La bandera trans del ministerio de igualdad

Amparo Mañes
Amparo Mañes
Psicóloga por la Universitat de València. Feminista. Agenda del Feminismo: Abolición del género
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El Ministerio de Igualdad tiene en su balconada principal la bandera trans. Y en el piso siguiente, todos sus balcones con banderas LGTBI+. En cambio, no figura ninguna bandera feminista.

La simbología es importante, y sin duda con estos gestos se señala la importancia que se otorga a los derechos de las mujeres -ninguna- y la que, en cambio, es dispensada al colectivo LGTBI+; aunque, en honor a la verdad, con un acento muy pronunciado en el subgrupo de los trans, hace unos años casi residual pero que, gracias al fomento de industrias médico-farmacéuticas y al respaldo institucional y mediático, está en plena expansión.

En fin, la estrategia patriarcal del gobierno actual está clara: Dar cobertura al colectivo trans otorga un (falso) barniz de progresismo respecto de un grupo muy minoritario que, no solo no inquieta al sistema, sino que le sirve; al dar carta de naturaleza a los estereotipos de género como determinantes de lo que una persona es. Es decir, su creación más preciada, elevada a los altares (y esta referencia religiosa no es casual en el caso de esta ideología, ya que tiene mucho de secta. Véase, si no, el magnífico libro de Carola López Moya, titulado precisamente “La Secta”).

Podría pensarse que eso se debe a que el colectivo trans es “el más discriminado de la historia”, como se encargan de afirmar cada vez que tienen ocasión. Eso sí, sin proporcionar ni un solo dato de semejante aseveración.

Porque las 100 mujeres y niñas asesinadas dicen lo contrario.

Porque los cientos de miles de mujeres acosadas, abusadas y agredidas sexualmente, dicen lo contrario.

Porque los cientos de miles de mujeres objeto de trata, o prostituidas en directo y por medio de la pornografía, dicen lo contrario.

Porque los miles de mujeres objeto de explotación reproductiva por medio de la venta de óvulos o el alquiler de sus vientres, dicen lo contrario.

Porque los millones de mujeres maltratadas por sus parejas, dicen lo contrario.

Porque los millones de mujeres mal pagadas o no pagadas por la actividad que realizan y que están en la base de la feminización de la pobreza, dicen lo contrario.

Porque todas las estructuras de poder económico, político, jurídico, académico, social, cultural, etc. mayoritariamente dominadas por varones, dicen lo contrario.

Porque la hipersexualización -que para otros puede ser un fetiche- pero para la mayoría de las mujeres es un imperativo -siempre creciente, siempre inalcanzable, siempre humillante- dicen lo contrario.

Porque el control corporal, sexual y reproductivo ejercido sobre TODAS LAS MUJERES, en cualquier parte del mundo, dicen lo contrario.

De la realidad de las mujeres, de la violencia que se ejerce contra ellas, de su opresión, hay datos. Aunque, en su mayoría, no representan la auténtica realidad, que ya se sabe que es mucho mayor. Porque el patriarcado ha hecho muy bien su trabajo haciendo que las mujeres sean quienes se avergüencen de la violencia o el maltrato recibidos, y que por ello lo oculten. Y si se empeñan en denunciar, el sistema -con demasiada probabilidad- las tachará de mentirosas o manipuladoras y las revictimizará por ello. Porque -ya se sabe- la violencia masculina debe ser ejercida cuando las mujeres se rebelan, al tiempo que debe ser negada sistemáticamente. Todo atado y bien atado. Pero, a pesar de ello, los datos siguen demostrando la realidad de las mujeres, constituyendo una grieta peligrosa para el sistema patriarcal.

Por eso, otra buena razón para dar cobertura al activismo trans es que, entre otras cosas, permite diluir esos datos. Y así, ahora resulta que, de un tiempo a esta parte, hay más mujeres violentas, pederastas, agresoras sexuales… hasta que se descubre, si se puede, porque en el caso de las “realidades trans” es una constante la ocultación o inexistencia de datos, que en realidad ese inusual incremento se debe a que los delitos han sido cometidos por varones transidentificados.

en el caso de las “realidades trans” es una constante la ocultación o inexistencia de datos,

Además, en la medida en que todo sistema de poder activa siempre mecanismos de violencia más o menos explícita para perpetuarse, las mujeres -que siempre han estado en riesgo en los hogares y por eso han aprendido a temer a los hombres- lo primero que hicieron al acceder al espacio público fue reclamar espacios de privacidad e intimidad separados de los destinados a varones. Así, los baños y espacios segregados por sexo fueron exigidos por todos los grupos sociales de las mujeres, desde las obreras en las fábricas de la revolución industrial, hasta las que accedieron por primera vez a las aulas universitarias.

Ahora, el patriarcado recupera todos esos espacios sobre la base de una clamorosa mentira: que un hombre puede ser mujer, incluso llamándose “Paco” y manteniendo expresiones, roles, conductas y estereotipos masculinos. Porque él lo dice -palabra de varón- el Estado ampara y da cobertura legal a un sentimiento incomprobable. Borrando la seguridad e intimidad de las mujeres de un plumazo.

Y así todo: anulación del esfuerzo deportivo de las mujeres, haciéndolo infructuoso; la intrusión en espacios físicos como cárceles, hospitales, casas-refugio… y en espacios simbólicos, como las cuotas de poder y representación o los premios y reconocimientos, que están siendo colonizados por esos varones autoidentificados cuando apenas empezábamos a poder ocuparlos las mujeres.

Decía Juana Gallego en un artículo reciente que no existe el Ministerio de Igualdad. Tiene toda la razón. Cuando las políticas del Ministerio consisten en debilitar o anular derechos de las mujeres no puede llamarse “de Igualdad”. Porque, claro que hay que velar por que ningún colectivo minoritario sea discriminado; pero tanto más hay que hacerlo cuando uno de los dos grupos que integramos la humanidad -varones y mujeres- uno de ellos, el de los varones, oprime y discrimina al de las mujeres; que, además, es mayoritario.

Por el contrario, podemos observar, mediante la evolución del Ministerio y de las demás estructuras de igualdad en la Administración estatal y autonómica, como han abrazado la diversidad con la misma precipitación que entusiasmo, desplazando descaradamente a la igualdad (que, por lo visto, ya no es “moderna” ni “progre”) ocupando sus espacios y usufructuando sus recursos, suplantando las políticas de igualdad -que nunca provocaron cambios reales pero que, además, ahora son desplazadas.

Por eso tengo el convencimiento de, en realidad, ningún gobierno ha creído ni en la igualdad ni en la urgencia y necesidad de promover políticas para alcanzarla.

tengo el convencimiento de, en realidad, ningún gobierno ha creído ni en la igualdad ni en la urgencia y necesidad de promover políticas para alcanzarla.

Por eso, estructuras aparentemente al servicio de la igualdad, en realidad han servicio mucho más para controlar y frenar la igualdad efectiva de las mujeres. Especialmente desde que el feminismo pareció que ponía en peligro al Patriarcado.

Y ¿qué mejor freno que ningunear el sexo, razón por la que se nos oprime a las mujeres, y privilegiar el género, la creación patriarcal por excelencia?

¿Qué mejor defensa del Patriarcado que el hecho de que madres preocupadas inculquen los más retrógrados estereotipos femeninos a sus hijas por miedo a que, de lo contrario, se vean inmersas en procesos que las hormonen y mutilen de por vida?

¿Qué mejor estrategia que el Ministerio ignore qué es ser mujer, permitiendo que varones autodeclarados definan lo que es serlo, abriendo así el acceso a cuotas de representatividad de las mujeres, diluyendo las estadísticas por sexo, acogiendo un pseudolenguaje que nos borra a nosotras y nuestras funciones, opacando el esfuerzo deportivo femenino, permitiendo la ocupación de espacios de mujeres y abriendo así, de par en par, las puertas a nuevas violencias físicas y simbólicas hacia nosotras?

¿Qué mejor política que amordazar al feminismo y no impedir la violencia verbal y física contra las mujeres que exclusivamente se oponen a la ideología trans por los efectos adversos en los derechos de las mujeres que tiene darle cobertura legal?

¿Qué mejor ardid que acusar al feminismo de la exclusión imposible de personas que -no siendo sujeto político del feminismo- nunca han estado incluidas en nuestro movimiento? ¿Se imaginan que se acusara a los sindicatos de excluyentes por no incluir a los patronos en sus estructuras sindicales?

¿Se imaginan que se acusara a los sindicatos de excluyentes por no incluir a los patronos en sus estructuras sindicales?

Lo he dicho muchas veces y lo repetiré hasta la saciedad. Las mujeres debemos unirnos frente a todas las estructuras montadas al servicio de los varones; lo que incluye a los partidos políticos del actual arco parlamentario que antes o después aspiran a gobernarnos y que, entre sus objetivos no explicitados, cuentan con el de sustentar un sistema que jamás cambiará por sí mismo. Y por eso es imprescindible, ahora más que nunca, la oposición frontal de todas nosotras si no queremos perder muchos de los derechos que creíamos consolidados. No vale buscar la validación masculina, no vale acobardarse, no vale la pereza de no cuestionarse la socialización recibida. Nuestro futuro y el de nuestras hijas está en juego. No podemos -no debemos- dejarles peor bagaje que el que recibimos de las anteriores generaciones feministas.

Porque ahora, señoras, no sólo no tenemos un Ministerio que vele por nuestros derechos, sino que, por el contrario, el Ministerio “de igualdad”, en realidad debería denominarse “Ministerio de diversidad para consolidar la desigualdad”. Y es que la ideología trans es fomentada y tutelada por el sistema patriarcal porque le sirve bien y eso se refleja en las instituciones públicas de los Estados que la adoptan.

Y ese, y no otro, es el motivo de que la bandera trans ondee, gigantesca, en la fachada de ese Ministerio; y también -por cierto- de que el transactivismo se crea con el derecho a decidir a quién debe nombrarse para los cargos de responsabilidad en el organigrama ministerial.

De nuevo confundiendo deseos con derechos.

 

 

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Comentarios

  1. Es Delito de Lesa Humanidad el enriquecimiento en la gestión gubernativa de los “representantes”, el fraude sobre el Estado, el abuso sobre la niñez, la trata, el proxenetismo, el travestismo y sus consecuencias, como toda violencia de género.
    “Las fuertes resistencias contra lo femenino no serían de índole intelectual, sino que proceden de fuentes afectivas; la irresoluble perversión no sublimada y ambigüedad sexual del varón que posee la decisión final en éste esquema, donde lo masculino sigue siendo la ley”. Osvaldo Buscaya
    a) {El Ministerio de Igualdad tiene en su balconada principal la bandera trans. Y en el piso siguiente, todos sus balcones con banderas LGTBI+. En cambio, no figura ninguna bandera feminista.}

    Pues, la minuciosidad con que el transexual ecuménico perverso patriarcado, expone todo lo referente al pasado y presente de su civilización, ha de invitarnos a esclarecer su relación con el delirio del varón y a precisar su significado e importancia dentro del conjunto de sucesos que la historia de lo humano nos ofrece. Tal historia de lo humano obedece a motivos que el varón mismo desconocería en un principio y sólo más tarde lograría hallar, motivos que psicoanalíticamente calificamos de “inconscientes” al ubicar en “El Ministerio de Igualdad tiene en su balconada principal la bandera trans”.

    b) {En fin, la estrategia patriarcal del gobierno actual está clara: Dar cobertura al colectivo trans otorga un (falso) barniz de progresismo respecto de un grupo muy minoritario que, no solo no inquieta al sistema, sino que le sirve; al dar carta de naturaleza a los estereotipos de género como determinantes de lo que una persona es. Es decir, su creación más preciada, elevada a los altares (y esta referencia religiosa no es casual en el caso de esta ideología, ya que tiene mucho de secta. Véase, si no, el magnífico libro de Carola López Moya, titulado precisamente “La Secta”).}
    Pues, estas circunstancias constituyen un fiel reflejo de la realidad, pues ni siquiera es necesario hallarse presa de un delirio para obrar el varón en su irresoluble perversión y ambigüedad sexual al “Dar cobertura al colectivo trans que, otorga un (falso) barniz de progresismo respecto de un grupo muy minoritario que, no solo no inquieta al sistema, sino que le sirve; al dar carta de naturaleza a los estereotipos de género como determinantes de lo que una persona es.”. Constituye, en efecto, para el macho un hecho habitual y normal no engañarse sobre los motivos de los propios actos y no percatarse de los mismos sino a posteriori en aquellos casos en que un conflicto entre las corrientes de su hipócrita ética y moral facilita su “confusión” en el sometimiento de la mujer, el femicidio, el proxenetismo, la pedofilia, el abuso sexual, etc.
    c) {De la realidad de las mujeres, de la violencia que se ejerce contra ellas, de su opresión, hay datos. Aunque, en su mayoría, no representan la auténtica realidad, que ya se sabe que es mucho mayor. Porque el patriarcado ha hecho muy bien su trabajo haciendo que las mujeres sean quienes se avergüencen de la violencia o el maltrato recibidos, y que por ello lo oculten. Y si se empeñan en denunciar, el sistema -con demasiada probabilidad- las tachará de mentirosas o manipuladoras y las revictimizará por ello. Porque -ya se sabe- la violencia masculina debe ser ejercida cuando las mujeres se rebelan, al tiempo que debe ser negada sistemáticamente. Todo atado y bien atado. Pero, a pesar de ello, los datos siguen demostrando la realidad de las mujeres, constituyendo una grieta peligrosa para el sistema patriarcal.}

    Pues, el historial del transexual ecuménico perverso patriarcado no obedece desde el primate, sino a una tendencia “favorecedora” de su irresoluble perversión y ambigüedad sexual, que él lleva en todo su planteamiento “progresista” de “igualdad”, para continuar así satisfaciendo su dominio sobre lo femenino, “Porque el patriarcado ha hecho muy bien su trabajo haciendo que las mujeres sean quienes se avergüencen de la violencia o el maltrato recibidos, y que por ello lo oculten”.

    d) {Ahora, el patriarcado recupera todos esos espacios sobre la base de una clamorosa mentira: que un hombre puede ser mujer, incluso llamándose “Paco” y manteniendo expresiones, roles, conductas y estereotipos masculinos. Porque él lo dice -palabra de varón- el Estado ampara y da cobertura legal a un sentimiento incomprobable. Borrando la seguridad e intimidad de las mujeres de un plumazo.}
    Pues, en éste “historial” del predominio del macho se evidencia la facilidad con que su “cadena” de pensamientos se decide a aceptar su irresoluble perversión y ambigüedad sexual, cuando tal aceptación satisface a sentimientos saturados de su temor a la castración y el horror y el desprecio hacia lo femenino donde, “Ahora, el patriarcado recupera todos esos espacios sobre la base de una clamorosa mentira: que un hombre puede ser mujer, incluso llamándose “Paco” y manteniendo expresiones, roles, conductas y estereotipos masculinos”.
    e) {¿Qué mejor estrategia que el Ministerio ignore qué es ser mujer, permitiendo que varones autodeclarados definan lo que es serlo, abriendo así el acceso a cuotas de representatividad de las mujeres, diluyendo las estadísticas por sexo, acogiendo un pseudolenguaje que nos borra a nosotras y nuestras funciones, opacando el esfuerzo deportivo femenino, permitiendo la ocupación de espacios de mujeres y abriendo así, de par en par, las puertas a nuevas violencias físicas y simbólicas hacia nosotras?}
    Pues, no nos debería sorprender, aunque en general se lo encubra con preceptos y normativas del clásico enredo leguleyo del transexual ecuménico perverso patriarcado, la facilidad con la que quienes, se consideran de gran inteligencia, muestran bajo tales constelaciones psicológicas, reacciones propias de una suerte de incapacidad mental, admitiendo el carácter inferior de las mujeres y su condición de mero objeto – esclava sexual en Oriente y Occidente, “permitiendo la ocupación de espacios de mujeres y abriendo así, de par en par, las puertas a nuevas violencias físicas y simbólicas hacia nosotras”
    Un penoso conflicto que la mujer padecería sería; ¿Cómo admitir que el patriarcado es el padre, el hermano, el compañero, el dirigente, el ecuménico, etc., y que en esta regla no habría excepción?
    Señalo en mi Ciencia de lo femenino (Femeninologia) cuanto tenemos que aprender, sobre la estructura de la relación de la mujer con la verdad como causa, en la imposición del transexual ecuménico genocida perverso patriarcado incluso en las primeras decisiones de la simiesca horda primitiva.
    “Experimentamos así la impresión de que la civilización es algo impuesto a una mayoría contraria a ella por una minoría que supo apoderarse de los medios de poder y coerción.” (Freud)
    Vivir, es una burlesca simiesca parodia siniestra idiota.
    El mundo es idiota, me aburre en todos sus niveles; Sin excepción; ¡¡¡Siendo un error olvidarlo!!!
    El sentido y la verdad del feminismo, es la derrota del varón; perverso irresoluble y ambiguo sexual
    Un travesti no es una mujer
    Lo femenino es el único y absoluto camino
    Buenos Aires
    Argentina
    14 de enero de 2024
    Osvaldo V. Buscaya (1939)
    OBya
    Psicoanalítico (Freud)
    *Femeninologia
    *Ciencia de lo femenino

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