El 3 de Octubre está previsto que tenga lugar en Sevilla el II Congreso Estatal Abolicionista.
Va a ser una cita muy importante para el Movimiento Feminista español, en el que no hay discrepancia alguna respecto a la catalogación de la actividad prostitucional: violencia sexual.
Ni hay discrepancia respecto al engranaje cultural y socioeconómico que la generó y la alimenta: el supremacismo sexista impuesto por el modelo de ordenación social patriarcal.
Porque hasta donde nos ha llevado la ciencia arqueológica, antropológica, y la documentación histórica más antigua, podemos ver que en el modelo de socialización humano se acabó imponiendo un criterio supremacista vinculado al sexo, en el que los machos de la especie constituyen el grupo humano superior, y en función de sus requerimientos se organiza la funcionalidad del grupo humano subalterno, el de las hembras. Y tal y como certeramente analizó la Doctora en psicología y Licenciada en Historia Contemporánea, Victoria Sau, “un grupo elitista de hombres decidía por el resto de ellos y por todas las mujeres”.
Y con ello las estructuras de pensamiento supremacista vinculadas al sexo parasitaron todas las áreas de desarrollo tanto individual como comunitario, y todas las interrelaciones tanto en el espacio público como en el espacio privado. Y lo siguen haciendo.
El conocimiento sobre este moldeamiento cognitivo supremacista ha ocupado buena parte del ideario político Feminista, y destacadas referentes como la Doctora en Filosofía Amelia Valcárcel lo han expuesto en reiteradas ocasiones, este es un ejemplo más, en esta ocasión en la charla titulada “NUEVAS DESIGUALDADES. Ideas que nacieron viejas”:
__”Todas aquellas personas que habitamos las sociedades abiertas sí suscribimos la siguiente frase: “Varones y mujeres valen lo mismo.” Esto es, el hecho de nacer varón o mujer no debe entrar a formar parte del destino de nadie, porque les produzca a unos privilegios y a otras mermas. Si no que a efectos del mérito, ser varón o mujer debe ser indiferente. Tan simple como ésto.”
__”Bueno, pues este enunciado, por así decir de fundación, no es ni con nada un enunciado que haya sido bien admitido en el planeta tierra. Todas las sociedades han pensado lo contrario. Y quien mejor lo cuenta yo creo que es Platón cuando dice: “Yo agradezco a los dioses haber nacido griego, y no bárbaro, haber nacido varón y no mujer, y sobre todo agradezco haber nacido durante el siglo de Sócrates.”
__”Pero ésto no se quedó en el siglo que compartieron Sócrates y Platón, porque yo puedo contar que cuando estaba en el hospital recién nacida mi hija, y me preguntaban “y qué es”, y al contestar que era niña, la respuesta fue “no te preocupes, ya más adelante tendrás un niño”. Y lo decían con toda amabilidad, para reconfortarte.”
Este es un magnífico ejemplo con el que introducir la herramienta de análisis que otra de nuestras excelsas pensadoras y maestra de Amelia Valcárcel, Celia Amorós nos ha legado: el sistema sexo-género. Es decir, de cuántos resortes culturales y socioeconómicos se ha servido el modelo de ordenación patriarcal para jerarquizar de forma asimétrica a mujeres y a hombres apoyándose en la categoría biológica sexo.
Y ahí es donde entra, y siempre se ha mantenido, la actividad que muy acertadamente la secretaria de la RAIEPP y Doctora en Estudios Interdisciplinares de Género, Lydia Delicado Moratalla, define como sistema pornoprostitucional.
Porque la sexualidad humana, como no podía ser de otra manera, también ha quedado atrapada bajo la ordenación patriarcal, y en perfecta sincronía supremacista quedó establecido el derecho al placer sexual de los varones y la obligación social de satisfacerlo por parte de las mujeres.
Pero ésto requería unos cauces normativos que lo hicieran posible, minimizando a su vez enfrentamientos entre los iguales (el grupo humano de los varones) por el acceso sexual a las idénticas (el grupo humano de las mujeres), y así surgen como institución: la adquisición de una mujer como esposa (matrimonio); la adquisición de varias mujeres como esposas (poligamia); la adquisición de muchas mujeres, algunas como esposas y otras como concubinas (harén); y/o el alquiler de algunas mujeres como siervas sexuales bajo una amplia tarifa de precios, que aseguran el acceso a todo tipo de economías y de posición social (prostitución).
Pero estamos en el siglo XXI y en un periodo histórico que asumimos que ha alcanzado un saludable nivel civilizatorio, y, de ser efectivamente así, en estos modelos de sociedades abiertas donde “varones y mujeres valen lo mismo”, sería sencillo constatar que se habría producido la desarticulación del modelo de ordenación patriarcal con su reinado supremacista vinculado al sexo, y junto con él las instituciones al servicio del dominio sexual masculino. Pero, ¿tenemos esa constatación?.
Porque otro magnífico legado de la maestra Celia Amorós es la conceptualización del patriarcado como un sistema metaestable, es decir, con capacidad de automoldear su hegemonía supremacista vinculada al sexo y ligarla a cualquier forma de gobierno existente para asegurar su permanencia y reproducción.
Bien, pues veamos con datos si esa metaestabilidad patriarcal está activa o no, y su repercusión en el sistema sexo-género, empezando con el matrimonio y tomando como ejemplo a España, y nos vamos a encontrar con que nuestro Código Civil establece que el marido y la mujer son iguales en el matrimonio, compartiendo las responsabilidades domésticas, la toma de decisiones y el cuidado de la familia.
Y hasta aquí no parece haber ni rastro de supremacismo vinculado al sexo, ni patriarcado camuflado por metaestabilidad alguna. Todo parece indicar que estamos ante una firme apuesta democrática por la igualdad convivencial de mujeres y hombres, que anula plenamente la pervivencia del supremacismo masculino presente en la poligamia y el harén. Y que por supuesto debería extenderse a todas las áreas de relación, incluida la sexual, ¿pero ha sido así?.
Pues no, y la evidencia está en lo tardía y costosa que está siendo la introducción de la violación conyugal en el Código Penal. En el caso de España se introdujo en 1989, y no hemos sido ni de lejos el país democrático más remiso en introducir esta fórmula sancionadora, porque en USA hasta 1993 no quedó introducida en los 55 estados que la integran, Suecia la introdujo en 1965, Irlanda la introdujo en 1990, el Reino Unido y Holanda la introdujeron en 1991, Francia la introdujo en 1992, Italia la introdujo en 1996, Alemania en 1997, Turquía la introdujo en 2005, Japón la introdujo en 2023, Polonia la introdujo en 2024.
Corea del Sur ha optado por una fórmula intermedia: no se ha introducido formalmente como una reforma legislativa en el Código Penal, pero en 2013 el Tribunal Supremo de Corea del Sur sentenció definitivamente que los maridos pueden ser procesados legalmente por violar a sus esposas.
Pero lo más grave es que hay alrededor de 50 países en todo el mundo que no consideran la violación conyugal un delito. En estos lugares, la ley estipula implícita o explícitamente que el matrimonio implica un “consentimiento permanente” al acto sexual, es decir, el amparo legal en el s XXI para el derecho al placer sexual de los varones y la obligación de satisfacerlo por parte de las mujeres, lo que otorga impunidad legal a los esposos que cometen agresiones sexuales. Y algunos ejemplos son Rusia, Marruecos, China, India (con la salvedad de que sí está penada la violación si la esposa es menor de edad).
Y no ha acabado aún la pervivencia de la barbarie de la dominación sexual, porque hay una veintena que mantienen leyes conocidas como «casamiento con el violador», las cuales permiten a los agresores evitar la pena de cárcel si contraen matrimonio con su víctima, o aunque no exista una ley automática que exima a un violador del castigo por el simple hecho de casarse con su víctima, sí que lo ampara el sistema judicial que permite que el matrimonio actúe como un mecanismo de reparación o perdón bajo la ley islámica (sharia). Y algunos ejemplos son, por supuesto Afganistán, Irán, Filipinas, Thailandia, Kuwait, Yemen.
Este bofetón de realismo patriarcal encaja a la perfección con una conocida cita de la maestra Valcárcel, “La Igualdad no forma parte del acontecer espontáneo de las cosas”. No, mientras que permanezcamos dentro del cepo patriarcal que continúa alimentando la ancestral cultura de la dominación sexual masculina, cuyo principal apoyo adoctrinador es el sistema pornoprostitucional, que goza de una excelente salud patriarcal, y que es generador, tal y como señala la socióloga experta en violencia sexual y cofundadora de la RAIEPP, Esther Torrado, de la cultura misógina del deseo, que nunca habría sido posible sin un entramado de poder androcéntrico.
Así que la constatación que tenemos es que el proceso civilizatorio fue parasitado muy tempranamente por estructuras de pensamiento supremacistas vinculadas al sexo.
En España las mujeres republicanas de ideología Femininista eran muy conscientes de este sexismo estructural, y por eso entre sus exigencias democráticas incluyeron la legislación Abolicionista, y con la creación de los liberatorios de prostitución dejaron bien claro que la justicia social y la igualdad de derechos precisaban medidas politicas Abolicionistas que deslegitimaran la demanda putera, y erradicaran la aceptación social de la actividad prostitucional como opción laboral, porque tenían muy claro que “el putero no es buen compañero”, y los graves daños para la salud que implicaba su ejercicio, pero una criminal sublevación antidemocrática de corte fascista mantuvo a salvo el feudo putero.
Aunque en los países que sí consiguieron gobiernos democráticos la corriente Feminista mantuvo su análisis crítico sobre la cultura de la dominación sexual masculina, sobre todo en USA, donde las feministas estadounidenses tenían como material de análisis propio los poco rigurosos informes Kinsey sobre sexualidad humana tanto masculina (1948) como femenina (1953), y la creación acelerada del emporio pornoprostitucional que Hugh “Escoria” Heffner estaba construyendo con la explotación sexual de las mujeres bajo la marca Playboy (el primer nº se publicó en 1953), y el adoctrinamiento en la cultura del dominio sexual masculino que lo acompañaba y que muy explícitamente se mostraba en su portada junto al cuerpo desnudo de una chica: “Entretenimiento para hombres.”
Comprobaron la monetización de la cultura misógina del deseo sexual en vivo y en directo, y ante ello las Feministas radicales elaboraron un riguroso y potente argumentario crítico, encabezado por Kate Millet y su “Política sexual” (1970), Andrea Dworkin y “Pornografía: Hombres poseyendo a mujeres” (1981), y Catherine A. MacKinnon y “Feminism Unmodified: Discourses on Life and Law” (Feminismo inmodificado: discursos sobre la vida y el derecho, 1987), que no suele citarse y creo muy pertinente que se conozca y mencione más:
__”El feminismo real debe criticar la raíz de la dominación masculina sin intentar adaptarse a las estructuras de poder existentes.”
__”Hay que denunciar que el derecho tradicional obligue a las mujeres a elegir entre dos lógicas fallidas:
a)Ser iguales a los hombres: Lo cual asume al varón como el estándar universal y neutral a alcanzar.
b)Reclamar sus diferencias: Lo cual suele terminar justificando la exclusión o la subordinación biológica.
La propuesta es sustituir esto por el enfoque de la dominación (dominance approach): la cuestión central no es la diferencia biológica, sino el uso del sexo como una herramienta de jerarquía política y distribución desigual del poder.”
Pero la potente capacidad metaestable del patriarcado nuevamente activó sus resortes, y en esta ocasión la apisonadora patriarcal además de contar con la colaboración de la academia (bajo un férreo poder androcéntrico) reclutó a las posiciones políticas progresistas (carcomidas patriarcalmente), para hacer apología sobre el respeto por la “libertad sexual de las mujeres y sus opciones laborales dentro de la industria del sexo”.
Este artículo surge de la necesidad del trabajo previo de análisis y debate interno que, como activista Abolicionista, creo que es necesario acometer ante la celebración del importante II Congreso Estatal Abolicionista de Sevilla, y tiene 2 partes porque en la primera, que llega hasta aquí, mi intención era trazar la articulación de la propuesta Abolicionista dentro de la base ideológica Feminista.
En la segunda parte, mi intención ha sido poner ejemplos sobre el deshonesto manejo político respecto a la publicitada garantía de igualdad de derechos de la ciudadanía, que bajo la formulación de gobiernos democráticos, tanto posiciones políticas conservadoras como progresistas, han mantenido, ya que de forma sucesiva han practicado un nefasto negacionismo patriarcal diferenciando entre prostitución y trata.
Y las consecuencias, como veremos expuestas en el Congreso, están siendo muy graves. Pero eso queda para la segunda parte.


