Nadie quiere ser Chenoa

Sara Muna
Sara Muna
Médica feminista y animalista. Persiguiendo desde el activismo una sociedad libre de opresiones.
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Llevamos meses esperando el reencuentro de las y los ¨triunfitos¨ para saber qué ha sido de sus vidas en estos 15 años y si alguien más allá de Bisbal o Bustamante ha podido dedicarse a ese sueño del que tanto hablaban, la música. ¿O no? Nada más lejos de la realidad cuando, llegado el momento, la expectación gira en torno al morbo de sus vidas privadas y no de lo profesional. Es algo inherente al fenómeno fan sentir interés sobre lo que se esconde tras el personaje pero es sorprendente que sólo esté en el punto de mira Chenoa y nadie más.

Olvidamos que este reality show potenciaba el lado positivo de la convivencia de un grupo de desconocidos: se centraba en el compañerismo, la superación, la evolución del control de sus voces y el progreso en sus actuaciones. No enfatizaba el conflicto dentro de la academia ni los líos amorosos que pudieran tener. Hace 15 años la mayoría de seguidoras y seguidores éramos adolescentes, no teníamos una gran cultura musical ni tenía por qué gustarnos el estilo que imperaba y, a pesar de ello, fuimos muchos y muchas las que lo seguimos. Quizá fue por el poco bagaje musical y por ser un producto atractivo para la juventud, el caso es que no trasnochábamos por sentir morbo por su intimidad, sino por sus actuaciones musicales.

Lo sorprendente es que la excusa clasista de que este programa sólo es para gente sin gusto e inculta ha servido para que, desde todos los ámbitos, se entre a este juego machista en torno a la figura de Chenoa.

Es evidente que lo que mucha gente vivimos hace tanto sin prejuicios se ha acabado desvirtuando desde fuera y con los años de tal forma que hoy día sólo interesa si Chenoa acabará llorando o haciendo ¨una de las suyas¨ cuando vuelva a ver a Bisbal. Lo sorprendente es que la excusa clasista de que este programa sólo es para gente sin gusto e inculta ha servido para que, desde todos los ámbitos, se entre a este juego machista en torno a la figura de Chenoa. No hay más que echar un ojo a los medios de comunicación estos días para entender que no ha suscitado el menor interés lo que ella haya hecho con su vida durante estos 15 años: si ha estado grabando discos, si sigue dedicándose a la música, saber cómo vivió ella la experiencia que le lanzó a la fama, etc. Nada importa. Sólo se valoran sus reacciones durante los programas y el concierto del Reencuentro en relación a su anterior pareja y no a ella misma.

¿Por qué importa sólo la reacción de ella y poco la de él? De Bisbal se valora su carrera profesional, se entiende que pudiera acabar su relación con ella y que rehiciera su vida con otras personas o solo. En cambio, con ella no se ha reaccionado igual. ¿Por qué? Al ser mujer se opina constantemente de ella en tono de burla y, como si el tiempo se hubiera parado, vuelven a circular sus imágenes tras la ruptura con su pareja de hace 15 años. De nuevo suscita interés que él le rompiera el corazón dejándola sola, triste, desaliñada… y soltera. La eterna soltera con muchos fracasos amorosos porque El Único la abandonó ya que una mujer con tanto carácter es tan difícil de llevar que nadie quiere estar a su lado. Sobre todo cuando se abren las puertas de la fama y aparecen mujeres mucho más normativas, guapas y dóciles. Siempre será la mujer que un día perdió la oportunidad con su media naranja y ya nunca podrá estar con otra persona.

La eterna soltera con muchos fracasos amorosos porque El Único la abandonó ya que una mujer con tanto carácter es tan difícil de llevar que nadie quiere estar a su lado. Sobre todo cuando se abren las puertas de la fama y aparecen mujeres mucho más normativas, guapas y dóciles

Tenemos un problema cuando socialmente establecemos el amor romántico como algo natural e inevitable especialmente para las mujeres, sobre todo si quieren ser felices. Ellos pueden seguir con su carrera, estar y dejar de estar con parejas pero en sus vidas son ellos quienes deciden. En cambio, nosotras no podemos realizarnos hasta que encontramos a esa única persona que dé sentido a nuestras vidas. Estos mantras que hemos ido escuchando de un sinfín de formas marcan la diferencia a la hora de aceptar que un hombre puede desarrollar su vida sin necesidad de tener a otra persona al lado pero nosotras no podemos. Y eso es lo que está ocurriendo con la opinión pública alrededor del personaje de Chenoa.

Del concierto del 31 sólo se recordará “la cobra de Bisbal”. No importa lo que sucediera, al final acabamos viendo lo que queríamos ver. Al hombre que, rozando el paternalismo, defiende a su antigua compañera del escarnio público pero que, al acabar, la presiona con un “di algo, chiquilla” para quedar mejor ante los focos. De ella no se recordará la natural emoción que mostró por volver a cantar con sus compañeros/as ni el nerviosismo en una actuación que se analizaba con lupa, sino el único segundo en todo el espectáculo en el que se acercó a su ex mientras él se echaba para un lado.

Al hombre que, rozando el paternalismo, defiende a su antigua compañera del escarnio público…

Éste es el escenario perfecto, en el que victimizamos y construimos la imagen de una mujer por su relación con un hombre sólo porque entendemos que forma parte del espectáculo de la telebasura hecha por y para ignorantes. Encontramos la excusa perfecta para juzgar hechos que si fueran de cualquier otro asunto mejor valorado lo llamaríamos con todas sus letras: machismo.

 

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