogados del mundo, la transhumanista Fundación Dentons (más información en https://contraelborradodelasmujeres.org/financiación) en las que indican rechazar debates públicos, asociar los objetivos trans a derechos humanos incuestionables y acelerar la implantación urgente de leyes trans.

Pasear a niños-as, como los nuevos Yerik, Ekhi, Kimetz, Zuhar, Nahiane, Alex, Ander, Sofía y a tantos otros en proceso de desarrollo psico-físico, en actos de proganda trans, como charlas, prensa, pregones festivos, actos en estadios de fútbol de 30.000 personas, documentales y películas promocionadas por el loby transhumanista, se plantea como una fragante manipulación, prohibida por las leyes de protección a la infancia. Es el caso de la película “20.000 especies de abejas”, donde se muestra una sobreexposición pública y una más que probable manipulación de la protagonista (contradictoria negación de “niña trans”de la directora, según entorno y redes).

Los niños, deben ser acompañados por sus adultos más cercanos con una actitud de sinceridad, respeto y protección a su proceso de socialización y conformación de personalidad. Y son ya demasiadas las pruebas de que el transgenerismo identitario no actúa así, arrastrando en el Estado Español a cerca de 20.000 personas (el Gobierno español, carece de un programa de seguimiento y evaluación con datos reales) a la confusión de su identidad sexual, inmutable por definición o a dañarse fármaco-quirúrgicamente de forma irreversible mediante el tratamiento afirmativo de bloqueo psicofísico puberal radical e irreversible y a la toma de hormonas contraindicadas en su ficha técnica. Una vez emprendido el camino trans, los problemos del proceso afirmativo saltan a la vida real pasando el sujeto a fases de crisis, a cuestionarse su situación y el proceso emprendido.

Una vez emprendido el camino trans, los problemos del proceso afirmativo saltan a la vida real pasando el sujeto a fases de crisis, a cuestionarse su situación y el proceso emprendido.

Pero hay que decir que algunas decisiones que no tienen marcha atrás. El desarrollo evolutivo muestra a los adolescentes sus contradicciones, al igual que a sus madres-padres si es que lo quieran ver y proteger. Porque la vida real no es un cuento de hadas ni una película de fantasía.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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