Profesionales sanitarios alertan: la transición social en la infancia no es una intervención neutral

Redacción Tribuna
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Una iniciativa nacida en Italia y suscrita por centenares de profesionales sanitarios y de la psicología reclama la revisión de una guía dirigida a pediatras que incorpora el denominado enfoque afirmativo ante el malestar relacionado con el sexo en niños y adolescentes. Bajo el título Primum non nocere: la scienza oltre lo sguardo —«Primero, no hacer daño: la ciencia más allá de la mirada»—, el documento advierte de la debilidad de las evidencias disponibles y exige mayor cautela frente a la transición social y los posteriores recorridos medicalizados de menores.

La declaración está dirigida a la Sociedad Italiana de Pediatría (SIP) y a la Asociación Cultural de Pediatras (ACP). No aparece presentada formalmente como una campaña de una organización determinada, sino como una iniciativa profesional promovida por cuatro médicos italianos: los pediatras Antonio Belluzzi y Giovanni Bonini; Ivana Bringheli, médica en formación especializada en Pediatría; y Giovanni Battista Ferrero, pediatra y genetista.

La acción responde a la guía Oltre lo sguardo. Guida pratica su varianza di genere, orientamenti sessuali e omogenitorialità per un ambulatorio pediatrico accogliente, elaborada por la SIP y la ACP como instrumento para orientar a pediatras, familias y educadores sobre identidad de género, orientación sexual y nuevas configuraciones familiares.

Los autores de la respuesta reconocen expresamente como legítimo el propósito de combatir el estigma y la discriminación. Su objeción se dirige a que esa finalidad pueda convertirse en la justificación de recomendaciones clínicas o psicológicas que, a su juicio, no están respaldadas por evidencias suficientemente sólidas, especialmente cuando afectan a niños y adolescentes.

El documento critica, en primer lugar, que la guía reúna bajo un mismo planteamiento cuestiones radicalmente distintas: orientación sexual, malestar relacionado con el sexo, intersexualidad, familias formadas por personas del mismo sexo y gestación subrogada. Los firmantes sostienen que cada una de estas materias exige un análisis específico de la literatura científica y respuestas diferenciadas desde el punto de vista médico, psicológico, social, ético y legislativo.

Uno de sus principales reproches es la utilización de conceptos como «sexo asignado al nacer» o la existencia de una supuesta «verdadera esencia» de la identidad. Frente a estas formulaciones, recuerdan que el sexo constituye una realidad biológica vinculada a factores cromosómicos, gonadales y hormonales que interviene durante todo el desarrollo humano. La autodefinición de un menor, añaden, no puede interpretarse automáticamente como la manifestación de una identidad innata, inmutable y definitivamente conocida.

La declaración pone especial atención en la transición social temprana: el cambio de nombre, pronombres, ropa y papel social, así como la denominada «carrera alias» en los centros educativos. Sus autores cuestionan que estas medidas puedan presentarse como simples actos de acogida carentes de consecuencias. Las consideran intervenciones psicológicas relevantes porque modifican de manera estable el entorno familiar, escolar y relacional del menor mientras su desarrollo personal continúa abierto.

Según la declaración, los posibles beneficios y riesgos de la transición social siguen insuficientemente estudiados. Los autores advierten, además, de que acompañar a un niño desde edades muy tempranas en una interpretación fija de su malestar podría influir en su trayectoria posterior, aunque reconocen que los estudios existentes no permiten establecer una relación causal concluyente. Por ello reclaman que cualquier medida de esta naturaleza sea evaluada caso por caso y no se convierta en una recomendación automática.

El escrito también alerta del riesgo de reducir toda la situación psicológica del menor a la identidad de género. Recuerda la frecuente concurrencia de autismo, déficit de atención e hiperactividad, depresión, ansiedad, trastornos alimentarios, experiencias traumáticas y otras dificultades psicológicas o familiares. Concentrar la atención exclusivamente en el género puede producir lo que en medicina se denomina diagnostic overshadowing: que una explicación dominante oscurezca otros diagnósticos primarios susceptibles de tratamiento.

Por esta razón, los profesionales reclaman una evaluación psicológica y neuroevolutiva completa, realizada por equipos multidisciplinares en los que participen pediatras, profesionales de la neuropsiquiatría infantil, la psicología y la psicoterapia. También defienden la psicoterapia exploratoria como intervención de primera línea, distinguiéndola expresamente de las terapias de conversión.

El objetivo de esta exploración no sería dirigir al menor hacia una identidad determinada, sino ayudarle a comprender el significado de su malestar dentro del conjunto de su personalidad, su desarrollo y sus relaciones. Este enfoque mantendría abierta la posibilidad de que el conflicto evolucione o se resuelva sin desembocar necesariamente en tratamientos médicos con efectos duraderos o irreversibles.

La declaración cuestiona igualmente que el incremento del riesgo de suicidio pueda atribuirse de manera directa y exclusiva a la falta de aceptación familiar o social. Considera que la conducta suicida es un fenómeno multifactorial y que deben estudiarse las patologías psicológicas previas, los trastornos del neurodesarrollo y otras situaciones de vulnerabilidad. Presentar la afirmación inmediata como una intervención necesaria para evitar el suicidio puede impedir, según los autores, una valoración clínica completa.

En apoyo de su posición, el documento invoca las revisiones sistemáticas sobre intervenciones psicosociales, bloqueadores de la pubertad y hormonas, así como las conclusiones de la revisión dirigida por la pediatra británica Hilary Cass. Señala que la base de pruebas sobre la seguridad y eficacia de estas intervenciones continúa siendo débil e incierta y recuerda que varios países europeos han reorientado sus políticas hacia evaluaciones más amplias y mayores restricciones a la intervención hormonal en menores.

Los promotores no solicitan que se abandone a los menores ni que se minimice su sufrimiento. Reclaman que la acogida empática se diferencie de la adhesión automática a una hipótesis identitaria. Proponen lo que denominan un contexto de «suspensión de la acción y reflexividad»: escuchar, informar, estudiar las causas del malestar y evitar decisiones precipitadas mientras no existan evidencias robustas sobre sus beneficios y riesgos.

La respuesta incluye también una crítica a la incorporación de la gestación subrogada en una guía pediátrica con un tratamiento que consideran superficial. Los autores recuerdan que se trata de una práctica prohibida y penalmente sancionada en Italia y sostienen que no puede abordarse omitiendo las implicaciones biológicas, psicológicas y éticas de la separación deliberada entre la mujer que gesta y la criatura recién nacida.

El valor de las firmas

La iniciativa reúne una extensa relación de profesionales del sector y una lista diferenciada de personas adheridas como simpatizantes. Entre quienes suscriben profesionalmente figuran pediatras, neonatólogos, especialistas en neuropsiquiatría infantil, psiquiatras, psicólogos, psicoterapeutas, endocrinólogos, genetistas, ginecólogos, médicos de familia, bioeticistas, pedagogos y profesionales de otras ramas sanitarias.

Dentro de las profesiones sanitarias y psicológicas existe una oposición numerosa, multidisciplinar y públicamente identificada a que el modelo afirmativo sea presentado como una respuesta clínica indiscutida. La relación de firmantes desmiente la idea de que cualquier cuestionamiento de estos tratamientos procede únicamente de posiciones religiosas, políticas o de una supuesta hostilidad hacia las personas trans.

La relación de firmantes desmiente la idea de que cualquier cuestionamiento de estos tratamientos procede únicamente de posiciones religiosas, políticas o de una supuesta hostilidad hacia las personas trans.

El hecho noticioso no es solo el número. Es que pediatras, psiquiatras, neuropsiquiatras infantiles, psicólogos, endocrinólogos y genetistas estén poniendo en cuestión un modelo que afecta directamente al desarrollo físico y psicológico de niños y adolescentes. Profesionales sometidos a obligaciones deontológicas advierten de que escuchar a un menor no obliga a confirmar inmediatamente una interpretación identitaria ni a iniciar una trayectoria social que pueda facilitar posteriores intervenciones médicas.

La iniciativa italiana reclama que la protección frente a la discriminación no se utilice para clausurar el debate científico. Su principio rector —primum non nocere— devuelve la discusión a una obligación elemental de la medicina: cuando la evidencia es incierta, las consecuencias pueden ser duraderas y el paciente todavía está madurando, la prudencia no es abandono. Es protección.

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