El edadismo que nos incomoda y del que evitamos hablar

María Luisa Latorre
María Luisa Latorrehttps://noaledadismo.com/
Feminista, profesora de inglés y antes profesional del marketing. Vive actualmente en Cádiz tras más de veinte años en Estados Unidos, cuatro en Reino Unido y tres en Japón.
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He escrito algunas veces aquí en Tribuna Feminista sobre mi hartazgo viendo en los medios como se trata el tema del edadismo y la mujer de mediana edad, tomando como referencia a las mujeres famosas. Como he explicado varias veces por aquí, la vida de las mujeres maduras pero ricas y privilegiadas no se pueden usar como ejemplo para el resto de nosotras. No estoy diciendo que ellas no puedan ser víctimas del edadismo, ya que ésta es una lacra social, normalizada y muy extendida, solo que a ellas les afecta mucho menos, ya que tienen muchos más recursos.

Se publican numerosos artículos haciéndose eco de las historias de estas mujeres, quienes centran sus dilemas en el atractivo sexual y menopausia, los estilismos en la alfombra roja o los cuidados de la piel y los medios parecen animarnos a sentirnos empoderadas como ellas. No me cabe ninguna duda de que estas publicaciones banalizan el problema, no se quiere ver la realidad, la cual es bastante más dura y nada sexy. Es un tema que incomoda y por eso se evita. La realidad para el resto de nosotras es lo que leí hace unos días en esta pieza de Naciones Unidas la cual sostiene que: “Las mujeres sufren niveles más altos de pobreza relativa que los hombres en todas las edades, pero la brecha estimada es mayor entre las personas de edad.” De hecho, este artículo del Periódico de España ofrece información alarmante sobre el riesgo de pobreza en España en general, aunque menciona que hay una mejora, comparado con los datos del año 2021 para todas las edades y ambos sexos, con la excepción de las mujeres mayores de 65 años. Señala el artículo que éstas son “las únicas entre las que ha aumentado el riesgo de pobreza (ha pasado del 19,6 % de 2021 al 20,6 % de 2022).” Por supuesto los medios banalizan también los problemas de las mujeres mas jóvenes, muchas de las cuales tienen problemas a la hora de acceder a trabajo digno e independizarse. Yo diría, sin embargo, en general la brecha entre mujeres ricas y las pobres se amplía al cumplirse los años, ya que la edad y el edadismo imperante imponen muchas más limitaciones y sus efectos son más destructivos.

Se publican numerosos artículos haciéndose eco de las historias de estas mujeres, quienes centran sus dilemas en el atractivo sexual y menopausia,

La pobreza significa mayor exclusión social, y una mermada calidad de vida siempre, y especialmente cuando una mujer ya no es joven. Las mujeres maduras no somos un grupo homogéneo, por supuesto, pero lo que todas tenemos en común es que las causas que pueden llevar a una mujer a este punto están relacionadas con las dificultades que acumulamos a lo largo de nuestra vida, simplemente por ser mujer. Desde menos acceso a estudios y por consiguiente el tener que ejercer trabajos precarios, cosa que en España ocurría hasta recientemente, hasta pocas ayudas a la hora de conciliar el trabajo con la familia, o la expectativa social de asumir el rol de cuidadoras.

Por ejemplo, se espera que las mujeres carguemos con el rol de ser cuidadoras, y que lo hagamos gratis, simplemente porque, según nos dicen, se nos da mejor y, además, los hombres tienen cosas más importantes que hacer. Según este articulo en El País, el 85% de los cuidados, profesionales o no los ejercen las mujeres, en gran parte por los estereotipos que se asumen en esta sociedad machista.

A medida que vamos cumpliendo años, al machismo le tenemos que añadir el edadismo. Otro factor de riesgo, aparte de los ya mencionados, para acabar en la pobreza está relacionado con el menor valor social de las personas una vez que cruzamos la barrera de los 40, y especialmente, las mujeres. Hay una devaluación cultural asociada a la madurez y a la vejez, se iguala a éstas con decrepitud, fealdad y enfermedad. A las personas mayores se les considera predecibles, una condición que se traslada a la oficina o la fábrica. En el ambiente de trabajo, la discriminación laboral, tanto si es el que te pasen por alto a la hora de recibir una promoción a pesar de tus 25 años de impecable experiencia laboral, o que te rechacen en el proceso de búsqueda de empleo pueden tener consecuencias catastróficas, las cuales conllevan salarios escasos, si es que existen y, por consiguiente, una pensión más baja años más tarde. El edadismo lo sufrimos todos y todas, independientemente de nuestro sexo, pero para las mujeres esta situación es especialmente grave, empezando porque ya vivimos en una sociedad machista que siempre nos ha valorado principalmente por nuestro físico.

Todos estos factores, los estereotipos que fuerzan a tantas mujeres a asumir identidades y labores de cuidadora, la discriminación laboral, el menor acceso a estudios universitarios, la conciliación familiar y laboral repercutirán en las bajas pensiones que tantas mujeres recibirán cuando ellas mismas sean ancianas, en menor acceso a recursos y las llevará a la pobreza y a la dependencia económica. Además, se sabe que las mujeres mayores tienen otras barreras, como un menor acceso a servicios de salud y también son víctimas de violencia machista.

¿Qué se puede hacer? Desde luego, prestar atención a lo que las famosas digan sobre su cutis y la menopausia, no. Tampoco sirven los consejos, a veces bienintencionados, pero tan a menudo equivocados, que se ven en los medios, animando a las mujeres a empoderarse a través de tratamientos cosméticos, como las famosas, quienes, en su mayor parte viven de su físico y tienen la vida solucionada o más recursos. Como explico en mi libro, La mujer obsoleta, “No hay nada remotamente empoderador en ser una mujer mayor en una sociedad que glorifica la juventud.”

Para muchas de nosotras, nuestro atractivo físico igual no es tan importante como el resto de las indignidades a las que nos tenemos que enfrentar a medida que envejecemos.

El edadismo y el machismo causan desigualdad social, y es esta desigualdad la que produce la pobreza. El edadismo y el machismo son lacras sociales que son estructurales y es por esto por lo que acciones individuales no funcionan. El desviar la atención hacia temáticas mas superficiales, cuando se habla de edadismo, solo contribuye a que diluir el problema, a invisibilizarlo y así no se solucionará nunca.

Hace falta un cambio social profundo e iniciativas gubernamentales y sociales para desmantelar el machismo y la discriminación por edad. Por ejemplo, mejores prestaciones y que se agilicen los trámites a través de la Ley de Dependencia, además de leyes que acaben con la discriminación por edad y que eliminen las barreras a la hora de acceder a trabajo digno para todas las mujeres, incluyendo las mujeres maduras, y mejores pensiones. Además, deberíamos construir una sociedad, basada en los cuidados, y que éstos los proporcionen las personas independientemente de su sexo. En otras palabras, que los hombres se involucren también. Y, por último, también es necesario que el feminismo incluya el edadismo en su agenda, que la interseccionalidad aparte de los conceptos de raza y sexo también incluyan la edad. Como explico en este texto, el envejecimiento está condicionado por el género, y las mujeres mayores o maduras seguimos siendo mujeres, y, por consiguiente, sujetos sociales y políticos del feminismo. Además, es una cruel paradoja que el edadismo se recrudece en una sociedad cada vez mas envejecida, lo que significa que en el futuro muchas mas mujeres van a verse afectadas por este tipo de discriminación, especialmente en lo laboral.

Para quien quiera saber más el tema de las mujeres mayores y el machismo, he aquí un estupendo informe de HelpAge (en castellano), titulado “Mujeres mayores: el impacto del machismo y el edadismo en su vida y sus derechos humanos”.

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